lunes, 12 de abril de 2021

Gamificación: algunas claves para aprender jugando

 La gamificación consiste en traer al aula la dinámica de los juegos. Entre sus ingredientes está la construcción de una narrativa atractiva, la libertad para equivocarse y la combinación de cooperación y competencia entre los participantes. Algunos recursos para implementarla.

Es una de las palabras que más aparecen en la conversación actual sobre innovación pedagógica.

 


Sin embargo, su significado no siempre está del todo claro. La gamificación es es una metodología que traslada la mecánica de los juegos al ámbito educativo, para mejorar los aprendizajes.

 

Varios autores distinguen la gamificación del aprendizaje basado en juegos. Mientras el concepto de gamificación se refiere al uso de los principios y elementos de los juegos para motivar el aprendizaje (no propiamente del uso de juegos en sí mismos), el aprendizaje basado en juegos, en cambio, utiliza juegos o videojuegos como medio para el aprendizaje.

 

Según la definición que propone el Observatorio de Innovación Educativa del TEC de Monterrey, hay algunos elementos fundamentales del juego que pueden ser útiles para pensar estrategias de gamificación. Por ejemplo, el uso de metas y objetivos genera motivación al presentar al jugador un reto o una situación problemática por resolver.

 

Narrativa, libertad, competencia… y cooperación

El diseño de reglas permite limitar las acciones de los jugadores y mantener el juego manejable. Mientras que la construcción de una narrativa sitúa a los participantes en un contexto realista en el que las acciones y tareas pueden ser practicadas. Pueden identificarse con un personaje, una situación o una causa.

 

Otro elemento clave del juego es la libertad de elegir, así como la libertad para equivocarse: el juego “anima a los jugadores a experimentar riesgos sin causar daño; propicia la confianza y participación del estudiante”. Las recompensas y la retroalimentación también forman parte de la fórmula: su finalidad es motivar al jugador-estudiante y orientarlo para que sepa si está actuando de forma correcta o si se acerca al objetivo.

 

Algo importante: una buena estrategia de gamificación puede incorporar dosis equilibradas de cooperación y competencia. No se trata solo de ganarle al otro, sino que también puede plantearse como una oportunidad para que los jugadores trabajen con sus pares para lograr un objetivo común.

 

Algunos ingredientes que también suelen estar presentes en las estrategias de gamificación: incorporar restricciones de tiempo, hacer visible el estatus de cada estudiante-jugador, evidenciar el progreso de cada uno y, cada tanto, incluir algún elemento sorpresa que contribuya a que todos se mantengan motivados. Minecraft Edu es una plataforma educativa basada en el popular videojuego.

 

5 recursos para explorar

1.      Educaplay es una plataforma educativa global, con presencia en más de 30 países, que permite crear y compartir actividades multimedia educativas. Ya cuenta con más de un millón de usuarios y casi un millón de juegos disponibles.

2.      Genially es un software online que permite crear presentaciones animadas e interactivas.​ Incluye algunos recursos específicos para crear juegos e introducir elementos de gamificación en las presentaciones. Tiene más de 7 millones de usuarios.

3.      Cerebriti es una plataforma para crear y compartir juegos educativos de manera gratuita. Tanto docentes como alumnos pueden crear sus propios juegos educativos y compartirlos con la comunidad. Se presenta como “el mayor catálogo de juegos educativos en español”.

4.      @MyClassGame es una herramienta web que, como si fuera un “diario del profesor” y por medio de estrategias de gamificación, busca motivar a los estudiantes para que se conviertan en protagonistas de su propio aprendizaje.

5.      Minecraft Edu es una plataforma colaborativa basada en el conocido videojuego Minecraft. Está orientada a los profesores y estudiantes, con el objetivo de promover la creatividad, colaboración y resolución de problemas en un entorno divertido.

 

 

 

Fuente

https://agendaeducativa.org/gamificacion-algunas-claves-para-aprender-jugando/

martes, 6 de abril de 2021

Nuevos formatos para la nueva presencialidad

 Desarrollo de capacidades, trabajo colaborativo, espacios y tiempos flexibles, foco en los logros de aprendizaje son algunas claves que orientan la construcción de una nueva presencialidad en la escuela, propone Ariel Rotondo.

 


Mientras muchos aspectos de la sociedad necesitarán actualizarse a la nueva normalidad impuesta por la pandemia del COVID-19, la escuela, indefectiblemente, deberá ser, además de actualizada, transformada.

 

Esta transformación implica centrarse en dos aspectos fundamentales. Por un lado, de la nueva presencialidad producto de las limitaciones en los agrupamientos, deviene una nueva regularidad, una nueva forma de pensar la “presencia” de los estudiantes en las escuelas. Por otro lado, la idea de construir nuevos formatos para el aprendizaje, currículos ya no pensados a partir de la distribución de contenidos, sino del desarrollo de capacidades, de habilidades que permitan la apropiación de nuevos aprendizajes.

 

Una nueva estructura organizacional que permita y facilite instancias de formación presencial, de trabajo colaborativo y de trabajo autónomo, encuentros de articulación y socialización; espacios para el desarrollo personal (donde los estudiantes puedan construir su proyecto de vida y su vocación); espacios donde se puedan poner en común los aprendizajes alcanzados.

La escuela deberá comenzar a imaginarse como un nuevo espacio de trabajo colaborativo, de aprendizaje con el otro. Ya no podremos seguir pensando en un aula con 15, 20 o más estudiantes, sino en un edificio acondicionado para el trabajo en pequeños grupos, con la posibilidad de acceso a herramientas tecnológicas, de información y de comunicación y con espacios y tiempos flexibles.

 

Ya no podremos seguir pensando en un aula con 15, 20 o más estudiantes, sino en un edificio acondicionado para el trabajo en pequeños grupos, con la posibilidad de acceso a herramientas tecnológicas

 

Debemos construir una nueva regularidad no relacionada estrechamente con la presencialidad y la asistencia, sino con el logro de objetivos y el desarrollo de las capacidades y habilidades de las que hablamos anteriormente.

 

El currículo y los formatos escolares deberán pensarse en consecuencia.

Estructuras curriculares pensadas a partir de amplios “Escenarios para el aprendizaje basados en logros”, diseñados y articulados de tal manera que permitan un abordaje multidisciplinar inclusivo, flexible y colaborativo, que promuevan la autonomía y la relación con el otro, y que faciliten la autoevaluación y la evaluación entre pares, en medio de un nuevo formato para la validación de los aprendizajes.

 

Esta nueva escuela obligará a restablecer la relación entre el proceso de aprendizaje y la certificación del mismo al final de cada etapa de escolarización, dando efectivo lugar a las capacidades que hoy demanda la construcción de una sociedad más justa en medio de los desafíos que enfrentamos, cada vez más complejos y cada vez con mayor frecuencia.

 

 

 

 

Fuente

https://agendaeducativa.org/nuevos-formatos-para-la-nueva-presencialidad/

 

martes, 30 de marzo de 2021

Néstor Romero: «Los niños resuelven antes y mejor los conflictos que los adultos»

 Néstor Romero dio vida a Carlos en la película Uno para todos, de la que hablamos hace unos meses. Un niño con una enfermedad grave que se ve aislado en su clase, al haber sido un mal compañero. Hablamos con Romero sobre temas como el acoso escolar, el trabajo en equipo y la resolución de conflictos en las aulas. También de su trabajo en la película.

 


Néstor Romero tiene 14 años y estudia 3º de la ESO en el Instituto Ángel Sanz Briz en el barrio de Casetas, Zaragoza. Disfruta con la clase de biología y la de valores éticos. En su tiempo libre le gusta estar con sus amigos, jugar a videojuegos, escuchar música e ir en bicicleta por la montaña.

También le gusta hacer deporte. De hecho, de los 6 a los 11 años compitió en gimnasia con la Federación aragonesa, incluso llegó a ganar el campeonato de España en su categoría. Pero los duros ejercicios y los entrenamientos casi cada día de la semana durante tres horas le llevaron a retirarse. Ahora su pasión se centra en la interpretación.

 

Su primer papel ha sido el de Carlos en Uno para todos, una película que nos habla de bullying, de la importancia de la empatía y del respeto entre compañeros. Pero también, de como un buen maestro deja huella en sus alumnos, y de cómo a veces también, son los alumnos los que marcan a un profesor.

 

La mayoría de niños y niñas que protagonizan la clase de 6º de la película Uno para todos, nunca habíais hecho nada de teatro o cine antes. ¿Cómo te decidiste a participar en el casting?

En mi caso, no había participado en clases de teatro o de cine antes de la película. Me enteré del casting gracias a mi tía, que lo vio publicado en el colegio. Envié un correo con los requisitos que pedían, y en seguida me llamaron para realizar el casting. Tras varias pruebas, al final me escogieron para realizar el papel de Carlos.

 

Te escogieron para representar a un niño con un cáncer de linfoma que en su pasado maltrataba a sus compañeros. Tuviste que raparte el pelo, incluso las cejas… un cambio físico importante. Pero ¿cómo te preparaste para interpretar este papel? Y ¿cómo te ayudaron?

Al principio me costó meterme en el papel, puesto que es una situación difícil. Gracias a la ayuda de mi couch en el rodaje Yasmina y de mis compañeros lo logré. El hecho de raparse el pelo y las cejas me ayudó a meterme más en el papel, aunque fue un momento duro, me acostumbré.

 

A lo largo de la película se ve cómo la relación entre el grupo de la clase tiene una bonita evolución. Los alumnos aprenden a respetarse, a resolver conflictos y entienden que juntos suman mucho más. ¿Cómo fue la convivencia durante el rodaje? ¿Este sentimiento de equipo lo vivisteis también fuera de escena?

La convivencia con mis compañeros fue excelente, poco a poco fuimos formando una piña. Tanto dentro como fuera de escena teníamos una gran complicidad. Esta relación seguimos manteniéndola hoy en día, algo que me alegra.

 

¿Piensas que en el cole, en casa y en la calle se nos habla y educa lo suficiente sobre el bullying o el maltrato en general para prevenirlo? ¿Has vivido algún caso cerca? ¿Esta película podría ayudar a trabajar el tema en el aula o es más para adultos?

Considero que la educación sobre el bullying no es suficiente. Hay muchísimas personas que sufren bullying y esto debería erradicarse. Nunca me ha tocado, por suerte, vivir un caso de bullying cerca, pero sé que está a la orden del día. Tanto en los colegios como en las casas se debería educar a los niños para que esto no pase. Esta película podría ayudar tanto a adultos como a niños, una película que trata sobre el perdón pero sobre todo enseña el daño que podemos causar al hacer bullying.

 

En general nos cuesta ser empáticos, ponernos en el lugar de los demás. ¿Dirías que eres un poco más empático después de interpretar a Carlos?

Siempre he sido una persona empática, pero gracias a la película me he dado cuenta que quizás había momentos en los que no lo era suficiente.

 

En la peli vemos cómo a los alumnos les cuesta abrirse y pedir ayuda pero también le cuesta a su maestro Aleix (David Verdaguer). ¿Por qué crees que nos es tan difícil pedir ayuda a los que tenemos más cerca, incluso a nuestros amigos y/o familia?

A veces no pides ayuda por el simple hecho de no preocupar a los que te rodean. Intentas resolver tus conflictos solo, pero es verdad que a veces necesitas ayuda de los demás sin darte cuenta. Pedir ayuda a las personas que te quieren es la mejor opción aunque creas que no.

 

Y ya si hablamos de resolución de conflictos que es todo un mundo en política, convivencia social o deporte. ¿Quién dirías que resuelven mejor los conflictos los niños o los adultos? ¿Por qué?

En mi opinión diría que lo resuelven antes y mejor los niños que los adultos. Porque los adultos llevan todo al rencor. Los niños tienen esa ignorancia y rápidamente se olvidan de los problemas.

 

Al final Uno para todos nos habla de emociones y sentimientos, de la importancia de comunicarnos unos con otros y de respetarnos. ¿Tú qué tal llevas esta parte de expresar tus emociones? En una escena lloras, pero por lo que has comentado en alguna otra entrevista esto de llorar no va mucho contigo.

Suelo expresar las emociones con la mirada. Es verdad que algunos sentimientos me cuesta expresarlos más que otros, como por ejemplo llorar. Solo lloro en situación extremas pero gracias al trabajo que realicé pude hacer las escenas.

 

Uno de los valores que también enseña la peli es el trabajo en equipo. Justo esta es la clave que hace que el grupo clase vuelva a sentirse unido. ¿En tu día a día y en el instituto te gusta hacer trabajos en grupo o prefieres ir más por libre?

En el caso del instituto, me gusta más hacer los trabajos de manera individual, ya que hacerlos por grupos cuesta más a la hora de organizarse. Pero fuera del instituto siempre te sientes más acompañado haciendo las cosas en grupo.

 

En la película vemos cómo a menudo un profesor/a nos marca. Más allá de aprender conceptos clave de un currículum, el maestro – profesor acaba siendo un guía, un modelo, una influencia. ¿Tienes algún buen recuerdo de algún profesor que hayas tenido? Y ahora ¿quiénes son tus ídolos, influencia o ejemplos a seguir?

Tengo recuerdos de algunos profesores, que aparte de ser buenos maestros también eran buenas personas que se involucraron mucho en su trabajo. Tengo muchos ídolos, hoy en día tengo de ejemplo algunos actores como David Verdaguer, algún día me gustaría llegar a su nivel.

 

Pero también hay alumnos y situaciones de las que un profesor aprende mucho. ¿Cuéntame alguna situación vivida con algún maestro o profesor que creas que le haya hecho aprender más a él que a ti?

Sinceramente nunca he vivido una situación en la que el profesor haya aprendido de mi, o eso creo. Pero un gran ejemplo es esta película.

 

Me consta que después de la experiencia de participar en este rodaje quieres seguir interpretando. ¿Qué estás haciendo ahora al respecto? ¿Tienes nuevos proyectos cerca? Si te dejarán escoger, ¿que profesión prefieres la de maestro o la de actor?

Cuando se acabe la pandemia me gustaría seguir realizando clases de cine. Sigo realizando castings con mi representante y buscando nuevos proyectos. En cuanto a la profesión que elegiría sería la de actor, puesto que es mi sueño a nivel laboral.

 

 

 

Por

Mar Domènech

Fuente

https://eldiariodelaeducacion.com/2021/03/01/nestor-romero-los-ninos-resuelven-antes-y-mejor-los-conflictos-que-los-adultos/

domingo, 28 de marzo de 2021

Alicia Dickenstein: “La matemática nos entrena para estar más atentos”

 Defensora de la premisa que plantea que “hacer matemática básica es una capacidad inherente al ser humano, como hablar”, la argentina Alicia Dickenstein, ganadora del premio “L’Oréal-Unesco Por las Mujeres en la Ciencia”, aseguró que “las personas somos más instintivas que lo racionales que nos creemos” y señaló que, frente a eso, “el entrenamiento matemático” permite desarrollar un pensamiento crítico.

 


Doctora en Ciencias Matemáticas, investigadora superior del Conicet, especialista en geometría algebraica y profesora de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la Universidad de Buenos Aires, Dickenstein es la novena argentina en recibir este premio y la primera matemática del país.

 

“Las personas somos más instintivas que lo racionales que nos creemos”

 

Reconocida durante su trayectoria en numerosos premios y distinciones – entre los que se destaca su cargo de vicepresidenta de la Unión Matemática Internacional (IMU) hasta 2018-, la científica también se dedicó a la elaboración de libros para transmitir la disciplina a niñas y niños luego de comprender que, “muchas veces, el problema por el que no se comprende la matemática está en el lenguaje”.

 

–¿Por qué elegiste ser matemática?

–La matemática me resultó fácil desde chica y me divertía. Pero nunca pensé que había una carrera de matemática. Me enteré de esto gracias a una psicóloga con la que hice un test vocacional y me sugirió que siguiera esta carrera porque tenía mucha ‘inteligencia abstracta’. Por eso es tan importante que se haga público y que las personas jóvenes, en particular las chicas, sepan que se puede vivir muy contenta y muy apasionada siendo matemática, aunque sé que no es el imaginario que se tiene.

 

–¿Cómo era en aquellos años estudiar matemática siendo mujer?

–Creo que cuando ingresé éramos más mujeres que lo que hubo después. En 1974 echaron a muchas y muchos jóvenes de la carrera. Entonces, cuando yo y mis compañeras llegamos a concursar por cargos, no teníamos tanta competencia y, siendo jóvenes, ya éramos de las más viejas. Con los años comenzó a haber más competencia y se puso más difícil para las mujeres.

 

–¿Cómo ves hoy la realidad de las mujeres en la ciencia?

Hace unos cinco años observé que, en general, las mujeres tardan mucho más tiempo en ascender de categoría que los varones, lo mismo en el cargo de profesora. En la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA -que es donde yo conozco- es muy difícil para las jóvenes acceder a los primeros cargos porque se evalúan los últimos cinco años y coincide con la edad en la que en general se tiene hijos, teniendo en cuenta que las mujeres tenemos un margen de tiempo limitado si queremos ser madres. Los varones también son padres en esta época, pero no les afecta del mismo modo su rendimiento profesional.

 

–¿Por qué pensás que se da esto?

–Hay dos problemas sociales: por un lado, las tareas de cuidado que siguen estando más a cargo de las mujeres; y por el otro, en el caso de la matemática, hay una autocensura y un estereotipo social de lo que debe ser ‘un matemático’. En las olimpiadas matemáticas de Brasil me contaban que hasta los 10 u 11 años hay paridad de género pero después empieza a haber menos chicas, y parte de esto también tiene que ver con que no está socialmente bien visto que las chicas sean “nerd”. En Chile estudiaron que a las jóvenes, sobre todo de los hogares más humildes, les va muy bien en las pruebas de sus escuelas pero cuando son interescolares les va peor y lo que vieron era que la expectativa de la familia era que le fuera peor y que eso incidía sobre su rendimiento. Es decir, que hay algunos prejuicios que están muy metidos en la sociedad, que son muy sutiles y que nos va a llevar tiempo desarmarlos, aunque creo que se está intentando. En este sentido, tuve suerte porque nunca pensé que las mujeres podíamos hacer menos que los hombres; tal vez por eso pude hacer todo lo que hice (risas).

 

–En una entrevista decías que las matemáticas pueden dar placer, ¿por qué pensás que eso no pasa en general?

–Cuando uno logra entender algo da mucho placer. El tema es que la disciplina tiene un lenguaje y muchas veces la obstrucción está en la comunicación. Yo me di cuenta de esto a partir de una situación en la que una sobrina que me estaba escuchando hablar con una colega me preguntó: “Tía, ¿en qué idioma estás hablando?”. A raíz de esto, escribí un libro de matemáticas para chicos (Matemax), que se acaba de reeditar en una edición bilingüe, y coordiné tres libros de la entonces editorial Estrada. Al escribir estos libros me di cuenta de que pensábamos la matemática más o menos fácilmente, pero después el trabajo que llevaba escribir los problemas era enorme. Esto pasa porque, cuando uno cuando piensa, tiene construidos atajos en su cerebro pero, a la hora de explicar, uno tiene que tener en cuenta que el otro o la otra no tiene esos atajos. La maravilla del lenguaje matemático es que, cuando uno lo logra traspasarlo, lleva al pensamiento.

 

“Muchas veces, el problema por el que no se comprende la matemática está en el lenguaje”.

 

–También has hecho hincapié en que cualquiera puede entender las matemáticas…

–Por supuesto, así como los seres humanos tenemos la capacidad de hablar tenemos la capacidad de hacer matemática básica en el cerebro.

 

–Y esa capacidad de pensar en términos matemáticos ¿puede desarrollar un pensamiento crítico en otros ámbitos?

–Seguro, porque lo que hace un matemático es entender la estructura, sacar lo accesorio y entender lo fundamental de las relaciones porque así vamos a poder prever lo que sucede después dentro de la estructura matemática. Hace unos años estaba en un instituto en Río de Janeiro y un colega hablaba de surf con una persona que le decía que había una playa que no era peligrosa porque el porcentaje de accidentes era bajo. Mi colega le respondió que su razonamiento era equivocado porque a esa playa iban surfers con mucha experiencia, entonces en la hipótesis de que “no era peligrosa porque tenía pocos accidentes” había una variable que faltaba que era que ese porcentaje se daba entre muy buenos surfistas, no en un público general. Esa pregunta frente a un porcentaje, pensar cuál es la hipótesis, saber que la relación causa-efecto no siempre es a la inversa, son razonamientos que parten del entrenamiento matemático; los seres humanos creemos que somos muy racionales, pero la mayor parte de las veces somos más instintivos que racionales. La matemática nos entrena para estar más atentos.

 

 

 

 

Fuente

https://contraeditorial.com/alicia-dickenstein-la-matematica-nos-entrena-para-estar-mas-atentos/

viernes, 26 de marzo de 2021

Si impartes clases magistrales, lo estás haciendo mal

 Una buena clase magistral es aquella en que el orador te embelesa con su nivel de conocimientos y es capaz de llevarte con sus palabras a ese mundo que te narra. De vez en cuando hace preguntas a su público, interactúa con los presentes e incluso se permite hacer algún comentario jocoso sobre los hechos o la materia. Porque puede.

 


Educar para la sociedad del siglo XXI. El alumnado como protagonista de su propio aprendizaje. Las nuevas -¡nuevas!- pedagogías han llegado para quedarse. Pedagogías alternativas a la enseñanza tradicional. Diez pedagogías motivadoras que todo profesor debería conocer. La escuela tradicional es aburrida. Cómo enseñar a los -ejem…- nativos digitales.

Todas estas frases podrían ser titulares de cualquier artículo sobre educación en los últimos años, todas encaminadas al cuerpo docente, dado que no sabe hacer su trabajo y requiere que un ejército de expertos, opinadores y “edugurús” le indiquen el camino hacia la verdadera docencia.

 

¿Y las clases magistrales?

Las clases magistrales son el demonio, matan la creatividad, están centradas en el producto y no en el proceso, son aburridas, no acompañan al alumnado en su proceso de aprendizaje, y un largo etcétera de críticas que hace que el alumnado que sale de las facultades de Formación del Profesorado y los Másters las deseche, porque le han dicho -durante una clase magistral- que si un docente imparte clases magistrales lo está haciendo mal.

 

Quizá el problema sea lo que entendemos por “clase magistral”. Si preguntamos a una persona nacida en los años 50 nos contestará que es un profesor subido en una tarima hablando durante horas sin parar, mientras el alumnado toma apuntes de forma incesante. Si preguntamos a alguien nacido en los años 80, nos puede decir que es aquel profesorado que explica sin parar y, en ocasiones, utiliza diapositivas para acompañar el discurso. Si preguntamos al alumnado nacido en este siglo, fácilmente nos podrá decir que es un docente que pone un power point mientras lo lee y les aburre, o algún profesor youtuber que graba un vídeo explicativo para su alumnado.

 

Pero, si me preguntáis a mí, tengo muy claro que eso no es una clase magistral. Eso sí que son malos docentes, pero no por la metodología que utilizan, sino porque o no saben o no quieren explicar. Para mí una buena clase magistral es aquella en que el orador te embelesa con su nivel de conocimientos y es capaz de llevarte con sus palabras a ese mundo que te narra. De vez en cuando hace preguntas a su público, interactúa con los presentes e incluso se permite hacer algún comentario jocoso sobre los hechos o la materia. Porque puede. Porque su nivel de conocimientos hace que su discurso sea ameno y los oyentes quieran saber más. Porque cuando suena el timbre que anuncia el final de la clase se apenan por tener que dejar de escucharle. Porque incluso se les ha hecho la clase corta.

 

Y este tipo de docentes que imparten clases magistrales las pueden perfectamente combinar con otro tipo de estrategias. Porque no son incompatibles entre sí. Porque no se trata de estar en su equipo o en el contrario. Un buen docente es aquel que consigue que su alumnado aprenda, que aprenda a hacer y que aprenda a ser. E, incluso, hay buenos docentes que no lo consiguen, porque no todo está en manos del que dirige las clases. Solo tenemos que echar un ojo a los estudios más recientes al respecto para saber que las variables del éxito educativo tienen más que ver con el nivel socioeconómico en que se encuentra el centro que con cualquier otra cosa. Pero no lo usaremos como excusa, lo dejamos aquí como un apunte que no debemos olvidar.

 

Un buen docente sabe que, atendiendo a lo que quiere que el alumnado consiga, sabe utilizar una u otra estrategia. Un buen docente se equivoca, rectifica y aprende durante el proceso. Un buen docente se comunica con otros de su gremio para comparar, escuchar y aprender. Un buen docente sabe decir “no lo sé” a su alumnado, e informarse para cambiar esa afirmación al día siguiente. Un buen docente es aquel que antes de utilizar una de esas llamadas “nuevas pedagogías” lee, se informa y busca que estén basadas en la evidencia. Un buen docente no se deja llevar por las modas educativas sin sentido crítico. Un buen docente sabe que no tiene la verdad absoluta y que debe escuchar otros puntos de vista, aunque no los comparta.

 

Un buen docente puede -y sabe- impartir clases magistrales y no, no son el mal.

 

 

 

 

Por

Bárbara Menéndez Iglesias

Fuente

https://eldiariodelaeducacion.com/2021/02/22/si-impartes-clases-magistrales-lo-estas-haciendo-mal/

miércoles, 24 de marzo de 2021

EL CURRÍCULUM OCULTO A FAVOR DE LA EDUCACIÓN SOCIOEMOCIONAL

 En este tiempo de pandemia, ser docente de educación básica es un arte. El arte de entregarse a los más pequeños conjuntando exigencias, desigualdades, historias, programas, habilidades y carencias propias para lograr algo: aprendizaje.

 


También es cierto, que hoy más que nunca necesitamos aprender y enseñar habilidades socioemocionales pues tienen un “papel central en el aprendizaje de los niños, así como en la capacidad de las personas para relacionarse y desarrollarse como seres sanos, creativos y productivos” (SEP, 2016, p.173). Seguro que lo queremos, pero ¿lo estamos logrando?

 

Por otro lado, es necesario pensar que a veces enseñamos algo que no sabemos que enseñamos, esto puede ser parte del currículum oculto.

 

El concepto de currículum oculto engloba los significados y efectos no previstos de manera oficial en el programa, que se van aprendiendo en el contexto de educación formal (Torres, 1991). Estos aprendizajes no explícitos, pueden ser clasificados como negativos o positivos para los estudiantes.

 

Hablando de manera negativa, es posible que por falta de tiempo prioricemos los aprendizajes/asignaturas conceptuales porque son los que vienen en el examen trimestral y urge avanzar en contenidos, depositar los más posibles en la mente del alumno para así tener elementos que desde mi autoridad me permitan asignar una calificación.

 

Derivado de lo anterior, las habilidades socioemocionales las hacemos esperar, pues al no ser sujetas de una evaluación numérica en boleta, ni presentarse en el examen trimestral, las enseñamos cuando hay más tiempo ¿Pueden esperar para cuando haya tiempo? Hoy, sabemos que no.

 

Nos falta tiempo, y la realidad es compleja, eso es un hecho.

Si bien es cierto que identificar las emociones de los alumnos y ser empáticos ante sus situaciones de vida son los primeros pasos para el trabajo socioemocional; no podemos negar que la salud mental requiere tiempo y práctica constante; por ello, necesitamos concretar situaciones de aprendizaje de autoconocimiento, autonomía, autoestima y regulación emocional, todos los días, aún a distancia.

 

Por eso, hagamos uso de lo positivo del currículum oculto. Hagámonos conscientes de lo que no sabemos que enseñamos, eliminando lo negativo y buscando lo positivo.

 

En educación socioemocional, no dejemos de intentarlo. Preguntémonos, conozcámonos, vayamos más allá de lo que nos dicen que hagamos. No nos conformemos con solo cumplir lo que nos toca.

 

Utilicemos los materiales como los ficheros del Programa Nacional de Convivencia Escolar, las Herramientas para el soporte emocional para la educación en contextos de emergencia, o la misma programación de Aprende en casa II; démosle creatividad y persistencia. No para un Plan Escolar de Mejora Continua, o para mi producto del Consejo Técnico Escolar, sino realmente como mi parte de mi estrategia pedagógica.

 

Busquemos actividades permanentes, donde el alumno continúe siete días a la semana reflexionando, practicando, compartiendo algo de lo aprendido. Frases inspiradoras pegadas en la pared de la casa, dibujos todos los días, un diario emocional, un club virtual solo para convivir, historias motivantes, poemas que los hagan conscientes de sus sentimientos, utilicemos los videojuegos y los youtubers como aliados; la ropa, la cocina, y las mascotas. Pero pensemos, también, en las habilidades específicas a desarrollar: autoconocimiento, autonomía, autoestima y regulación emocional; todos los días y a todas horas.

 

Sigamos compartiendo entre docentes, creando situaciones que valoren el aprendizaje informal, motivando intrínsecamente al estudiante, modelemos el aprendizaje, centrémonos en el alumno.

Tal vez ahora todo es más lento, pero por favor, no dejemos de intentarlo.

 

 

 

 

 

por:

Miriam Lizbeth Martínez Sandoval

Fuente

http://otrasvoceseneducacion.org/archivos/370543

lunes, 22 de marzo de 2021

Los docentes también son los héroes de esta crisis

 Javier Palazón, director de EDUCACIÓN 3.0., reflexiona sobre la importancia de la escuela y de los docentes en una sociedad transformada y marcada en la actualidad por la pandemia.

 


Vivimos tiempos extraños. Quién nos iba a decir hace justo un año, cuando nos las prometiamos muy felices con el comienzo de una nueva década (hay quien hablaba de la vuelta de los “felices años veinte”), que la llegada de un virus nos iba a confinar en nuestros hogares, ciudades y pueblos durante meses, que nos iba a obligar a llevar siempre mascarilla al salir de casa, que produciría una crisis económica sin precedentes y, lo que es peor, que se cobraría la vida de millones de personas en todo el mundo.

 

Vivimos tiempos extraños. Quién iba a pensar que todos los planes de digitalización y de incorporación de las TIC en las aulas de los que llevamos años hablando y que avanzaban a paso de tortuga, iban a recibir un impulso sin igual en un tiempo récord. Docentes que nunca habían utilizado el correo electrónico o una webcam para comunicarse con su alumnado, de la noche a la mañana tuvieron que ponerse a ello; centros que tenían en el olvido las plataformas educativas, empezaron a utilizarlas como la mejor opción posible en un momento en el que la educación online y, posteriormente la híbrida o semi presencial, se postulaba como la tabla salvavidas para continuar con el proceso de enseñanza-aprendizaje. Y quién nos iba a decir que la clase magistral, todavía protagonista en muchas aulas, ha tenido que dar paso obligada por las circunstancias a las metodologías activas que permiten al alumno ser el protagonista de su propio aprendizaje. 

 

Vivimos tiempos extraños. Después de todo lo vivido y lo que aún nos falta hasta que no haya una inmunidad total o una pastilla que doblegue a este virus, nos hemos dado más cuenta que nunca de la importancia capital de la escuela en nuestra sociedad. Pero de la escuela con mayúsculas, aquella donde se adquieren conocimientos necesarios para la vida y donde se aprende a vivir en sociedad. Y no esa otra escuela que para algunos parece que es solo un lugar donde aparcar a los hijos mientras que los padres trabajan. Y, por encima de todo, esta pandemia ha servido para dignificar más que nunca la figura del docente, de los miles de maestras y maestros que se están dejando la piel para que todo siga funcionando a pesar de las circunstancias, las condiciones y las enormes dificultades.

 

Yo lo tengo claro: son, junto con los sanitarios, los héroes sin capa de esta crisis.

 

 

 

 

Por Francisco Javier Palazón

Fuente

https://www.educaciontrespuntocero.com/opinion/los-docentes-tambien-son-heroes-de-esta-crisis/

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