sábado, 6 de marzo de 2021

Cómo volver a la presencialidad

 Una discusión pública sobre el derecho social a la educación atravesada por expectativas desfasadísimas de la escuela real; la falta de balance honesto de la experiencia 2020 y 15 millones de niños, niñas, adolescentes y adultos que esperan definiciones sobre el regreso presencial a las aulas. En este texto Manuel Becerra propone tres líneas para pensar el debate: el sistema educativo federalizado, los semáforos y los protocolos. “La pandemia es una trampa: no hay pedagogías ni didácticas óptimas, no hay escuelas seguras”, dice pero apuesta a la utopía de encarar el problema con franqueza y buena voluntad.

 


Los docentes recordaremos enero de 2021 como las vacaciones mentales que no tuvimos. Nunca antes la discusión sobre nuestro trabajo y sus condiciones fue tan tironeada y operada en tiempos en los que nuestra mayor preocupación debería ser cuidarnos del sol. Sin tiempo ni espacio para hacer un balance real de la extraña experiencia de un 2020 pandémico, de encierro, desgarro social y emocional y paranoia por una enfermedad fantasmagórica, fuimos lanzados de una patada en el traste a ser objeto de experimentos para el regreso a una presencialidad plena que nos llena de asteriscos y preguntas.

 

La discusión pública sobre el derecho social a la educación está muy atravesada por expectativas desfasadísimas de la escuela real -sobre las que no reflexionaremos aquí, pero que son un gran problema-, una intención sostenida (aunque con intensidades variables) para desprestigiar el trabajo docente, y muchos recursos más que terminan conduciendo a un desierto bullicioso: todos gritan y nadie conversa. Quienes toman decisiones educativas o desconocen lo que gobiernan o, cuando aciertan, son invisibilizados entre el ruido.

 

En el medio, casi quince millones de niños, niñas, adolescentes y adultos que esperan definiciones acerca de cómo sería volver a las aulas físicas con el menor riesgo posible. La pandemia es una trampa: no hay pedagogías ni didácticas óptimas, ni hay escuelas seguras.

 

Anoté algunas líneas centrales que creo pueden aportar a ordenar algo del debate. Las intencionalidades electorales (recordar siempre esto cuando veamos titulares estridentes sobre educación) las pasarán por alto, desde ya (tal vez, como digresión, una de las deudas que tenemos como sociedad –o tiene todo Occidente tiene, bah- es aprender a separar la paja mediática electoral del trigo real).

  

Un sistema educativo federalizado

 Las responsabilidades del Estado nacional y las de los Estados provinciales no son equivalentes. El Estado nacional no gestiona escuelas ni paga salarios docentes de manera directa, como sí lo hacen las provincias. En este punto existe un debate no resuelto sobre cuál es la función del Estado nacional: la última dictadura militar, el menemismo y el aliancismo, el macrismo y la actual gestión no le han dado un peso relevante y han optado por descargar la responsabilidad sobre las provincias. Se reserva, eso sí, funciones para establecer consensos generales a través del Consejo Federal de Educación, donde participan los 24 ministros provinciales y el nacional, para llevar adelante políticas unificadas en todo el país. El gobierno kirchnerista 2003-2015 dotó al ministerio nacional de amplias atribuciones -establecidas en la Ley de Educación Nacional- que le otorgaron una fuerte presencia en todo el territorio para intentar revertir la desigualdad entre las provincias. Este es un debate extensísimo, y que se remonta a los orígenes mismos del sistema educativo a fines del siglo XIX, pero pensando en el inicio de clases en 2021 cabe mencionar que la posición de Nicolás Trotta ha sido promover que cada provincia tome sus propias decisiones dentro de marcos generales, sin intervenciones concretas fuertes más allá de apoyo financiero, la evaluación general del sistema, la producción de materiales y la recuperación de becas y cursos de capacitación para docentes, como detalla el documento “A las aulas” que elaboró a fines del año pasado. ¿Esto qué significa? Que cada gestión provincial debe pensar los esquemas de retorno en función de su sistema, y en definitiva la responsabilidad directa está en cada jurisdicción.

 

Así, los sindicatos docentes se organizan por jurisdicción, y en cada una de ellas hay al menos uno que forma parte de la confederación más grande de sindicatos docentes del país: CTERA. Las organizaciones allí nucleadas tienen experiencias diferentes según la relación que tengan con el gobierno de cada provincia: en CABA el gobierno del PRO ha sido muy confrontativo desde 2015 con UTE, en la Provincia de Buenos Aires la relación ha sido diferente y hubo períodos de confrontación desde Scioli y Vidal hacia SUTEBA y una mayor colaboración desde la gestión de Kicillof. En síntesis, la razón de ser de todo sindicato es defender los intereses de sus representados e integrantes. Los sindicatos docentes, en concreto, no son algo diferente de los docentes, aunque sí son la institucionalización de su representación, que según cada territorio y sindicato es más o menos fiel de los intereses de sus bases. Durante 2020, CTERA en general y muchos de sus sindicatos de base insistieron con la provisión de computadoras a alumnos y docentes. Ya comenzado 2021, la posición de los sindicatos se desplazó a una mayor predisposición para pensar esquemas bimodales (o sea, con grupos presenciales y grupos remotos trabajando alternadamente) con ciertas exigencias.

 

Vale la pena aclarar en este punto que para todas las jurisdicciones la pandemia representó un ahorro fenomenal de recursos en distintas áreas: concretamente en educación hubo ahorros en limpieza, en salarios de suplentes, en mantenimiento de infraestructura, en pago de electricidad, telefonía, gas e internet, entre varios etcéteras, y una parte de ese ahorro fue a su vez financiado por las computadoras, celulares y conexiones a internet y eléctricas personales de los docentes y las familias. De manera que también correspondería una importante compensación salarial.

 

Argentina es un país con una alta tasa de sindicalización, lo que para quien escribe es una excelente noticia y una de las grandes virtudes de nuestro país. Sin embargo, muchas personas no comparten esa valoración, y hay quienes consideran esta característica como un obstáculo. Independientemente de esa posición, pelearse con los sindicatos de un sector es pelearse con la realidad: en educación, específicamente, los sindicatos son parte de la gobernanza del sistema educativo, guste más o menos. Desmontar eso ha sido, y sigue siendo, una tarea costosísima y que impacta directamente en la calidad de la educación: el prestigio de la escuela se construye sobre todo con una dirigencia y una sociedad que confía en sus docentes. Si no, tenemos la paradoja que transitamos actualmente y que describió la compañera Nuria Illán en su cuenta de Twitter sobre los discursos en torno a los docentes: “Trabajan pero no trabajan. No son profesionales pero parece que cumplen múltiples funciones sociales. Hacen todo mal pero necesitamos que lo hagan. No discutimos política con ellos pero les pedimos que gestionen todo. Son pobres pero viven de arriba sin laburar.” Convocar a los sindicatos docentes y promover una negociación es potestad exclusiva e intransferible de los gobiernos. Y un paso central para avanzar en la solución de los problemas con buena voluntad, fuera de disputas electoralistas.

 

Semáforos

 En el escenario pandémico las decisiones educativas no pueden pensarse como si no hubiera pandemia. La variable sanitaria debería ser la principal, aunque no la única. La escuela es el “espacio natural” de niños, niñas y adolescentes. Es la agencia estatal más territorializada (o sea, la que tiene mayor presencia en todo el territorio, mucha más que la policía, la justicia o el sistema de salud), y eso la carga de responsabilidades que exceden lo académico (y justamente cómo fue absorbiendo esas responsabilidades es uno de los problemas de las expectativas desfasadas que mencionaba antes). Garantiza el derecho social a la educación y es también espacio de contención, socialización, cuidado. Esta última función -la del cuidado- quedó especialmente a la vista en la pandemia: los adultos necesitan desarrollar sus actividades productivas mientras sus hijos van a la escuela. La concentración de esas esferas -laboral, educativa, crianza- en el hogar, esto es, la privatización de circuitos públicos hacia el espacio doméstico, hizo que se obstaculizaran muchísimo entre sí y generó y profundizó situaciones de violencia allí donde existían.

 

Pues bien, la dimensión sanitaria ha sido simplificada con esquemas llamados “semáforos”, que indican cuándo la presencialidad puede ser más segura y cuándo menos, combinando diferentes indicadores. La Sociedad Argentina de Pediatría, por ejemplo, tomó el suyo de los Centers for Disease Control and Prevention del Departamento de Salud de Estados Unidos. Los indicadores principales que cruza son: cantidad de casos nuevos por jurisdicción, o partido/departamento, o municipio (de acuerdo a la escala territorial que se elija) cada 100.000 habitantes en los últimos 14 días; la tasa de positividad de pruebas RT-PCR en el mismo lapso; y la capacidad por escuela de implementar estrategias de cuidado ante el COVID (barbijos/máscaras, distanciamiento, higiene personal regular, limpieza del edificio y rastreo de contactos). Su semáforo tiene cinco escenarios (Riesgo más bajo, Menos riesgo, Riesgo moderado, Mayor riesgo, Riesgo más alto). Luego establece seis indicadores secundarios más entre los que están, por ejemplo, el cambio de porcentaje de casos nuevos cada 100.000 habitantes en los últimos 7 días y las camas de terapia intensiva ocupadas, entre otros.

 

El Consejo Federal de Educación armó su propio semáforo y lo publicó a través de la resolución 370/20. Cada jurisdicción debería sopesar tres indicadores: niveles de transmisión según criterios del Ministerio de Salud; la razón entre casos nuevos de las últimas dos semanas y las dos semanas anteriores; y el porcentaje de ocupación de camas de terapia intensiva. De cómo se combinen estos tres indicadores depende que se lo considere un escenario de bajo, mediano o alto riesgo. A esto se le deben sumar nueve puntos, o requisitos mínimos, que cada jurisdicción debe cumplir para evaluar los esquemas de presencialidad, entre los cuales está que haya representantes educativos en los Comités Operativos de Emergencia (COE) provinciales.

 

El semáforo de la Sociedad Argentina de Pediatría es mucho más restrictivo que el que propone el Consejo Federal de Educación, esto significa que según la primera en muy pocos lugares de Argentina se podría pensar en una presencialidad plena.

 

Si el esquema de semáforos se pensara en lugar de por jurisdicción por partido/departamento o municipio, permitiría tomar decisiones más eficientes: abrir las escuelas plenamente allí donde hay bajo riesgo, y armar otros escenarios de grupos reducidos, alternancia horaria u otras posibilidades en los lugares donde el riesgo es mayor.

 

Cabe hacer esta salvedad: según el censo 2010, en el AMBA (el Área Metropolitana de Buenos Aires que incluye la Ciudad Autónoma y varios municipios de la Provincia de Buenos Aires) viven alrededor de 12.800.000, el 31,9% de la población del país. Si a esto le sumamos los 1.455.000 habitantes del Gran Córdoba y los 1.238.000 habitantes del Gran Rosario, nos da que el 38,6% de la población del país vive en tres grandes aglomeraciones urbanas (la población urbana total, en Argentina, supera el 90%). Sabemos que la concentración de población es el primer factor de circulación comunitaria del Covid, de manera que si bien las provincias podrían abrir escuelas en municipios y partidos con bajo riesgo, la mayor parte de los alumnos y docentes argentinos estarían expuestos en escenarios de riesgo medio o alto. Allí, entonces, habría que pensar, como se dijo, esquemas de grupos reducidos, de alternancia horaria, garantizar licencias excepcionales a los docentes con comorbilidades o al cuidado de personas de riesgo, garantizar continuidad pedagógica no presencial a alumnos con las mismas características, entre otros etcéteras. Esos esquemas deberían estar detallados al milímetro en los protocolos.

  

Qué debería decir un protocolo

 Si empezamos por la negativa, un protocolo no debería ser un listado de objetivos generales y afirmaciones vagas, sino un detalle preciso y transparente de qué es lo que se debe hacer, cómo se distribuyen las responsabilidades entre los ministerios de educación de cada jurisdicción, las burocracias intermedias y las escuelas, y formas y recursos para su implementación.

 

En su interior, debe contener justificaciones pedagógicas acerca de a qué alumnos se les dará prioridad en una presencialidad con grupos reducidos y por qué y cuáles serán los fundamentos y formatos de la evaluación de los contenidos trabajados en el bienio 2020-21, entre otros aspectos.

En términos epidemiológicos, debería detallar, por ejemplo:

 

- Cuál es la estrategia de vacunación para la población escolar (alumnos y docentes): tiempos, prioridades, lugares.

 

- Qué mecanismos de testeo y seguimiento se ejecutarán. Lo deseable es que sea con una frecuencia corta, y lo ideal es que los testeos se realicen en las mismas escuelas.

 

- Qué licencias estatutarias se contemplarán para los docentes, y los mecanismos para sus reemplazos. ¿Cuántos docentes actuales están en condiciones de ser exceptuados en la jurisdicción? ¿Los reemplazos se harán a través de los sistemas previstos en el Estatuto del Docente? ¿Se flexibilizarán los requisitos para que ingresen estudiantes avanzados de los profesorados, dada la situación? ¿Con qué recursos se cuenta para financiar esto?

 

- Cómo se articulará la apertura de edificios escolares y el sistema de transporte: aquí está el verdadero nudo del problema. Como se dijo, la mayoría de la población en nuestro país vive en aglomeraciones urbanas. Allí, además de los más de diez millones de alumnos y más de un millón de docentes, circulan trabajadores y trabajadoras de todos los rubros. El sistema educativo debe ser el rubro que más personas moviliza diariamente en el mundo, de manera que el desafío está puesto especialmente en el transporte público. ¿No se podrían pensar esquemas de entradas escalonadas en el horario a las escuelas para evitar superposición con otros rubros? ¿Qué corredores serán los privilegiados en cada gran ciudad? ¿Qué evaluación y estrategias de aumento de frecuencias de colectivos y subtes se emplearán?

 

- Diferentes esquemas de presencialidad en grupos reducidos, contemplando personas por metro cuadrado, cantidad de docentes por alumnos,

 

- Detallar avances en preparación de infraestructura: instalación de detectores de dióxido de carbono, habilitación y clausura de espacios en función de la ventilación, puesta a punto de la plomería, inversión masiva en elementos de limpieza y protección, esquema intensificado de limpieza integral de los edificios, incluyendo cálculos de aumento de la planta de auxiliares y formas de financiamiento. Si se van a utilizar otros espacios (clubes, museos, teatros, parques, universidades), deberían detallarse las mismas variables.

 

- Y, por supuesto, planes de acción en caso de que se detecten casos de Covid en la escuela. ¿Cómo afecta la organización de los grupos? ¿Y al trabajo docente? ¿A partir de cuántos casos se debe poner en aislamiento a un grupo entero, a partir de cuántos se debe considerar que hubo un brote en la escuela y corresponde suspender la presencialidad en todo el establecimiento? ¿Cómo se actúa a continuación?

 

Volver

 La escuela es el espacio natural de niños, niñas y adolescentes. También es el espacio natural de co-crianza (si cabe la paradoja) donde las familias encuentran una clave en la organización de sus tiempos. Y también es nuestro espacio natural como docentes, trabajadores y trabajadoras de la educación. Hace casi 200 años que los sistemas educativos del mundo funcionan presencialmente: hablamos de generaciones y generaciones, miles de millones de personas forma(tea)das en ese esquema. La pandemia, que puso al mundo fuera de quicio, también nos puso así a nosotros. Hay una nostalgia, un deseo, un deseo desesperado por volver al mundo pre covid, que probablemente tarde mucho en llegar.

 

Es profundamente doloroso -y no suma nada a ningún debate- que se acuse a los docentes de preferir esta locura global a trabajar como trabajamos toda la vida, y de soslayar y subestimar los profundos impactos que tendrá este escenario en términos emocionales, académicos, e íntimos en nuestros alumnos.

 

Termino pidiendo una utopía que sé de antemano imposible: en educación, encarar el problema con franqueza y buena voluntad, sin marketing vacío, especulaciones electorales ni confrontaciones innecesarias. La pelota la tienen los gobiernos.

 

 

 

 

 

AUTOR

Manuel Becerra

Fuente

http://revistaanfibia.com/ensayo/como-volver-a-la-presencialidad/?fbclid=IwAR3i674KuIQEBXXAWOecANuhDFGhEUI84wr6K-8XsH7h4mmwyAkaKM2f5cY

martes, 2 de marzo de 2021

21 aprendizajes para la escuela de 2021

 El valor del rol docente, la necesidad de la escuela para reducir desigualdades, la urgencia de eliminar la brecha digital, la apuesta por el trabajo colaborativo y la evaluación formativa, la prioridad de los vínculos… Esta nota repasa 21 aprendizajes de 2020 para recuperar en 2021.



CRÉDITO: Geralt @Pixabay

El año 2020 planteó desafíos inéditos, que dejaron varios aprendizajes para repensar la escuela en 2021. A partir de las notas que publicamos el año pasado, repasamos algunos de los aprendizajes que nos sirven para encarar el ciclo lectivo que empezará en unos días.

1. Sin escuela se profundizan las desigualdades. “Si hay algo que la pandemia desnudó fue la desigualdad en las condiciones de vida de los hogares y cómo eso impacta en la educación de los chicos. La crisis sanitaria nos está dejando como consecuencia la ampliación de esa desigualdad que ya teníamos y que se hace más grande todos los días”, sostiene Melina Furman en el documento Educar para el país que queremos ser.

2. La brecha digital es una brecha educativa. “Las principales causas de abandono escolar tenían que ver con que los jóvenes necesitan salir a trabajar, con el embarazo adolescente y con el cuidado de hermanos menores o de familiares. Con la pandemia, todo esto se agrava por la falta de dispositivos electrónicos o problemas de conectividad para poder seguir las clases de manera virtual”, explica Angela Tanaka, de Asociación Conciencia.

3. Poner el foco en el bienestar integral de los estudiantes. Frente a la pandemia, varias escuelas hicieron hincapié en acompañar a los alumnos más allá de lo pedagógico. Así lo piensa Gabriela Cartolano, del Colegio Tolkien: “Creo que esto vino para quedarse y para crecer. Una educación diferente, en la que se prioriza el estado integral del alumno, no solo sus capacidades cognitivas, sino todo su ser: espiritual, emocional y físico”.

4. Prever espacios para la escucha. Contar con instancias específicas para poner en común cómo se sienten estudiantes y docentes fue una estrategia valiosa ante la incertidumbre. María Serrano, directora del Colegio Ikastola, ejemplifica: “Organizamos mateadas virtuales con los alumnos, a veces en horario de clase a la mañana y a veces a la tarde. Fueron espacios para charlar, para ver cómo estaban y alentarlos a que no bajaran los brazos”.

5. El aprendizaje depende de un vínculo afectivo. “El docente propone a sus estudiantes un vínculo afectivo, pedagógico y profesional. Este vínculo no es obvio y no sucede en todas las clases. Tiene que ser intencionado, y tiene un propósito evidente: acompañar en el proceso de aprendizaje. Cuando ese vínculo está, los estudiantes empiezan a ‘cruzar’ el puente, se involucran y participan más”, reflexiona Oscar Ghillione.

6. Las tutorías son una herramienta clave para sostener las trayectorias. El rol de los tutores fue fundamental para hacer el seguimiento personal y académico de cada estudiante.  En el Taller Escuela María Asunción Guglielmi, por ejemplo, “cada docente asumió tutorías con grupos pequeños, de unos diez estudiantes, a quienes seguía semanalmente y con quienes fue generando un vínculo más estrecho”, explica el director, Marcos Roca.

7. Una oportunidad para revalorizar la tarea docente. El 86% de las familias valora el esfuerzo que hicieron los docentes para acompañar a los estudiantes durante la pandemia, según los resultados de la Evaluación Nacional del Proceso de Continuidad Pedagógica, a cargo del Ministerio de Educación. Otras encuestas arrojaron resultados similares durante 2020: pese a la preocupación por los aprendizajes, las familias reconocen el trabajo de los maestros.

8. Madres y padres se involucraron como nunca. “La pandemia nos hizo abrir los ojos: independientemente del nivel socioeconómico de cada uno, de si nuestros hijos van a escuela estatal o privada, del lugar del país donde vivimos o de nuestras ideologías, necesitamos trabajar juntos, con los docentes y la comunidad educativa, para poder brindar a nuestros hijos la educación que merecen”, plantea la declaración Familias por la Educación.

9. El trabajo conjunto entre escuela y familia potencia los aprendizajes. Madres y padres fueron protagonistas, como nunca antes, de los procesos de aprendizaje de sus hijos. Sofía De Tezanos Pinto, maestra de primaria, recuerda: “Yo grababa videos para los chicos y para los padres, explicándoles cómo explicarles a los chicos. Fue fundamental enseñarles a los padres cómo queríamos que acompañaran las actividades”.

10. La comunicación construye comunidad. El 2020 obligó a repensar la frecuencia y los modos de comunicarse. “Antes solo nos comunicábamos con las familias cuando pasaba algo, por ejemplo si un chico no asistía a clases. En 2020 lo hemos tenido que hacer con el 100% de nuestra matrícula. Eso nos sirvió para vincularnos desde otro punto de vista y desde otros canales con las familias”, señala Flavia Ricci, directora de una escuela secundaria.

11. La innovación depende de la mirada docente, no de las herramientas. “La innovación está en la mirada de los docentes y en sus creencias. Por ejemplo, ¿creemos que tenemos que trabajar en equipo? ¿creemos que todos nuestros estudiantes pueden aprender? Por supuesto que hacen falta recursos. Pero mientras llegan los recursos, también tenemos que hacer cosas”, afirma Pepe Menéndez, referente en procesos de transformación escolar.

12. La tecnología está al servicio de la pedagogía. En 2020 quedó claro el valor de la tecnología, pero también la prioridad de la intención pedagógica: “Se discute sobre cómo incorporar tecnología en las aulas (o en casa), pero poco se discute sobre cómo las tecnologías pueden ser un acelerador de pedagogías para mejorar los aprendizajes, reducir disparidades y empoderar a los docentes y estudiantes”, plantea un informe del BID.

13. Fomentar la autonomía. La educación remota evidenció la necesidad de potenciar la autonomía de los alumnos. “En el contexto actual, la autonomía es clave, por ejemplo para saber organizarse para estudiar, o para que cada estudiante comprenda mejor de qué manera aprende”, sugiere Agustina Blanco, y resalta la importancia de los procesos metacognitivos y de ayudar a los estudiantes a explicitar sus aprendizajes, “haciendo visible el pensamiento”.

14. Seleccionar contenidos y habilidades prioritarios. La sobrecarga curricular es un desafío común a varios sistemas educativos: a medida que se suman las demandas hacia la escuela, se acumulan presiones por enseñar cada vez más contenidos y habilidades. La pandemia puso en evidencia la necesidad de priorizar, sin perder de vista el valor de la currícula como herramienta para construir “un horizonte común”.

15. Aprovechar las TIC para personalizar la enseñanza. Las plataformas permiten hacer un seguimiento individualizado de cada estudiante, e incluso proponerles tareas diferenciadas. “La pandemia visibilizó herramientas pedagógicas que pueden potenciar la tarea docente, y que lo liberan de algunas tareas administrativas para enfocarse en la personalización de los aprendizajes”, destaca Carla Gamberini, directora regional de Mangahigh.

16. El ABP ubica a los alumnos como protagonistas. Varias escuelas aprovecharon la desestructuración de 2020 para trabajar por proyectos. Especialistas en ABP, Josefina Arrighi y Marisol Maña enumeran algunos rasgos clave: “El alumno como protagonista activo, el docente como guía, la indagación como camino central del aprendizaje, la integración de los contenidos, la evaluación formativa constante y el uso flexible del tiempo y el espacio”.

17. Una buena clase virtual tiene momentos claramente diferenciados. “Algo que funcionó fue planificar las clases online para que tuvieran momentos bien marcados: un momento de inicio en el que se conversa con los chicos para ver cómo están, luego el momento de clase con un soporte visual, otro momento para conversar con ellos, y finalmente el cierre”, cuenta Alejandra Vatrano, directora de primaria.

18. La evaluación formativa se basa en la retroalimentación. Elena Barberà, especialista de la Universidad Abierta de Cataluña, subraya el valor de una evaluación basada en “la retroalimentación y el aprovechamiento que de esta realizan los alumnos y los mismos profesores”. Esta forma de evaluar coloca en el centro el diálogo entre profesor y alumnos en torno al contenido: un intercambio orientado siempre a avanzar en el conocimiento.

19. El trabajo colaborativo favorece la innovación. “Planificar juntos no es fácil pero hay que intentar aunar ideas y trabajar por proyectos. Aprovechar la reducción curricular para amplificar las dosis de interdisciplina. Armar buenas preguntas y poner a los chicos a investigar, conectar temas, hacer propuestas frondosas que se recorren en varios días, no actividades sueltas que se evaporan”, propone Axel Rivas en Pedagogía de la excepción.

20. Acompañar y cuidar a los chicos en el mundo digital. Frente al grooming, el ciberbullying y otros riesgos que se agudizaron con la mayor exposición a las pantallas, los chicos necesitan de nuestro cuidado. “Aunque nos confunde a veces ver que los chicos se manejan muy naturalmente en el mundo digital, necesitan de los adultos para cuidarlos. Muchas veces los cuidamos en un montón de temas, y nos olvidamos de este”, reflexiona Sebastián Bortnik.

21. Es hora de priorizar la educación. La campaña #ALasAulas, lanzada a fines del año pasado, convocó a todos los argentinos a comprometerse para priorizar la educación en 2021, con clases presenciales siempre que las condiciones epidemiológicas y sanitarias lo permitan. “Mientras más gente tome conciencia del gran desafío que tenemos, más soluciones vamos a poder construir entre todos”, afirman los impulsores de la iniciativa.

 

 

 

 

 

Por Alfredo Dillon

Fuente https://agendaeducativa.org/21-aprendizajes-para-la-escuela-de-2021/

viernes, 26 de febrero de 2021

Docentes: un blanco fácil

 Los profesores enseñamos desde el dominio de contenidos científicos y académicos, y compartir con los alumnos lo que sabemos, lo poco que nos dejan, es la mejor y mayor contribución que podemos ofrecer a los que están llamados a ejercer una ciudadanía sabia, crítica, reflexiva y responsable.

 


Me levanto día a día, y siempre descubro en los medios una crítica, por lo general nada constructiva, a los docentes como colectivo. Parece algo asumido que los docentes somos un poquito vagos, al parecer no queremos dedicar tiempo y esfuerzo a formarnos, nunca tenemos suficiente empatía con los alumnos y sus familias, nos falta pasión, adolecemos de una supuesta vocación que sí o sí debe tender al infinito para justificar cualquier abuso de nuestra profesionalidad, tenemos una enorme culpa en las evidentes flaquezas de la llamada “teledocencia” y hasta he escuchado que, durante algunos meses de confinamiento, hemos cobrado nuestra nómina por no trabajar. No entraré ahora a discutir cada una de estas cuestiones. Solo diré que mi ordenador personal se fundió a las dos semanas de confinamiento al estar prácticamente 24 horas encendido para enseñar y atender, como mejor pude y supe, a mis más de 160 alumnos (con sus respectivos 160 entornos diversos). Ordenador personal que fue sustituido por otro pagado por mí, que usaba una conexión a internet pagada por mí, una webcam pagada por mí, etc.

 

Tampoco gastaré letras y esfuerzo criticando la conveniencia o no de las TIC en las aulas, aunque han entrado como elefante en cacharrería a pesar de todas las advertencias sobre los peligros de su aplicación indiscriminada e irreflexiva en los procesos de aprendizaje. El hecho es que se las ha hecho entrar arropadas por las empresas privadas que van a hacer un buen negocio vendiendo su habitual humo educativo, por responsables políticos que no ven en la escuela sino un laboratorio de ingeniería social que les debe garantizar la continuidad en el poder en el medio plazo y por toda una legión de “expertos” educativos que se han rendido, pobres, a las promesas de una tecno-utopía que ya es más vieja que Matusalem (decía Thomas Edison en 1922: “El cine está destinado a revolucionar nuestro sistema educativo y, en pocos años, sustituirá en gran parte, o incluso totalmente, el uso de los libros de texto”). Nihil novum sub sole.

 

Sí dedicaré más espacio, sin embargo, a las exigencias de “pasión”, “motivación” o “vocación”. Como vemos, son tres aspectos realmente abstractos, difícilmente objetivables, difícilmente medibles y, por tanto, imposibles de evaluar sin caer irremediablemente en la mera opinión del que se atreva, valiente, a tal gesta. Pero claro, la opinión personal y subjetiva de cualquiera, en sí, de nada vale más allá de dejar al descubierto las filias y las fobias, los gustos y los disgustos o simplemente los prejuicios y concepciones del que emite dicha opinión. En efecto, mucho me temo que no es justo valorar el trabajo de un docente partiendo de la opinión que cualquiera puede tener y, en democracia, expresar sobre algo tan etéreo como su vocación, su pasión o su motivación.

 

Como muchos ya se podrán imaginar, hay un buen puñado de docentes que se toman su trabajo con gran rigor e impecable profesionalidad a los que la palabra “vocación” les genera urticaria por la vinculación con la llamada religiosa al sacrificio; la palabra “motivación” les retrotrae a algún curso barato y pseudocientífico de coachingmindfullness o crecimiento personal de los que se estilan ahora en el mundo educativo, y la palabra “pasión” la liga más a la subida al monte Calvario o a una película romántica que a lo que de verdad se hace y se debe hacer dentro de un aula. A los docentes se les juzga bajo estos difusos parámetros porque cada vez más se los equipara a monitores de ocio y tiempo libre, a youtubers o a payasos de circo que tienen el deber de entretener y evitar frustraciones al respetable público.

 

Si os soy sincero, qué vacías suenan las llamadas a la vocación y las soflamas de pasión, cuando vienen de aquellos que no han pisado un aula real desde que terminaron BUP o COU. Qué vacío suena el discurso que pontifica sobre las bondades de la diversidad en boca de alguien que no ha salido de su despacho en años y, por tanto, no ha disfrutado, pero también sufrido, la diversidad real a pie de escuela. Qué descaradamente interesadas suenan las promociones que te vende hoy una empresa para solucionar el problema educativo que la propia empresa diseñó y generó ayer, ayudada por unos medios de comunicación indignos, mercenarios y vergonzosos. Qué vacía suena la palabra motivación cuando el docente debe dedicar horas y horas a rellenar una burocracia infinita, a lidiar con unas ratios por aula demenciales, a sobrevivir con una carestía de recursos humanos y materiales que se ha cronificado, a tener siempre la espada de Damocles sobre el cuello en el seno de una sociedad que cada día cuida menos del saber y, por tanto, pierde a marchas forzadas el respeto por el especialista encargado de mimarlo, engrandecerlo y transmitirlo.

 

Pero los profesores no somos youtubers ni monitores de ocio y tiempo libre, no hacemos de prestidigitadores de las emociones ni evitamos sanas y necesarias frustraciones y, mucho menos, se nos puede exigir ciega vocación franciscana para legitimar cualquier atropello en el ejercicio de nuestra profesión. Los profesores enseñamos desde el dominio de contenidos científicos y académicos, y compartir con las alumnos lo que sabemos, lo poco que nos dejan, es la mejor y mayor contribución que podemos ofrecer a los que están llamados a ejercer una ciudadanía sabia, crítica, reflexiva y responsable. Igual ha llegado el momento de dejar de pedir que la escuela se adapte a la sociedad, y empezar a exigir que la sociedad mime un poco más a su escuela, porque le va el futuro en ello. La vocación para las iglesias y conventos. El discurso motivacional naíf y en abstracto, para los charlatanes vendehumos y para aquellos a los que estos puedan engañar. Y la pasión, sí, pero por el saber y no para romantizar una profesión a la que se quiere, en realidad, precarizar.

 

 



 

Por Pascual Gil Gutiérrez

Fuente

https://eldiariodelaeducacion.com/2021/02/10/docentes-un-blanco-facil/

 

lunes, 22 de febrero de 2021

«En los centros hay infradetección porque muchos casos son asintomáticos»

 Entrevistamos a Francisco Javier Pérez Soriano (@PrevencinDocen1), profesor de secundaria especializado en cuestiones relativas a riesgos laborales y salud en el trabajo. Lleva 15 años ofreciendo formación e información relativa a estos temas. Hablamos con él de la situación en colegios e institutos después de meses de pandemia y estando en pleno invierno. Para él hay dos claves: las mascarillas no se utilizan como debieran y la ventilación ha de ser continua.

 


Francisco Javier Pérez trabaja en el IES Poetas Andaluces de Benalmádena, Málaga. Llega más de una década dedicado a los riesgos laborales y a la salud en el trabajo. Se muestra crítico y escéptico con el papel que han tenido y están teniendo las administraciones educativos estos meses («la Administración ni está ni se la espera») y asegura que los protocolos anti-Covid deberían haber cambiado ya en noviembre cuando estaba claro que los contagios por aerosoles eran la clave fundamental de la pandemia. Máxime en los centros educativos (espacios cerrados y masificados). Desde su página web, Prevención Docente, comparte gratuitamente materiales y protocolos para todo tipo de centros y espacios en ellos. Ahora mismo trabaja en la actualización de la información para adaptarla a la situación de frío y muy centrada en la ventilación de las aulas y los centros educativos. Asegura que los centros no son lugares seguros («ninguno lo es»), pero que podría trabajarse para que estuvieran más protegidos. Y le pide a las administraciones que trabajan en un plan estratégico con la mirada puesta en la vuelta a las aulas el próximo septiembre. «España es un país reactivo, no preventivo», asevera.

 

Después de 10 meses de pandemia y de lo complicado que ha sido todo, los riesgos laborales se nos habían quedado en el tintero. Ahora, con el frío desde diciembre y especialmente ahora, queríamos traerlo al foco.

Es complicado. Tampoco el tiempo acompaña, pero es una situación anecdótica. Ahora ponemos el foco por la pandemia, pero la ventilación siempre ha sido un problema en los centros educativos, siempre.

 

En otras ocasiones hemos hablado de las dificultades del calor en muchas aulas. Ahora estamos en el lado contrario, con centros que tienen aulas a 10 o 12 grados. ¿Cómo se puede hacer el trabajo así? ¿cuáles son las consecuencias de estar tantas horas, para docentes y alumnado, a esas temperaturas?

A mí personalmente me preocupa más el alumnado que los docentes. Nosotros tenemos horarios de cinco o seis horas al día, o días que tienes dos o tres horas, pero los niños están en los colegios cinco horas y en los institutos seis horas siempre sentados. La posición de sentados es la peor, en la que mayor es el estrés térmico. He estado hablando con muchos compañeros esta semana, sobre todo a la vuelta de navidades y una compañera en Granada me comentaba que estaban midiendo temperaturas de hasta 2 y 3 grados dentro de la clase. Ahí hablamos directamente de estrés térmico, no hay otra.

El problema que nos encontramos es que tenemos que disminuir la concentración de CO2 porque, cuanto menor sea, menor es la cantidad de aire respirado por otra persona. Las recomendaciones que nos vienen de la Escuela de Salud Pública de Harvard dicen que no se deben sobrepasar los 700 ppm, partes por millón de CO2. Supone que casi el 0,8% del aire ya ha sido respirado por otra persona. El problema es que si ya ha sido respirado, si se exhalan aerosoles potencialmente infecciosos, es más probable que otra persona los respire. Conjugar que los niveles de CO2 sean pequeños -algo que se consigue con ventilación-, con las temperaturas evidentemente es un problema.
En septiembre y octubre teníamos las ventanas totalmente abiertas y conseguíamos concentraciones de CO2 cercanas a esos 700 ppm. Pero ya no puedes tenerlas totalmente abiertas. Ahora es contraproducente porque, si no, se igualan las temperaturas del interior con las del exterior. Es un equilibrio difícil o imposible.

 

El cerrar ventanas y abrirlas 10 minutos, en fin, no diré que no sirva para nada, pero no soluciona el problema

 

Con lo que está ocurriendo con Filomena o el propio frío de enero, hemos oído recomendaciones de dirigentes autonómicos de abrir las ventanas 10 minutos cada hora, ¿es suficiente?

El secreto está en abrir de manera constante durante toda la hora de clase, unos 10 o 15 centímetros. En el momento en que se cierran las ventanas, como dicen las consejerías, los niveles de CO2 se disparan. En un centro de primaria se te pueden ir a 1.100 ppm, pero en secundaria o bachillerato, donde hay 30 o 35 alumnos por clase, los niveles se disparan a 1.500 o 2.000 ppm. Si lo comparamos con los valores recomendados por Harvard de 700, la probabilidad de contagio se multiplica por dos o tres. El cerrar ventanas y abrirlas 10 minutos, en fin, no diré que no sirva para nada, pero no soluciona el problema y lo agrava. Y con la variante tan contagiosa que viene de Inglaterra, te digo que los 700 también son excesivos. Habría que llegar a valores de 500 o 550 ppm. Eso ya significaría abrir ventanas a tope; es inviable. El equilibrio es muy complicado y las recomendaciones que están dando desde las consejerías, abocan a que haya más contagios.

 

La clave, entonces, 10 centímetros abiertas las ventanas constantemente…

Sí. Tengo un documento colgado sobre estrategias de ventilación. He estudiado qué ocurre cuando se abren 8, 15, 25 centímetros y completamente. Esto último lo descartamos ahora. Cuando vas abriendo 8 o 15 centímetros, la clave es hacer más ventilaciones durante menos tiempo. Por ejemplo, para pequeñas aperturas propongo una secuencia de 15-5: 15 minutos con las ventanas abiertas esos 10-15 centímetros, y a los 15 minutos, abrirlas del todo. Cuando esté ventilado, a los cinco minutos, volver a dejar ese espacio de apertura. Desde el punto pedagógico es una estrategia muy mala, porque vamos a estar más pendientes de las ventanas que de dar clase. Por eso propongo que en caso de asumir que esto no lo vamos a hacer, abrimos 15 centímetros durante toda la clase y al final, 10 minutos con las ventanas abiertas. Esos 4-8 dedos son fundamentales. Porque cerrar las ventanas dispara el nivel de CO2 y aunque abras diez minutos al final de la hora, bajas los niveles pero hasta los 900 ppm. Estás siempre por encima del límite.

 

Todos los protocolos que conocemos son del verano. ¿no habría que haber cambiado?

Rotundamente sí. En verano hice un protocolo, infrade, con la normativa de las consejerías. Contempla qué hay que hacer desde el aula de infantil, la de primaria, sala de profesores… lo envié a los centros y sé que muchos lo han utilizado, más que nada, porque no había nada. En el documento ya vislumbraba que la transmisión por aerosoles iba a ser importante, pero los protocolos en los centros no lo contemplan.

Desde el mes de noviembre, el Ministerio de Sanidad ya dice que la transmisión importanse ocurre por aerosoles, y los protocolos deben cambiar por varios motivos. Las distancias de seguridad de 1,5 metros saltan por los aires, tendríamos que hablar de muchos metros más; las mascarillas, que se llevan de todo tipo, tendrían que ser FFP2 obligatorias, y, además, todo el tema de ventilación. Los protocolos tendrían que estar totalmente cambiados.

Yo ahora estoy haciendo una modificación de ese primer protocolo que enviaré a los centros en el que contemplo lo que se debería adaptar en ventilación, en desayuno… en muchas cosas. Si me preguntas si los centros se han adaptado a la nueva situación, te digo rotundamente que no…

 

Es otra de las cuestiones. Se ha dejado en manos de las direcciones escolares decisiones para las que no podían estar preparadas…

Por eso surge la idea del protocolo. Llevo 15 años en temas de riesgos laborales en centros educativos. De hecho he formado a mucho profesorado en temas de prevención… Tengo más o menos una idea de lo que ocurre en los centros educativos, cuáles son los riesgos… Pero fíjate, a mí me ha costado cambiar el documento así que imagínate a una persona que no tiene ni información ni formación para hacerlo. También te digo que me gustaría reconocer el trabajazo que se han pegado los equipos directivos durante este verano. Me consta que no ha habido verano prácticamente haciendo protocolos. Pero si la propia administración no cambia el protocolo a las nuevas condiciones, ¿cómo le vas a pedir a un equipo directivo que lo haga? Todos vamos a ciegas. La Administración, en este tiempo, ni ha estado ni se la espera. Y cuando aparece, lo que te dice es que no hace falta ventilar, con lo cual ya no sé que es mejor. Aquí en Andalucía y en toda España tenemos un problema por eso, que ya tenemos padres diciendo a los docentes que o cierran las ventanas como dice el consejero o te pongo una denuncia. Porque hay mucha gente que no entiende que el problema real en los centros educativos está en el aire, como en cualquier sitio.

 

Hay mucha gente que no entiende que el problema real en los centros educativos está en el aire

 

Entiendo que debería haber unos departamentos de riesgos laborales, no sé si dependientes de la administración educativa…

(Risa) Te cuento, educación tiene muchas brechas pendientes como la digital… pero es que el tema de prevenión de riesgos es una de las asignaturas fundamentales. Hay gente en las administraciones trabajando en temas de prevención de riesgos laborales. y deberían haber sido quienes sacaran los protocolos que le hubiesen servido de guía a los equipos directivos. ¿Lo han hecho? No ¿qué están haciendo? No lo sé. Ahora mismo tienen que estar haciendo el seguimiento de docentes contagiados, lo entiendo. Pero el asunto es que los hemos tenido desde marzo hasta septiembre sin hacer nada. Ya en el mes de marzo me preguntaba en redes sociales si había gente trabajando en la vuelta al cole. Hemos visto que no. Y otra cosa, este problema ha venido para quedarse bastante tiempo, que quien crea que se va a solucionar en tres meses, no va a ser así. ¿Hay alguien preparando la vuelta al cole del año que viene para que no volvamos a pasar por las mismas en cuestiones como la temperatura? Te digo que no. Eso se llama prevención… El año que viene nos enfrentamos a la misma situación. La solución es que los centros tuvieran ventilación mecánica controlada. De hecho, el reglamento de instalacioens térmicas de edificios obliga a los centros construidos desde 2008 a que tengan una ventilación mecánica controlada que permita esa aireación, ventilación del aula. Pero ¿qué ocurre con los centros anteriores? No te digo que se pongan a hacer cosas ahora con las clases, pero se debería trabajar en un plan estratégico para habilitar de una buena ventilación, para que ella, no te digo que haya riesgo 0 porque esto no va a ocurrir nunca, pero mejore. Esto va por capas de protección: el uso de mascarillas, la distancia de seguridad y la ventilación. Y si al problema de ventilación le metemos el que tenemos con las mascarillas, a lo que nadie le hace caso, nos encontramos con la tormenta perfecta.

 

Desde la crisis de 2008 caen los presupuestos de edificación y mantenimiento de centros educativos, lo que se junta con lo que comentas de las mascarillas. Estoy pensando en las de tela sobre todo…

Pues hay más. Hay, desde las mascarillas que están hechas de tela, que no cumplen con la norma UNE 1-65, pero hablamos de otras de tela que sí cumplen y se les quita el filtro para respirar mejor. O de mascarillas quirúrgicas que, de acuerdo con lo que dice el Ministerio de Sanidad, si no se respeta la higiene y, sobre todo, la distancia de seguridad, tampoco sirven en espacios cerrados. Y hablamos de mascarillas que se exceden en el tiempo de uso. Si una quirúrgica la debes llevar cuatro horas, hay alumnos que tienen la mascarilla casi desde el principio del curso. No te diré que la ventilación no sea un problema, pero ese es el problema principal. Si no hay un buen sellado respiratorio, los aerosoles salen al aire, que es lo que trata de solucionar la ventilación. Si no queremos salida de aerosoles al ambiente, una buena parte del problema nos lo quitábamos.

Hablaba con una madre el otro día que me decía que o compra comida o mascarillas. Y lo entiendo perfectamente. En la zona de Málaga vivimos del turismo, y se ha ido todo al garete. Hay mucha gente en paro y no puedes decirle a un padre que vigile las mascarillas de su hijo.

 

¿Las administraciones deberían haber hecho algo como darlas a los centros, o buscar algún topo de becas o ayudas?

Prácticamente la única inversión que han han hecho las administraciones ha sido en mascarillas e hidrogel cuando se sabe que el contagio por superficie es mucho menor que el problema de los aerosoles. Están mandando mascarillas quirúrgicas que el propio Ministerio de Sanidad no recomienda si no hay distancia de seguridad. Si se compran FFP2 al por mayor los precios serán mucho menores. Realmente, ¿los docentes están con protección en los centros? No. ¿Las administraciones se tenían que haber implicado mucho más en esto? Sí. ¿han hecho en muchas comunidades una buena inversión en el tema de limpieza de superficies? Sí, pero se ha olvidado una parte fundamental, el aire, tanto en ventilación como en mascarillas.

 

La inversión para la ventilación, no se puede hacer de golpe. Pero ¿se podían haber empezado al menos obras de reforma para la ventilación mecánica?

Claro. Yo no puedo coger ahora a los miles de centros y en tres meses arreglarlos. Los polvos arrastran los lodos. Hay incluso centros de 2008 que están teniendo problemas de ventilación. Es más, con el propio RITE establece unos límites de 900 ppm de manera que yo puedo cumplir con el reglamento pero estoy poniendo en riesgo a las personas. La propia normativa, ahora mismo, no cumpliría, porque está hecha para situaciones normales. Lo que se pretendía con ella era que el CO2 no subiera porque afecta a la concentración del alumnado, dolor de cabeza… pero ahora hablamos de contagios. Los centros que cumplen la normativa RITE no tienen por qué ser seguros, aunque seguro no hay ninguno.

 

Decías hace unos meses que más que centros seguros, deberían ser centros protegidos.

Un centro educativo no puede ser seguro porque seguro no hay nada. Pero ni cuando abrimos en septiembre. Me gusta hablar de centros protegidos porque el esfuerzo de los trabajadores de la enseñanza lo han hecho. Pero seguros, evidentemente no. La educación no es segura en el sentido de que no se dan las condiciones por unas cuestiones muy sencillas: hablamos de espacios cerrados, masificados, con mala ventilación… La tormenta perfecta.

 

Por otra parte tenemos las clases que se están dando de manera telemática, con riesgos laborales que te llevas a casa…

Problemáticas hay muchísima. Desde profesorado vulnerable al que no se le reconoce la vulnerabilidad que podría estar trabajando online; tenemos familias vulnerables o alumnado que lo es o directamente personas que tienen miedo de llevar a los hijos al centro… A estos niños no se les atiende. En principio la opción online no se ofrece de manera general. Ha tenido que venir Filomena para poner en su sitio las cosas y que se pueda hacer. Ahora mismo estamos en un índice de incidencia en Extremadura de 1.200 por 100.000. De cada 100 personas, 1.2 están con Covid. Con esta incidencia se tendría que ir a la semipresencialidad. Pero encontramos el problema de la brecha digital.

Cuando decimos que sería interesante que se permitiera esta opción, parece que trabajas menos, pero es al revés. Es casi estar 24 horas conectados. No es una conferencia de una hora, tienes que subir actividades, resolver dudas… cuando se pide se hace por cuestiones de seguridad y salud, no por comodidad, que hay mucha gente que no lo entiende.

 

Para que hubiera cierta higiene en el ámbito online, habría que marcar mucho horas de trabajo, no estar conectado 24/7… ¿qué crees tú?

De hecho, cuando tuvimos que hacer protocolos se nos pidió que trabajáramos en tres ámbitos; la presencialidad, totalmente online y el ámbito para cuando fuera una clase solo la que estuviese confinada. Realmente, lo único que ha servido a fecha de hoy ha sido la opción presencial. Existe ya una cierta normativa para regular el trabajo del profesorado; hay comunidades que han legislado sobre el tema, otras no. De hecho, en bastantes comunidades se está preparado para la opción online. Pero por lo que yo sé, lo último que se va a cerrar son los centros.

Yo parto de que la opción presencial es la fundamental en educación. Trabajas valores que no puedes a través de una pantalla. Pero no a cualquier precio. Ese es el problema. Y hay otra cosa de la que se habla poco; se habla del profesorado, del alumnado, pero no de las familias. Cuando hablo con mis alumnos se enfadan un poco porque les digo que ellos me preocupan relativamente. La mayor parte de ellos, si lo cogen el Covid, lo van a pasar de una manera asintomática o muy leve. El problema es que se lleva el virus en la mochila para su casa. Eso no se cuenta. Me parece fundamental.

 

Parece que los centros no son el lugar en el que se inician los contagios, pero sí parecen un buen lugar para esparcirlo…

En los centros hay infradetección, no se detectan los casos porque muchos son asintomáticos. Cuando se detecta algún caso no se pone en cuarentena al alumnado, solamente se pone en cuarentena a la clase en el caso de que el alumnado no lleve mascarillas, es decir, de infantil o educación especial. En el caso de secundaria o primaria lo que se hace es solo a los contactos estrechos, pero hablamos de dos metros alrededor del chaval. Pero como lleven mascarilla, volvemos al tema anterior sobre la calidad de las mascarillas y al mantra de que si la llevan no se contagian. Infradetección y escaso confinamiento y luego no se realiza rastreo.

 

Otro de los grandes problemas…

Y otra cosa sobre los datos. Un dato perfectamente torturado puede decir lo que tú quieras. Los únicos datos que realmente tenemos son los de brotes: escolares, familiares, mixtos… solo por brotes en el primer trimestre hablamos de 15.000 casos. Además, los casos por brotes suponen el 12,5% de los casos totales. Es decir, si extrapolamos esos 15.000 casos que hay, con una regla de tres, serían 130.000 contagios. Y metemos ahí también los brotes familiares. Si un alumno asintomático contagia al padre, este da síntomas, se le hace la PCR; si da positivo se le hace a la familia. Si esta lo da, se cuenta como contagio familiar.

Creo que menos Cataluña, el resto de comunidades no da los datos. Y sería bueno tenerlos para saber si lo estamos haciendo bien o no, porque nos piden que evaluemos nuestros protocolos Covid. Pero no sabemos si vamos en el buen camino y ese camino va en función de los datos. Los únicos que te venden son el número de aulas confinadas, pero como solo confinas infantil y educación especial… si lo divides entre el total de aulas que no pueden ser confinadas, te salen esos porcentajes del 1 o el 2%.

 

Pensaba que el porcentaje contaba con que cualquier aula podía ser confinada…

Para confinar un aula debe haber varios casos en la misma clase, pero se tienen que detectar y hay infradetección. Es todo dar vueltas. Por ejemplo, ahora en Benalmádena se ha cerrado un centro porque ha habido varios casos en 2º de ESO. Han puesto en cuarentena a todo 2º y a los docentes. Como no hay profesores para el resto de alumnado, han tenido que poner en cuarentena al centro. Pero es una situación excepcional. En condiciones normales, si se detecta un solo caso en una clase, ni profesores ni nada. Solo contacto estrecho, ha estado a menos de dos metros, si llevaban mascarilla, pues ya está.

 

Los datos del Ministerio no diferencian entre contagios de alumnos o docentes. Estas cifras parece imposible tenerlas…

Precisamente Cataluña lo está haciendo muy bien en eso. Unos 2.900 contagios en los últimos días en centros educativos. 2.500 alumnos y 400 profesores. Es eso lo que tendríamos que saber, para ver si lo estamos haciendo bien o mal. Si hay que cambiar los protocolos habrá que saber en qué dirección. Estamos totalmente a ciegas. Si no, muy probablemente se desmonte el mantra de que la escuela es segura.

 

También hemos visto estos meses que los centros educativos son la gran política de conciliación de todo el país…

Y estoy de acuerdo con eso. Hay alumnos vulnerables, que no podemos dejarlos tirados. Y hay padres que tienen que trabajar y dejar a sus hijos en los centros. Pero lo que hay que conjugar es precisamente los derechos de todo el mundo. Pero no se está haciendo. Los padres que optan por no llevar a los hijos al centro, los están llevando a Fiscalía por absentismo, cuando sabemos que no lo es porque no hay abandono. Si ofreciéramos, en estas circunstancias especiales que estamos viviendo, con esta incidencia, la opción de llevar a los hijos a los centros o a hacer clases online… Y tampoco se ha trabajado la estructura TIC. Se prometieron muchos ordenadores para disminuir la brecha digital del alumnado ¿dónde están esos ordenadores? No vienen.

 

Nos dijeron en el Ministerio que el medio millón de ordenadores llegarían a los centros alrededor del mes de diciembre, tres meses después del inicio de curso. Ahora, ¿dónde están los equipos?

Toda esta historia se lleva por delante a mucha gente. Pero lo que más me duele es el alumnado vulnerable… Es que se los llevan por delante, los abocamos a un fracaso brutal. Precisamente sería donde tendríamos que poner el foco. El único referentes para eso alumnado es la escuela, pero las escuelas, en el momento en el que bajas la ratio, puedes ventilar mejor, aumentar la distancia de seguridad, disminuimos el riesgo…

 

La ratio, otro de los grandes mantras sobre educación, su relación con el aprendizaje…

Aquí no estamos hablando de aprendizaje, estamos hablando de salud. Lo que está claro es que las distancias de seguridad son clave. Cuando los docentes hacemos una reivindicación parece que buscamos el beneficio propio, pero no va por ahí. El tema de disminuir la ratio este año iba para conseguir distancias de seguridad.

Hay cuatro capas de seguridad fundamentales en educación, de las cuales no controlamos dos: mascarillas, distancias de seguridad (con las ratios de ahora no funcionan), la ventilación y la higiene. Esta se leva más o menos bien, pero si quitas dos y la ventilación la disminuyes, estás desnudo frente al virus. Esto es lo que está pasando a día de hoy en los centros.

 

Te quería preguntar por los factores de riesgo psicosociales de llevar un año con pandemia. La mitad confinados y trabajando horas de más y ahora con el frío…

En prevención de riesgos laborales, la seguridad siempre ha sido importante, pero en ergonomía y riesgos psicosociales, eso sí que es la hermana pobre de la prevención, sobre todo en educación. No somos capaces de saber qué va a pasar en los próximos años o qué secuelas va a dejar. Va a dejar secuelas para cualquiera. En educación no somos capaces de imaginar las secuelas que vamos a tener en el futuro.

 

Imagimo que entre el estrés al principio, el desborde de programar la vuelta al cole, estos tres meses de miedo a ser contagiado en el centro de trabajo y la sensación de abandono, el frío…

Ahora mismo estamos en mitad de la guerra, porque esto no deja de ser una guerra biológica, pero una guerra. En mitad de la guerra, hablar de las secuelas que habrá después es difícil… Vamos a tener estrés postraumático, lo tengo clarísimo. Cuando nos relajemos y volvamos a una situación más o menos normal, aparecerán las patologías. No te diré que las tengamos como si hubiéramos estado en la guerra de Vietnam, ni mucho menos, pero que va a haberlas, totalmente.

Llevo 15 años diciendo en los cursos de formación que lso centros educativos son bombas biológicas. No le hemos hecho caso a esto. Compañeros a los que he formado me dicen ahora que se acuerdan de cuando les decía esto en las formaciones. Pasa lo mismo con la gripe y la ventilación. Ahora ponemos el foco en cuestiones que siempre han existido pero parece que ahora no exista otra cosa. Si en condiciones normales los riesgos psicosociales son brutales, pues evidentemente con esta situación… no somos capaces de evaluar cómo nos va a afectar psicológicamente a nosotros, a los docentes, pero sobre todo a los alumnos. Me pongo en su pellejo. Les pregunto cómo están, cómo llevan el frío y demás, porque las víctimas están siendo ellos. Más que nosotros.

 

Vosotros, al menos, controláis alguna de las cuatro claves que comentabas, pero el alumnado ninguna.

He impartido algún webinar sobre ventilación y ponía imágenes de la época de la gripe española y de las clases que se daban al aire libre en Nueva York. Decía que vamos a pasar frío y eso en Málaga. Pero de hablar de ese frío que íbamos a pasar a ver lo que están pasando los niños, eso es brutal. He visto a niños tiritando. Cuando me preguntas en qué condiciones damos clase, te digo que en las que se puede. ¿Crees que puedes explicar el teorema de Pitágoras en esas condiciones?

 

¿Hay manera de manejar los riesgos psicosociales para que el golpe, después de la pandemia, sea menor?

En el profesorado ha habido siempre el tema de burnout, profesor quemado. En principio, las pautas que se recomiendan para el estrés podrían llevarse a cabo. Cuando estás en una guerra no te planteas cómo estás psicológicamente, vas tirando hacia adelante. Esto me preocupa porque no estamos cayendo en los problemas psicológicos que vamos a acarrear en el futuro. Porque tampoco estamos utilizando la higiene mental, no cultivamos los espacios de desconectar. Porque cuando llegas a casa, tu hijos están estudiando, o tienes que ir al supermercado y ves lo que hay o tienes a tus padres que están enfermos… la televisión bombardeando con el tema. No existe una zona valle en la que tú puedas hacer un poco de higiene mental. Es complicado. Por eso digo que no sabemos cuáles serán las secuelas futuras.

 

¿Alguna última recomendación por ir cerrando?

España es reactiva, no preventiva y hay que ir pensando en prevención. Hay que empezar a valorar escenarios de aquí a 6 u 8 meses. No puede ser que hayan pasado cuatro meses desde el confinamiento y que hayamos llegado a septiembre en 0. Tendría que haber gente pensando la estrategia para el próximo curso. Que se soluciona esto, pues ya está, se hacen planes para tirarlos a la papelera muchas veces. El problema es llegar a septiembre próximo sin planes para la vuelta al cole. Lo veo fundamental. Y te digo, no se está trabajando en eso.

 

 

 

 

Por Pablo Gutiérrez del Álamo

Fuente

https://eldiariodelaeducacion.com/2021/01/19/en-los-centros-hay-infradeteccion-porque-muchos-casos-son-asintomaticos/

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