sábado, 20 de mayo de 2017

Investigar y emprender para innovar en educación, en la vida

Desde nuestro quehacer educativo como ÁBACOenRed, estamos convencidas/os de la necesidad de la investigación (estudio – aprendizaje) y del emprendimiento como parte esencial de todo proceso de aprendizaje significativo y actualizado (es decir: acorde con las características actuales que vivimos a nivel ‘glocal’).
Ya nadie lo duda que este aprender debe ir más allá de simples contenidos (dimensión cognitiva) y se extiende a un aprender que implica un ‘cambio de actitud’, es decir: un cambio integral en cada persona. Sin embargo, siendo sinceras/os, no podemos negar que, aún, muchos quehaceres en los encuentros entre docente y estudiantes todavía se enfocan a los contenidos principalmente. ¿No es así?
Además de resaltar la necesidad de investigar (estudiar – aprender) y de emprender, también es importante reflexionar y visualizar la relación entre el investigar, el emprender y el innovar (prosperar) en educación y la vida compartida; y esto de parte de todas/os las/os protagonistas en educación, tal como somos todas/os. Pretendemos que este breve aporte sea un insumo para el debate constructivo al respecto. Introduciéndonos La investigación es un actuar muy humano natural.
El niño o la niña, desde pequeña/o muestra una actitud investigativa basada en la curiosidad: no deja ni un momento de explorar (investigación explorativa) sus alrededores, además de, cuando ya esté más grande, ir preguntando por todo, más que todo por el porqué de las cosas. Las ganas de comprender las cosas, los fenómenos, … es inherente al SER humano, siempre y cuando sea protagonista de su propio aprender. Nos incomoda no comprender y esto nos motiva a actuar para poder entender y ‘emprendemos una investigación’.
La misma investigación, desde su proceso y considerando sus productos (nunca acabados) nos estimulan a nuevos emprendimientos, es decir: a tomar nuevas iniciativas, siempre para comprender más y mejor. Se trata de una cadena de investigación-emprendimiento. El emprendimiento implica la toma de iniciativa, no al azar, sino con el debido fundamento teórico-práctico.
Además de esta relación tan estrecha entre la investigación y el emprendimiento, también es importante reflexionar la relación entre ambos por un lado y la innovación por el otro (¿o también por el mismo lado?). No se trata de sinónimos: investigación, emprendimiento e innovación.

La innovación en educación es necesaria e imprescindible en todos sus contextos, considerando las ‘evoluciones permanentes’ que creamos, experienciamos y vivimos, cada vez con mayor frecuencia e intensidad: lo que digo hoy, puede ser que mañana ya no sea totalmente así. La innovación debe ser la norma, no la excepción, en educación. Debemos especificar también cómo significamos ‘innovación en educación’.
Hay algunas concepciones erradas1 al respecto:
1. Innovación no solo es aprender a usar nueva tecnología, sino innovación significa una forma de pensar y sentir. No se limita al (cómo) usar o no usar tecnologías nuevas. Se trata de usar la tecnología en función de mejorar el aprender. El uso de la tecnología en sí NO garantiza mejor aprendizaje, la innovación está en cómo aporta el uso de las tecnologías a una mejora significativa del aprender. Y recordemos que también puede haber muchas innovaciones sin uso de las tecnologías. Muchos colectivos docentes, al acompañar procesos de aprendizaje, son extremadamente innovadores, con o sin uso de la tecnología. La innovación se trata del pensar y sentir, más que de la habilidad en uso de tecnologías (aunque esta también es importante).
2. Innovar no es una habilidad elitista, es decir solo para una élite. Innovar implica hacer cosas nuevas y mejores, y esto es tarea de toda/o protagonista como parte de un colectivo. Innovar significa no quedarse con aquello que se maneja mejor sino irse con aquello que mejora el aprender en su propio contexto singular.
3. La innovación no es únicamente un producto. Lo innovativo está en primer lugar en el proceso que permite crear un producto nuevo. Podemos tener muchas ideas, pero hacer realidad estas ideas, es decir convertir lo ‘inédito sensible’ en lo ‘inédito viable’ para pasar a concretar estas ideas, allí está lo innovativo. Es importante crear ideas innovadoras, sin embargo, también se debe llevar a concretar creativamente estas ideas. El protagonismo nos lleva a ser autoras/es de nuestros propios escenarios, cada vez de una manera más creativa / innovadora.
4. Ser innovador/a o no, NO es un asunto de cada quien, sino es un esfuerzo colectivo. Esta actitud se va construyendo desde un ambiente innovador, un ambiente que fomenta el pensar y sentir creativamente, la toma de iniciativa, la búsqueda de datos y la construcción de información relacionada, el compartir ideas y concretarlas a través del emprendimiento, también siempre compartido.
¿Qué comprendemos por ‘innovación en educación’? En educación, en ocasiones – como ya mencioné antes –, limitamos la concepción de la innovación al emprendimiento en cuanto a contenidos (actualizados) o a aspectos metodológicos (cómo trabajar los contenidos). En ambos casos se perfila un ‘peligro’ muy importante y de mucho peso: quedarnos con un enfoque cognitivo (conocimiento) y no alcanzar una visión integral del aprender que implica el cambio de actitud. En este cambio de actitud se integran, además de una dimensión cognitiva ya mencionada, al menos 15 dimensiones más (la político-ideológica, la ética, la estética, la volitiva, la bio-energética, la afectiva, la conductual, la psico-motora, la cívica, la social, la lúdico-artística, la históricocultural, la biológica, la económica, …) que deben trabajarse desde el emprendimiento protagonista para la innovación educativa. En este sentido, la ‘innovación en educación’ significa un proceso basado en una actitud que implica la búsqueda creativa (investigación), validación (emprendimiento) y concreción oportuna de alternativas didácticas (metodologías, formas de organización, técnicas, relaciones pedagógicas, …) orientadas a la mejora continua de la práctica educativa. Y esto significa ‘educar para transformar, transformar para educar’ , significa comprender el aprender como un cambio de actitud, integrada por cada una de sus 16 dimensiones, presentes en cada protagonista de nuestra educación.
Emprender para innovar Tal como ya lo mencioné en el inciso 4, para que esta innovación educativa sea posible debemos emprender: la innovación depende del emprendimiento en y desde los contextos singulares. ¡No hay innovación posible sin emprendimiento! Aprender implica un emprendimiento. Emprender significa tomar iniciativas para concretar ideas compartidas para la mejora sustancial de la educación, siempre desde y en un contexto singular. Investigar para emprender Si queremos evitar que este emprendimiento no solo se basa en la intuición, entonces debe basarse en las experiencias que resultan de procesos de investigación.
No se trata de cualquier proceso de investigación, sino procesos caracterizados por3 una intencionalidad científica que implica pretender captar la realidad desde su totalidad (holisticidad), con un enfoque sistémico. La intencionalidad científica implica garantizar la objetividad, no la objetividad absoluta, ya que no existe, sino la objetividad subjetiva, es decir: la objetividad que integra la subjetividad como parte esencial de la realidad, y como consecuencia lógica, entonces, también de las verdades a construir. En este proceso es esencial y fundamental ‘la metodología sistemática’ y la ‘visión holística’.
Una política orientada a la innovación educativa que se concreta a través del emprendimiento, basado en investigación, pasa por una Pedagogía de la Significación en, al menos, 5 diferentes sentidos que surgen desde el proceso de investigación:
1. Significar el contexto local, nacional e internacional;
2. Significar el sentido de esta política orientada a la innovación educativa en coherencia con un proyecto político-pedagógico a nivel nacional;
3. Significar la intención del emprendimiento en cuanto a aporte en la innovación educativa (destacando y visualizando claramente el aporte teórico, aporte práctico y lo nuevo pretendido);
4. Visualizar el significado inter-subjetivo, es decir ‘el sentido’ del emprendimiento para cada una/o de los sectores involucrados;
5. Significar las relaciones cooperativas necesarias para llevar a cabo una investigación, un emprendimiento, una innovación. El emprendimiento orientado a la búsqueda de ‘metodologías alternativas’ (metodologías que constituyen la alternativa ideal en un determinado contexto) es fundamental.
La calidad educativa se define en primera, aunque no única, instancia por la ‘metodología’ (igual como lo es en el caso del trabajo político-ideológico, de la investigación científica, …). Un problema sentido serio está en la concepción muy limitada que le damos a ‘metodología’ como un conjunto de técnicas de aprendizaje a aplicar con estudiantes / protagonistas en el trabajo con determinados contenidos y en el contexto de una asignatura. Sin embargo, ‘metodología’ implica mucho más que esto. Abordo, a continuación, algunos aspectos, directamente relacionados e integrados al ‘asunto metodológico’ sin pretender ser exhaustivo: La visualización de qué se persigue (el objetivo del emprendimiento, su aporte a la innovación), pero también el CÓMO se define este objetivo. ¿Cuál es su fundamento (investigación previa)? ¿Cuál es el nivel de participación de los sectores involucrados? ¿Cómo participan? ¿Cómo se toman las decisiones al respecto? Si es en el aula de clase, ¿cómo integrar las expectativas, los objetivos de estudiantes / protagonistas en cuanto al aprender? … El reconocimiento sincero y respetuoso de la diversidad en los sujetos, en las y los protagonistas, en las/os actoras/es involucradas/os. ¿Cómo se integrará en la acción a emprender esta diversidad con el debido respeto y pretendiendo más bien un profundo disfrute de esta diversidad? ¿Cómo lograr la unidad (alrededor de la acción a emprender) desde la diversidad? ¿Cómo lograr que las y los protagonistas no sean solamente actoras/es que juegan un papel sugerido, aunque sea importante, sino también se conviertan en autoras y autores de la acción emprendedora y por consiguiente de la concreción de la misma política orientada a la innovación en educación? … ¿Y el contexto, el ambiente? ¿Cómo crear un ambiente estimulador y de confianza entre protagonistas involucradas/os para desarrollar la actividad emprendedora? ¿Qué hay que hacer para crear este ambiente? ¿Qué características debe tener? ¿Cuáles serían factores internos y externos a tomar en cuenta? ¿Cuáles tendrán un efecto facilitador y cuáles podrían tener un efecto más bien inhibidor u obstaculizador? … ¿Cuáles serían las técnicas de aprendizaje más oportunas de cara al objetivo compartido? ¿Cómo preparar, planificar, organizarnos, desarrollar, valorar críticamente y sistematizar la aplicación de estas técnicas? ¿Cómo se interrelacionan? ¿Qué ambiente (ver punto anterior) requieren para una aplicación con calidad? ¿Cómo garantizar un enfoque de PROCESO con la debida calidad y con valor educativo en sí (el aprender en camino), además de orientarse a la construcción de un aprendizaje de calidad como producto también? … ¿Cómo ir construyendo el equilibrio entre la dinámica del proceso (velocidad), los niveles de familiarización de las personas involucradas con la temática a trabajar y la metodología a desarrollar y el nivel de profundidad alcanzable en el aprender?
Se trata del debido aprovechamiento del tiempo (para todas/os las/os protagonistas, posiblemente en ritmos diferentes), coherente con un nivel de profundidad deseado. Este punto es esencial para mantener viva el nivel de motivación de cada persona relacionada con el proceso de aprendizaje. ¿Cómo integrar constructiva y oportunamente las, cada vez más nuevas, tecnologías como soporte en el proceso de aprendizaje? … ¿Cómo trabajar la necesaria actitud que nos permita distinguir entre los simples DATOS y la INFORMACIÓN a construir? ¿Cómo lograr que esta información construida se convierta en CONOCIMIENTO primero y posteriormente en un APRENDIZAJE de calidad (cambio de actitud)? … …
Hasta aquí estos comentarios relacionados con ‘investigar y emprender para la innovación educativa’, basándonos en aportes desde una Pedagogía de la Significación y profundizando en lo que significa una concepción amplia y profunda de ‘metodología’, más allá de la aplicación de un conjunto de técnicas de aprendizaje.



Autor
Dr.C. Herman Van de Velde
herman@abacoenred.com 15 de mayo 2017,
Estelí, Nicaragua


viernes, 19 de mayo de 2017

LA UTILIDAD DE LOS CONOCIMIENTOS INÚTILES
Y es que una de las razones principales del fracaso de la educación actual en todos sus niveles lo constituye, sin lugar a dudas, su afán utilitarista y pragmatista.



En un mundo en que el “saber hacer” es el objetivo principal de la educación para garantizar un mínimo de empleabilidad y desempeño laboral, cualquier actividad o idea que se plantee es considerada superflua y estorbosa.
Gran parte del éxito del libro La utilidad de lo inútil del filósofo italiano Nuccio Ordine, radica no sólo en demostrar que la mayoría de ideas, actividades y obras científicas y artísticas se elaboraron sin pensar en una utilidad inmediata y práctica, sino que, al ser producto de la curiosidad y las inquietudes individuales, no necesitaron ninguna otra justificación que la satisfacción de encontrar o descubrir explicaciones o expresiones estéticas de la naturaleza o de la humanidad que antes no existían o sólo se vislumbraban como atisbos.
Y es que una de las razones principales del fracaso de la educación actual en todos sus niveles lo constituye, sin lugar a dudas, su afán utilitarista y pragmatista. Y hablo no sólo de los responsables de dicha educación sino de toda la comunidad educativa en la que los padres de familia ocupan el lugar más destacado. ¿En qué va trabajar mi hijo si estudia alguna de esas carreras que no sirven para nada?, es la pregunta que la inmensa mayoría de padres se formula cuando las o los jóvenes están pensando estudiar algo relacionado con las humanidades, las ciencias sociales o las artes.
Cuando se reduce la educación a la adquisición de competencias puramente laborales e instrumentales, no sólo se la despoja de su principal objetivo, esto es, la formación para alcanzar la plena humanidad y la constitución como sujeto ético y político, sino que convierte al educando en una máquina de producción material y económica cuya visión del mundo se reduce a verlo como un inmenso supermercado, y las relaciones consigo mismo a una ávida contabilidad de ingresos y egresos.
El libro de Ordine abunda en citas y situaciones en las que se da cuenta con argumentos y, pese a lo paradójico que pueda sonar, con hechos y resultados concretos, las ventajas de los conocimientos, ideas y obsesiones que en principio pudieron ser inútiles pero que terminaron siendo fundacionales y determinantes para el desarrollo de las ciencias, la filosofía y las artes. Veamos tres ejemplos.
En Cien años de soledad, el coronel Aureliano Buendía, cansado de dirigir guerras que nunca terminaban porque sin ellas el país perdería su identidad nacional, decidió dedicarse a fabricar pescaditos de oro:
Con su terrible sentido práctico, ella (Úrsula) no podía entender el negocio del coronel, que cambiaba los pescaditos por monedas de oro, y luego convertía las monedas de oro en pescaditos, y así sucesivamente, de modo que tenía que trabajar cada vez más a medida que más vendía, para satisfacer un círculo vicioso exasperante. En verdad, lo que le interesaba a él no era el negocio sino el trabajo
En el Libro del té, dedicado a describir las implicaciones para la cultura japonesa de la ceremonia del té, en la que la preparación de los arreglos florales, el kimono, la caligrafía, etc., le exige a quien la realice años de preparación e incluso toda la vida,  el escritor Kakuzo Okakura señala cómo algo tan inútil como es el gusto por las flores, nos pudo llevar no sólo a elevarnos en la escala evolutiva, sino a crear la más inútil de las artes pero sin la cual no podríamos vivir: la poesía.
Al ofrecer a su amada la primera guirnalda, el hombre primitivo se eleva sobre la bestia; saltando sobre las necesidades burdas de la naturaleza, se hace humano; percibiendo la sutil utilidad de lo inútil, entra en el reino del arte
Un agudo intérprete de las relaciones entre literatura y ciencia, Italo Calvino, considera que nada es más importante que las “actividades que parecen absolutamente gratuitas”:
Muchas veces el empeño que los hombres ponen en actividades que parecen absolutamente gratuitas, sin otro fin que el entretenimiento o la satisfacción de resolver un problema difícil, resulta ser esencial en un ámbito que nadie había previsto, con consecuencias de largo alcance. Esto es tan cierto para la poesía y el arte como lo es para la ciencia y la tecnología
En un mundo en que el “saber hacer” es el objetivo principal de la educación para que se pueda garantizar un mínimo de empleabilidad y desempeño laboral, cualquier actividad o idea que se plantee sólo por el placer de la imaginación o de la utopía, es considerada superflua y estorbosa.
Sin embargo, una educación que no tiene en cuenta o prescinde del vagabundeo intelectual y del extravío creativo, no sólo formará empleados uniformizados y homogéneos, sino tal vez, y quizás esto es lo más importante, seres tristes, frustrados y abúlicos.
Conviene, entonces, una escuela y una universidad en las que no se tengan obligaciones sino sólo oportunidades; en las que cada estudiante disponga de su tiempo y de su energía como le plazca: enfrascado en sus propios intereses y asuntos; en las que los docentes puedan trabajar con uno u otro profesor según acuerden de forma individual; o puedan trabajar solos, consultando de vez en cuando a cualquiera que consideren que les puede ayudar, de tal forma que las personas con ideas (estudiantes y profesores), disfruten de condiciones favorables para la reflexión y el diálogo. Estoy seguro de que, pese a algunas limitaciones materiales o sociales de las instituciones educativas, sus miembros estarían demasiado ocupados y demasiado contentos para darse cuenta.
En el fondo no estoy diciendo nada nuevo. Las grandes experiencias y propuestas pedagógicas, desde Sócrates y Makarenko, pasando por Summerhill y el sistema educativo finlandés, hasta John Dewey y Paulo Freire, no han dejado de considerar la imaginación, el arte y la especulación filosófica como los núcleos básicos de cualquier proceso de formación. Y si no es así, pues que vengan de una vez las máquinas y los robots y nos reemplacen, al fin y al cabo, ellas son infinitamente más eficientes y objetivas que nosotros.


Por: Jairo Hernando Gómez Esteban
Fuente artículo: https://compartirpalabramaestra.org/columnas/la-utilidad-de-los-conocimientos-inutiles

jueves, 4 de mayo de 2017

APRENDER A CUESTIONARSE LA INFORMACIÓN

Continuando en la línea de mi anterior post sobre gamificación, hoy deseo poner en cuestión la novedad del llamado Critical Thinking. De nuevo, en vez de juego, gamificación, en vez de correr, running…. pero, en este caso, ¿qué es lo que teníamos en vez de Critical Thinking? ¿y en qué consiste el Critical Thinking?

Desde hace años, se viene indicando la necesidad de que los alumnos aprendan a aprender, hace ya mucho tiempo que la información está en la red, disponible para todos y, por lo tanto, no resulta tan importante el contenido cómo la forma de acceder a él y la capacidad de distinguir lo fundamental de lo accesorio, lo real de lo inventado o las fuentes fiables de las no fiables. Es decir, el estudiante tiene toda la información en internet, pero debe saber buscarla, discernir y decidir sobre su relevancia, para ser capaz de escoger la adecuada, de un modo crítico.
El Critical Thinking, o pensamiento crítico, supone el desarrollo de diferentes habilidades en los alumnos, entre otras, ser capaz de:
  • Analizar
  • Reflexionar
  • Formular preguntas
  • Discernir la fiabilidad de fuentes
  • Definir
  • Explicar
  • Decidir
En esta ocasión, no considero que se esté añadiendo gran contenido a una idea ya existente. Creo que se le está dando un nombre anglosajón, lo que lo hace más atractivo, y pienso que, quizás, en este caso, para lo que sirve esta nueva metodología es para aunar y aglutinar diferentes ideas y pinceladas que se encontraban presentes en la mente de muchos docentes, sin llegar a conceptualizarse y sistematizarse.
Además de eso, estimo que la aportación más interesante del Thinking hace referencia a ofrecer ideas sobre cómo desarrollar esa actitud crítica y esa reflexión en nuestros estudiantes desde el aula. En este sentido, algunas indicaciones al respecto suponen que el profesor debe:
  • Promover la reflexión con preguntas abiertas y hacer que los alumnos se cuestionen el contenido. No hay que creer todo lo que se lee y no todo lo que se nos explica tiene que ser blanco o negro, existen tonos intermedios. Mediante actividades de búsqueda de contenido, por ejemplo, se les puede ayudar a distinguir entre la objetividad y la subjetividad en las informaciones, así como a discernir su relevancia y la fiabilidad de las fuentes.
  • Crear un ambiente motivador en el que el alumno desee aprender, despertando su interés e incentivando su curiosidad, al mismo tiempo que se fomenta su creatividad e imaginación.
  • Conducir a los alumnos hacia su propio aprendizaje, favoreciendo su autonomía y actuando como intermediarios y no como transmisores de contenido, como guías hacia la construcción de su propio conocimiento.
  • Colaborar en el autoconocimiento de los alumnos, ayudándoles a aprender a aprender y a aprender a pensar. No todos los estudiantes tienen los mismos estilos de aprendizaje ni las mismas estrategias o técnicas. Debemos ayudarles a encontrar su propio camino hacia el aprendizaje. Al mismo tiempo, desarrollarán los sentimientos de empatía y tolerancia, implementando la colaboración y la cooperación entre los estudiantes, así como su capacidad de superación de la frustración y del estrés, mediante el autoconocimiento, destacando la importancia de ser positivo y abierto ante nuevos retos y dificultades que se les presenten en la vida, tanto personales como laborales.
Como ejemplos concretos para el aula, se aportan, entre otras, ideas como:
  • Contrastar noticias actuales procedentes de diversos medios, viendo distintos programas de televisión o escuchando diferentes programas de radio – para comparar puntos de vista y enfoques.
  • Establecer debates sobre temas de actualidad e interés para los alumnos – para promover la tolerancia, la empatía, el debate, la escucha activa y el respeto por opiniones diferentes a las propias.
  • Analizar páginas web y otras fuentes – comparando referencias, siendo capaces de valorar su importancia y credibilidad.
  • Definir términos y presentar contenidos oralmente por parte de los alumnos – para crear y construir un contenido propio de calidad, aportando ideas, redactando y explicando de forma adecuada, sea por escrito o de forma oral.
  • Preparar preguntas de examen por parte de los estudiantes – para involucrarlos en su propio aprendizaje, haciéndolos partícipes del mismo, promoviendo la autoevaluación y la valoración del contenido proporcionado, distinguiendo lo principal de lo secundario.
  • Analizar imágenes, fotos o lenguaje no verbal – para desarrollar diferentes estilos de aprendizaje y conocer diferentes estrategias de estudio, acercándoles el arte y haciéndoles conscientes de que el aprendizaje no solo se produce a través de la palabra.
  • Usar metodologías como el aprendizaje cooperativo, la clase invertida, la resolución de problemas o el aprendizaje por proyectos– para fomentar el diálogo, el debate, el aprendizaje por descubrimiento y la autonomía.
Creo que el fin último de cualquier metodología hoy en día debe ser la autonomía. Esa es la pieza fundamental que falta en el puzzle, los alumnos de hoy estudian para profesiones que aún no existen. Por lo tanto, no deberían estudiar para ellas, deberían prepararse para ellas, prepararse para lo impredecible y lo novedoso, sin hundirse al enfrentarse a nuevos retos y a adversidades. Eduquemos a los alumnos para la vida real, una vida que aún no sabemos cómo va a ser, eduquémoslos y preparémoslos para lo impredecible y proporcionémosles las herramientas para un aprendizaje continuo, autónomo y equilibrado.



Por: Ingrid Mosquera Gende
Fuente artículo: http://blog.tiching.com/critical-thinking-aprender-cuestionarse-la-informacion/


lunes, 1 de mayo de 2017

SIN TENACIDAD, EL TALENTO Y LA SUERTE SON INÚTILES

 Alcanzar un sueño, lograr una meta o conseguir un propósito vital no siempre depende de la suerte. Los auténticos héroes tienen la maestría de la paciencia, el doctorado en la tenacidad y la virtud de la insistencia. Porque quien crea lo contrario se equivoca: hay que luchar por lo que se quiere y quien no lo haga no merece lo que desea.

En la actualidad, son muchos los sociólogos y filósofos que nos advierten de algo muy concreto: estamos inmersos en la cultura de la falta del esfuerzo, de la ausencia de tenacidad. Para justificarlo, argumentan que vivimos un presente regido por la gratificación inmediata, ahí donde las redes sociales o la sociedad del consumismo nos hacen creer que existe un camino fácil y rápido hacia el éxito.
Si bien es cierto que en una determinada época de nuestra vida puede alimentar la creencia de que todos los sueños tienen atajos o caminos cortos, siempre llega un instante en que la realidad nos abre los ojos con un jarro de agua fría. Ese momento en nuestro ciclo vital es como una inflexión, un cruce de caminos decisivo y determinante.
La tenacidad psicológica, expresada en muchas ocasiones como resiliencia, es la mejor estrategia que podemos aplicar en estos casos. Estamos ante una herramienta de crecimiento personal donde confluyen múltiples procesos emocionales y cognitivos en los que invertir tiempo y esfuerzo. Lo que de ella podemos obtener, no tiene límites. Te proponemos profundizar en este tema tan útil como enriquecedor.
Los auténticos héroes tienen la maestría de la paciencia, el doctorado en la tenacidad y la virtud de la insistencia.

La adversidad y la tenacidad intelectual

Simon Sinek es un escritor, motivador británico y experto en liderazgo que expuso una serie de hechos en una entrevista sobre los Millenials (generación nacida a partir de 1984) que se convirtió, al poco, en viral. Según este autor, nuestros jóvenes son ese grupo poblacional brillantemente preparado a quienes se les prometió éxito y felicidad. Sin embargo, el actual mercado laboral dista mucho de poder dar respuesta a estas expectativas.
La insatisfacción y la falta de un proyecto vital determinan que los índices de depresión sean cada vez más elevados entre todos estos chicos con edades comprendidas entre los 20 y los 33 años. Por otro lado, y según el propio Simon Sinek, a ello se le suman otras dimensiones que intensifican aún más esta realidad social y psicológica: adicción a las redes sociales, la baja autoestima, la poca resistencia a la frustración y la falta de paciencia y tenacidad.
Ahora bien, queda claro que hay muchas diferencias personales entre nuestros jóvenes. Los hay perseverantes, exitosos, tenaces y también quienes se sumen en su universo de pasividad. Sin embargo, existe un dato que admite poca réplica: la sociedad actual exige ahora aptitudes distintas a las de hace solo unos años; unas aptitudes que todos -jóvenes y no tan jóvenes- tenemos que tener desarrolladas en alguna medida si queremos ser competitivos.
Porque los conocimientos instrumentales no bastan, como tampoco bastan los títulos, los idiomas, las experiencias, los deseos incluso las ganas. Nada de esto es suficiente si no somos TENACES.
Son muchos los estudios psicológicos que nos señalan algo importante que debe servirnos de aliento: los tiempos difíciles aumentan la tenacidad intelectual. Según un trabajo publicado en la revista “Current Directions in Psychological Science”, la adversidad es ese desafío vital que tarde o temprano nos empuja a todos nosotros a desarrollar nuevas estrategias de afrontamiento.
Es ese bache en nuestro sendero vital donde abrir más la mirada para dejar a un lado nuestros entornos cotidianos, nuestra zona de confort y el derrotismo. Son instantes en que solo cabe un tipo de respuesta: ser valientes.
A continuación, te explicamos cómo ponerlo en práctica.

La tenacidad intelectual y la mente virtuosa

La tenacidad intelectual marca la diferencia entre el éxito y el fracaso, entre el cumplimiento de los objetivos vitales y la frustración. Muchos equiparan esta dimensión a una virtud, a una especie de entidad divina que a algunos les viene de fábrica. No es así. La tenacidad es un valor, de hecho, hay quien la aplica ya en su día a día porque así se la inculcaron sus padres. Otros, en cambio aprendieron a desarrollarla por sí mismos como otra dimensión más de su propio crecimiento personal.

domingo, 2 de abril de 2017

LA IMPORTANCIA DE EVALUAR LA PRÁCTICA DOCENTE

La evaluación del trabajo docente debe cumplir algunos pasos, como no tener consecuencias laborales o servir para la búsqueda e implementación de mejoras en la práctica.
La evaluación de la calidad de la educación ha aumentado su presencia en los últimos años de manera muy notable. Han proliferado diversos sistemas de calidad así como las pruebas externas de rendimiento del alumnado. Siguen siendo, sin embargo, poco frecuentes las experiencias de evaluación de la práctica docente, lo que no deja de sorprender ya que constituyen la pieza esencial del proceso. Los factores de calidad del centro -liderazgo, participación, comunicación, planificación de los proyectos pedagógicos- son fundamentales en la medida en que favorecen las condiciones necesarias para que los procesos de aula se desarrollen de la mejor forma posible. Pero la influencia directa sobre los alumnos y alumnas se produce en la interacción que tiene lugar durante las actividades de enseñanza y aprendizaje. Si no llegamos a desentrañar la actividad diaria de la clase, difícilmente podremos entender las causas de los resultados de aprendizaje de los estudiantes.

Es fácil, no obstante, comprender por qué se produce esta contradicción. El aula se vive, al menos en nuestro sistema educativo, como un espacio privado. Los docentes no estamos acostumbrados a que otras personas estén presentes en nuestras clases. Por otra parte, nos cuesta entender que la evaluación de la práctica que realizamos no es un cuestionamiento de nuestro trabajo sino una herramienta para su mejora. La falta de cultura de este tipo de evaluación lleva a vivirla como una amenaza personal. Hay que tener en cuenta, por último, que valorar la actividad docente es más difícil que evaluar otros procesos. No es de extrañar, por tanto, que sea una práctica poco frecuente, que, sin embargo, cuando se lleva a cabo resulta de gran valor.
Poner en marcha un proceso de este tipo implica ante todo aclarar cuál es su función: decir para qué queremos evaluar la actividad docente y qué se va a hacer con la información obtenida. El uso fundamental es, sin duda, la mejora de esta práctica. No se trataría por tanto de una vía para extraer consecuencias laborales de la evaluación. Ese uso, si bien es por supuesto legítimo, no tiene sin embargo por qué mezclarse con la función formativa. Los docentes que se implican en un proceso de esta naturaleza deben tener claro que no tendrá repercusiones laborales si queremos que confíen y colaboren en su desarrollo.
Esta confianza implica asimismo utilizar un procedimiento que garantice que la información recogida permite valorar la complejidad de la actividad que realizan los docentes. Ello supone partir de un modelo explícito de buena práctica y hacer converger distintas fuentes de información y técnicas de evaluación tanto cuantitativas como cualitativas. Al definir las dimensiones que van a ser objeto de análisis, se dibuja un modelo de buena práctica docente que los profesores tienen que compartir como una meta deseable, independientemente de que su tarea diaria se corresponda en mayor o menor medida con él. Las prioridades que se establecen en el conjunto de las dimensiones guiarán después el plan de mejora.
La evaluación debe recoger la perspectiva del conjunto de los colectivos implicados en los procesos de enseñanza y aprendizaje: alumnado, familias, responsables académicos y el propio docente. Por supuesto, no todos ellos pueden valorar las mismas dimensiones, pero cada uno aporta una visión específica y complementaria que contribuye a enriquecer la comprensión de la práctica analizada. La valoración de familias y estudiantes suele hacerse a través de cuestionarios, pero resulta muy valioso completarla, si es posible, con algún grupo de discusión. El autoinforme que realiza el docente cuya actividad se evalúa le ayuda a tomar conciencia y a sistematizar su propia visión, que puede luego contrastarse con la que ofrecen el resto de los instrumentos. La observación del trabajo en el aula, realizada por expertos externos al centro o por otros compañeros cuando la cultura de la evaluación se ha asentado en la institución- es una pieza esencial del proceso de evaluación. La observación requiere de una guía elaborada a partir de las dimensiones del modelo de buena práctica y resulta mucho más útil cuando se completa con el análisis de los materiales y pruebas de evaluación que utiliza el docente. Asimismo, es necesario recoger el punto de vista de las figuras que coordinan los equipos de los que forma parte el profesor o profesora cuya práctica se está valorando: director y/o jefe de estudios, coordinador de ciclo o director de departamento didáctico. En este caso, la técnica más adecuada sería la entrevista individual o colectiva.
Se trata, sin duda, de un enorme esfuerzo que sólo tiene sentido si la información que se obtiene de esta multiplicidad de procedimientos se pone al servicio de la elaboración de un Plan de Mejora. El apoyo a esta fase de planificación es tan importante como el de la recogida de datos. Es ingenuo pensar que un centro que no tiene tradición evaluativa y que está sometido a la presión de falta de tiempo que caracteriza a todos los colegios e institutos vaya a poder llevar a adelante la elaboración de un Plan de Mejora que aproveche al máximo la evaluación sin un protocolo claro de actuación. Junto con un cronograma realista, la clave está en combinar la reflexión individual con la colectiva. Cada docente debe analizar sus resultados a la luz del conjunto de los de su ciclo, etapa y/o departamento. Los datos personales basta con que sean conocidos por el propio docente y la dirección del centro. El resto puede presentarse en un informe con resultados globales. Todo docente debe identificar dos o tres mejoras en su práctica y estas han de analizarse con los compañeros de curso o etapa, configurando así un Plan de Mejora conjunto.
El curso pasado, en los tres centros de FUHEM se llevó a cabo una evaluación que reúne las características descritas, inserta en un marco más amplio en el que se ya se contaba con información de los procesos de centro y del rendimiento académico del alumnado. La valoración de los docentes del proceso ha sido muy positiva. Consideran adecuados los procedimientos y creen que la información recogida ofrece una imagen ajustada y les resulta útil para mejorar su práctica. En este momento se encuentran inmersos en la elaboración del Plan de Mejora con un apoyo constante y sólido de las figuras de liderazgo del centro. Cuando a su vez se vayan evaluando periódicamente su puesta en marcha, tendremos el indicador más valioso del grado en el que la evaluación haya cumplido su función.



Fuente: http://eldiariodelaeducacion.com/blog/2017/03/29/la-importancia-de-evaluar-la-practica-docente/
Por: Elena Martín

Doctora en psicología por la Universidad Complutense de Madrid. Catedrática de psicología evolutiva y de la educación en la Universidad Autónoma de Madrid.


domingo, 26 de marzo de 2017

EDUCAR ES ENSEÑAR A PENSAR

¿Qué significa educar? ¿Cuál es la función de los docentes dentro de la educación? Las respuestas a estas preguntas podrían en principio parecer obvias aunque si se reflexiona sobre cómo es el funcionamiento del actual sistema educativo la obviedad no es tanta.

Si atendemos a las bases de los modelos educativos de los distintos países, que salvo excepciones son prácticamente los mismos, vemos que estos están basados en unas series de premisas. Por ejemplo, advertimos que una de ellas es que la educación debe fundamentarse en la respuesta. Esto quiere decir que se transmiten una serie de conocimientos que el alumno debe incorporar. La persona, de este modo, irá adquiriendo una cultura y en definitiva unos contenidos que le serán supuestamente útiles a lo largo de la vida.
Conocer la tabla periódica de los elementos, el volcán más alto de Nicaragua o los ríos más importantes de China es algo muy recomendable y son materias que deben ser enseñadas por los sistemas educativos. El problema surge cuando el sistema basa por completo la educación de los ciudadanos en las respuestas y en la absoluta memorización de contenidos y no en la reflexión.
Tenemos una educación basada en la respuesta y no en la pregunta, y la respuesta es, como decimos, el principal pilar o premisa de nuestros modelos educativos. Se nos enseñan contenidos, los memorizamos para posteriormente olvidar muchos de ellos y sin embargo no se nos instruye desde la pregunta. Y es que la pregunta, al contrario de la respuesta, moviliza al pensamiento y lo expande, no lo constriñe, posibilitando así que el alumno reflexione y explore posibilidades. Con la respuesta todo viene dado, en cambio, mediante la pregunta, se activa nuestro pensar: no el pensar de los demás sino el mío propio.
Tenemos ya pistas de por qué la educación no se basa en el “arte” de la pregunta sino en las respuestas, pistas que nos conducen a la conclusión de que el sistema no busca ciudadanos reflexivos con pensamiento autónomo sino todo lo contrario: busca personas sin capacidad para la crítica ni el cuestionamiento. Porque pensar es también cuestionar: pensar es no aceptar intelectualmente cualquier idea por el hecho de formar parte de la tradición, la cultura, la política o la religión de una zona. Pensar es reflexionar sobre cualquier cuestión de forma autónoma, es poder realizar un análisis personal manteniendo la autonomía, y la autonomía y la libertad es algo que no gusta a los poderes fácticos, tanto es así que, como decimos, el que debería ser el pilar educativo -la pregunta- no lo es y en cambio aquello que son aspectos secundarios -como la memorización- pasan al primer plano.
No se nos enseña a hacer preguntas, no se nos instruye en el hacernos preguntas para nosotros mismos porque lo que se busca son justamente ciudadanos que no piensen, personas que no expandan sus mentes; justo al revés: se pretende construir seres simples mentalmente y sin capacidad de crítica. La misión de estos futuros adultos dentro de la sociedad no será pues el cuestionarse todo: el sistema económico, el tipo de organización social, la legislación, el reparto de la riqueza…no será esta nuestra función sino otra distinta, el aceptar todo aquello que se nos diga ya que los futuros adultos no podrán vislumbrar alternativas a lo fáctico debido a que no se les ha enseñado ya de jóvenes a preguntarse y a pensar sino a dejar de hacerlo. De esta forma el sistema logra “fabricar” una sociedad que no se cuestiona nada, consigue construir ciudadanos sumisos ya que desde pequeños se nos aparta del arte de la pregunta y por tanto del pensamiento.
Tenemos pues que desde el sistema no se busca fomentar el pensamiento sino lo contrario, que se deje de pensar; y partiendo de estas premisas, de las premisas de una educación no basada en el pensamiento sino en la mera memorización de contenidos el resultado no puede ser otro que unos ciudadanos sin capacidad de crítica y análisis, ciudadanos que no cuestionarán nada sino que sencillamente aceptarán lo que se les diga y también cualquier sistema social injusto.
Pero hemos convenido que educar -o mejor dicho la verdadera educación- no es simplemente el obligar a memorizar, es mucho más: es formar a individuos, en efecto, con capacidad crítica y reflexiva, personas que se hagan preguntas, que se cuestionen, ciudadanos creativos que puedan aportar soluciones y conclusiones propias…seres con autonomía que puedan realizar un examen de cualquier situación y también un autoexamen; en definitiva, seres capacitados y libres. Porque pensar, algo que cada vez es menos frecuente, nos hace libres: libres en cuanto a poder elaborar un pensamiento crítico y propio y libres en cuanto a poder desarrollar nuestras capacidades evitando convertirnos así en puros autómatas.
Será por tanto la responsabilidad y tarea del docente formar al alumno no en la memorización -que también será necesario pero nunca el fundamento- sino en la reflexión y en la creatividad, porque estas nos hacen libres. Deberá el maestro, sí, ser un amigo que colabore y busque la expansión de las mentes de sus alumnos y no su constreñimiento, ser un guía que fomente la creatividad y el cuestionamiento; en pocas palabras: alguien que enseñe a pensar y por tanto a ser libre.



Por: Vicente Berenguer
Fuente: http://www.cubaperiodistas.cu/index.php/2017/03/educar-en-ensenar-a-pensar/
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