domingo, 10 de febrero de 2013

El desvanecimiento del sentido de la educación escolar: causas y síntomas

Es observable en las escuelas una pérdida en el sentido asignado a la educación escolar ¿Para qué? ¿Cómo? ¿Por qué? Son algunas de las preguntas que circulan ¿Cuál es el origen de esas dudas? ¿Qué síntomas podemos observar de este fenómeno? Los siguientes párrafos hacen su aporte a la discusión.




¿Cómo se manifiesta esta pérdida progresiva del sentido de la educación escolar? ¿Qué factores, qué causas, están en su origen? Intentar responder en detalle a estas preguntas nos alejaría en exceso de nuestro foco, porque las causas son profundas y las manifestaciones muy diversas. Nos limitaremos, por lo tanto, a hacer algunas anotaciones al respecto.


Empezando por las causas, deberíamos referirnos a toda una serie de fenómenos y procesos asociados al nuevo escenario de la sociedad de la información que han sido ya analizados en repetidas ocasiones y en los que no hace falta que nos detengamos de nuevo aquí: la globalización o mundialización de la economía y del comercio; los movimientos migratorios masivos y los cambios demográficos; la diversidad multicultural y multilingüe como un rasgo destacado de las sociedades actuales –y probablemente de todos los tiempos, añadiríamos por nuestra parte–; los cambios en la estructura del mercado de trabajo (precariedad, movilidad, predominio del sector servicios, etc.); el apogeo de la cultura del espectáculo; el tránsito de una economía de consumo a una sociedad de consumo; la rapidez con la que se producen y se suceden los cambios en la economía, la ciencia, la tecnología, la política; la ausencia de referentes estables propia de la modernidad “líquida”, etc. Para algunos analistas como Juan Carlos Tedesco, el desvanecimiento o la pérdida relativa del sentido de la educación escolar no sería más que un reflejo de la carencia de perspectivas a largo plazo –es decir, de la falta de sentido– del nuevo capitalismo, señalada entre otros por autores. En palabras del mismo Tedesco:


“La ausencia de sentido del nuevo capitalismo pone en crisis a la educación. Al respecto, vale la pena recordar una característica obvia del proceso educativo: si bien tiene lugar en el presente, la educación transmite un patrimonio y prepara para el futuro. Esta sociedad, donde se rompe con el pasado porque todo es permanentemente renovado y donde el futuro es pura incertidumbre, deja a la educación sin puntos de referencia.”


Sin remontarnos tan lejos, no obstante, hay un conjunto de fenómenos y procesos más próximos al ámbito educativo que pueden relacionarse también fácilmente con el desvanecimiento del sentido de la educación escolar en el mundo actual. Me estoy refiriendo, por citar solo algunos ejemplos claros y conocidos que han sido descritos y analizados en repetidas ocasiones, a fenómenos y procesos como los siguientes:



  • a aparición y consolidación, junto a la educación escolar, de escenarios y agentes educativos con una influencia creciente sobre los procesos de desarrollo y socialización de las nuevas generaciones (Coll).
 
  • La creciente des-responsabilización social ante la educación y la tendencia a abocar en la educación escolar prácticamente todas las expectativas y todas las responsabilidades relacionadas con el desarrollo, la socialización y la formación de las nuevas generaciones (Coll).
 

  • La sospecha creciente de que una buena parte de los conocimientos y competencias que se aprenden y se enseñan en las escuelas y en los institutos no son, en buena medida, los conocimientos que sirven para vivir con plenitud en la sociedad actual; y, al mismo tiempo, la sospecha de que otros que sí servirían están ausentes o son objeto de una atención bastante limitada (Coll y Martín).
 

  • La crisis de la función de transmisión y, asociada a esta crisis, el cuestionamiento de los centros educativos como las instituciones legitimadoras de la transmisión del saber y del conocimiento, y del profesorado como responsable de cumplir esta función.


  • Etcétera.


Pasando ahora de las causas a los síntomas de la pérdida relativa del sentido de la educación escolar, conviene llamar la atención sobre dos puntos. El primero es que este fenómeno se manifiesta en prácticamente todos los niveles de la organización y el funcionamiento del sistema educativo, desde la discusión sobre las finalidades y funciones de la educación escolar y su consecución, hasta la dinámica del aula y la implicación y participación del profesorado y del alumnado en las actividades de enseñanza y aprendizaje. Así, y por citar solo algunos ejemplos, el desvanecimiento del sentido de la educación escolar se manifiesta a menudo con claridad en fenómenos como:



  • Los reproches de determinados sectores sociales ante lo que se considera la falta de capacidad del sistema escolar para cumplir de forma satisfactoria algunas de las expectativas que se han depositado tradicionalmente en él; estos reproches, por otro lado, son totalmente compatibles, como ya se ha mencionado, con la tendencia a proyectar sobre la educación escolar nuevas expectativas y nuevas responsabilidades.


  • La evidencia de las dificultades de la educación escolar para lograr al mismo tiempo niveles elevados de equidad y de excelencia y las discusiones o dudas sobre cuál de estos dos ingredientes debe tener prioridad en la definición de unas políticas orientadas a la mejora de la calidad educativa.
 

  • La falta de interés de sectores relativamente amplios del alumnado, especialmente de educación secundaria, por unos contenidos de aprendizaje que perciben en ocasiones poco o nada relacionados con su vida y sus actividades cotidianas y a los que no pueden dar tampoco una funcionalidad en el marco de un proyecto de vida o profesional futuro; en los casos más extremos, esta carencia de interés puede acabar generando fracaso, abandono del sistema educativo y actitudes de rechazo ante el aprendizaje escolar. Pero sería un error dar por supuesto que la dificultad para atribuir sentido a los aprendizajes escolares es un rasgo exclusivo del alumnado que se encuentra en situación de fracaso; pese a no disponer de datos empíricos y no poder referirnos a trabajos que hayan estudiado específicamente esta cuestión, no es excesivamente arriesgado conjeturar que la misma dificultad para atribuir sentido a algunos aprendizajes escolares puede estar también presente en alumnos con niveles de rendimiento aceptables e incluso buenos o muy buenos.
 

  • Las quejas de algunos profesores ante lo que perciben como una ampliación o una modificación sustancial de sus responsabilidades, sus funciones y sus tareas como docentes, y que reflejan, entre otras cosas, las dificultades que tienen para dar sentido a lo que hacen en el contexto general de desvanecimiento del sentido de la educación escolar que se está produciendo.


El segundo punto tiene que ver con las que son, a mi juicio, las tres dimensiones básicas de la educación escolar en las que se manifiesta y sobre las que tiene una especial incidencia la pérdida relativa del sentido y, por lo tanto, en las que conviene hacer también de forma prioritaria los esfuerzos dirigidos a neutralizar sus efectos negativos sobre el aprendizaje y la enseñanza. Son tres dimensiones transversales que están presentes en todos los niveles de la organización y el funcionamiento de los sistemas de educación escolar.


La primera es la dimensión relativa al para qué de la educación escolar, a sus finalidades y funciones, y es la dimensión constitutiva básica del sentido. También es la dimensión más directamente afectada por el hecho de que, parafraseando a Tedesco, la educación escolar se vea confrontada actualmente a la tarea de garantizar la transmisión de un patrimonio a las nuevas generaciones y de prepararlas para el futuro en un contexto de incertidumbre, de carencia de perspectivas a largo plazo, de ausencia de referencias claras sobre hacia dónde queremos ir.


La segunda es la dimensión relativa al qué de la educación escolar y constituye de alguna manera una concreción de la anterior en términos de intenciones educativas, de decisiones sobre cuál es el capital cultural que la educación escolar debe transmitir a las nuevas generaciones con el fin de prepararlas para el futuro, sobre cuáles son los conocimientos y las competencias que se han de intentar enseñar y aprender a las escuelas y a los institutos.


Y la tercera es la dimensión relativa al cómo de la educación escolar, que se concreta de forma diferente en los distintos niveles de organización y funcionamiento de los sistemas educativos. Así, mientras que en el nivel de la estructura y de la ordenación de los sistemas se concreta en temas relacionados con la gobernabilidad y la gestión (descentralización, distribución de recursos, gestión de equipamiento e infraestructura, rendición de cuentas y evaluación, programas de apoyo, etc.), en el nivel del aula lo hace en temas relacionados con la planificación y el despliegue de actividades de enseñanza y aprendizaje, es decir, en temas metodológicos y de práctica docente.







Extraído de
Enseñar y aprender en el siglo XXI: el sentido de los aprendizajes escolares
César Coll
En
Calidad, equidad y reformas en la enseñanza
Álvaro Marchesi
Juan Carlos Tedesco
César Coll
Coordinadores

 

1 comentario:

  1. Hola! muy interesante la info brindada, soy estudiante de profesorado para la educ. primaria y justamente preparándome para rendir pedag. me puse a buscar info sobre la "ausencia de sentido" y la verdad que me fue de gran ayuda!
    Saludos

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