domingo, 20 de mayo de 2012

El conocimiento es libre

¿El conocimiento debe ser usado por algunos, o todos tenemos el derecho de acceder a ellos? ¿Bajo qué condiciones adquiere mayor valor? ¿Cómo se produce? ¿Cuándo un conocimiento es liberador? ¿Cuándo transforma nuestras realidades? Los siguientes párrafos se abocan al tema.



El conocimiento ha estado presente desde los principios de la humanidad, hemos avanzado como especie conforme él ha evolucionado. Pero también el conocimiento está estrechamente vinculado a la libertad, ya que el humano aprende, enseña y hace uso de sus conocimientos en la medida de la libertad que tenga para hacerlo.

Particularmente, el conocimiento es una cualidad humana que requiere determinadas condiciones sociales y amplios espacios de libertad para su generación, apropiación, aprendizaje, sistematización, interiorización, transmisión y aplicación. Su fecundidad en un contexto social adquiere su máximo valor en tanto se transmita y comparta de forma libre y abierta. Por eso, cuanta más libertad y sociabilidad existan en ese contexto social más conocimientos habrá en él.

El problema del acceso al conocimiento es un espacio de lucha social que ha existido siempre, por su vinculación al poder. Es una lucha entre quienes ven el conocimiento como patrimonio de la humanidad, con total libertad para acceder, aprender, enseñar y hacer uso del mismo, y los que no. Con la aparición de límites artificiales creados por los humanos, como las patentes y los derechos de autor, entre otros (mal llamados en su conjunto propiedad intelectual), el conocimiento ha venido perdiendo accesibilidad. En la actualidad, mientras que el avance de la tecnología por lograr una sociedad digitalizada y conectada brinda al conocimiento humano nuevas posibilidades de crecimiento, estos límites artificiales están restringiendo la posibilidad de aprovechar éste potencial, y posibilitando su manipulación según intereses particulares/privados. La razón fundamental de esto se debe a la aberración de hacer de él una mercancía orientada al lucro y a la exclusión, en vez de considerarlo un patrimonio colectivo de la humanidad.

Construir formas democráticas de construcción y socialización del conocimiento, desde espacios colectivos, es uno de los grandes retos de nuestra época, para contrarrestar y resistir al secuestro actual del conocimiento característico de esta fase del capitalismo. Esta fase del capitalismo, llamado por algunos autores como capitalismo cognitivo, ha venido desplegándose bajo diferentes formas a nivel mundial (marcos legales como la propiedad intelectual, formas tecnológicas como el DRM-Digital Rights Management-en español gestión de derechos digitales, modelo mundial de desarrollo científico-tecnológico, etc.), como una de las grandes apuestas de los imperios dominantes ante la crisis del capitalismo financiero.

Ahora bien, esos espacios de construcción y socialización del conocimiento deben coadyuvar a la generación de un conocimiento liberador, emancipador, de lo contrario no estaremos avanzando mucho en la autonomía de los pueblos. Para ello se requiere de formas de educación, modelos pedagógicos, que nos permitan transformar nuestra realidad, para lo cual se requiere concebir al proceso educativo como un proceso de concientización de la condición social del individuo a partir del análisis crítico permanente del mundo que le rodea. Esos nuevos modelos pedagógicos deben redefinir las prácticas docentes, los procesos de aprendizaje, el papel del aprendiz, entre otras cosas

Tales modelos deben ser distintos a las prácticas tradicionales que pregonan la supuesta neutralidad de las mismas, para pasar a un modelo educativo que problematice la vida diaria, que se inserte en la cotidianidad del hombre. Estas formas de educación deben promover la horizontalidad de las relaciones humanas, para lo cual son vitales estilos de diálogo que posibiliten la participación activa de todos, en la construcción de la matriz cultura de la cual se forma parte. Es importante acotar que esto jamás posibilitará un adoctrinamiento o manipulación por parte de otros, ya que cada individuo define su propio ser social en el proceso educativo.

Los espacios de aprendizaje colectivos pasan a ser componentes vitales de ese modelo educativo emancipador. Son espacios donde el conocimiento es visto como un bien público, un patrimonio de la humanidad, del cual todos debemos cuidar, velar y cultivar, para que desde allí, construyamos procesos autóctonos hacia un modelo de sociedad justa. Ese espacio también servirá para develar la otra gran mentira de las elites dominantes del conocimiento, cuando nos dicen que el mismo es neutro, que es aplicable y usable de la misma forma y en todas partes; así como también permitirá que cada espacio social se apropie del conocimiento que necesite, y construya con él sus propias realidades. Ese conocimiento construido colectivamente lleva implícito una propuesta consensuada de quehacer social, lo que permite, a su vez, convertir a ese conocimiento compartido en el mejor escudo protector y en la mejor estrategia para promover dicho quehacer.

Esos espacios de aprendizaje colectivo requieren de redes sociales orientadas a la consecución de formas de quehacer social basadas en la confianza interpersonal y en valores de reciprocidad, honestidad y solidaridad, entre otros. Estas formas de quehacer social fueron caracterizadas por cuatro aristas:

a) El arraigo que dicho quehacer debe tener en el ámbito donde existe, a nivel de su cultura, de sus vocaciones, de sus conocimientos locales y de sus potencialidades;

b) El control que deben tener los actores locales sobre el conocimiento generado y los procesos de aprendizaje que se van dando;

c) Los espacios de toma decisiones locales sobre el proceso de aprendizaje y del quehacer social, que garanticen debates y discusiones sobre la pertinencia del conocimiento que se está generando, sobre los modelos pedagógicos que se están usando, sobre las formas culturales que se están formando, entre otras cosas; y finalmente,

d) El enriquecimiento que acontece en el entorno y en los actores locales, tangible o no tangible. Dentro de los intangibles, uno de los más relevantes es el conocimiento generado por esta dinámica de construcción del conocimiento.


Esto rompe con los enfoques clásicos de quehacer social (muchos de ellos se cobijan bajo el termino de desarrollo), ya que parte del principio de hacerse a sí mismo (al hombre). En ese hacerse, aparece un conocimiento construido y compartido colectivamente, el cual no es visto como una mercancía, sino al servicio de la generación de espacios de vida sustentable, como un bien público del cual todos velamos y cultivamos. Así, es libre, enriquecido por y enriquecedor de la matriz cultural en la que estamos inmersos, coadyuvando a su autogeneración. Los principios filosóficos presentes en las comunidades del software libre aparecen naturalmente en esta concepción del conocimiento:

a) El conocimiento debe ser accedido y usado libremente, lo que permite el encuentro y uso de diferentes fuentes de saberes (conocimientos ancestrales, científicos, etc.), chocando con el modelo propuesto por las transnacionales de patentar el conocimiento, cerrar su acceso, entre otras cosas.

b) El conocimiento debe adaptarse libremente a los modelos de quehacer locales. Los derechos del colectivo y el control local sobre su quehacer, son la base de este principio.

c) El conocimiento debe ser compartido libremente con los demás a través de un proceso de construcción colectiva del mismo. Para lograr un conocimiento colectivo, se requiere de sólidas redes sociales, basadas en los principios de solidaridad y compañerismo.

d) El conocimiento adquirido puede ser mejorado libremente, y esas nuevas versiones del conocimiento deben poder ser compartidas libremente con los demás, para que así se beneficie el mundo entero.


Pero esa idea de conocimiento para que sea liberador, emancipador, del individuo, y le permitan romper con las cadenas de su enajenación, requiere de otro aspecto. Debe ser un conocimiento que permita aprender y entender el mundo en que vivimos, comprender cómo llegamos a ser lo que somos, tener una visión holística de nuestras vidas, explicar las causas históricas del acontecer actual, establecer una narrativa que le dé sentido a nuestra vida individual y colectiva. Y partiendo de ello, ese conocimiento debe posibilitar actuar sobre nuestras realidades para transformarlas, y reconstruir nuestro lenguaje madre como elemento fundamental para el cultivo de nuestra cultura.









Extraído de
CONOCIMIENTO LIBRE Y EDUCACIÓN EMANCIPADORA
Jose L. Aguilar C.
UNIVERSIDAD DE LOS ANDES
CONOCIMIENTO LIBRE Y EDUCACIÓN EMANCIPADORA
BARQUISIMETO – EDO. LARA – VENEZUELA
Volumen 15 Nº 1
Enero-Abril 2011






2 comentarios:

  1. Muy interesante artículo. El conocimiento trae poder y libertad así que supongo que siempre, en mayor o menor medida, estara controlado por los poderes mayoritarios. Me gusta pensar que quizá algún día seamos capaces de avanzar y como ente comunitario, como humanidad, ser capaces de compartir todos nuestros logros.

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  2. El conocimiento trae consigo una liberación del pensamiento y continuos encuentros de saberes, pero lo que no nos dicen, es que en algunas ocasiones, el conocimiento aisla y se vuelve un blanco de discriminación. Lo que no significa que no permita el desarrollo pleno, pero por supuesto tiene su coste.
    ^-^

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