miércoles, 22 de febrero de 2012

El papel de la lectura

El los siguientes párrafos, publico una parte de la entrevista al Filósofo español Emilio Lledó, allí se expresa sobre el valor de la lectura, relacionándola con la reflexión, lo medios audiovisuales, el mundo tecnológico y los docentes.



¿Cuál cree que es el principal desafío de la educación en una sociedad en la que los niños y adolescentes pueden acceder a múltiples contenidos informativos, a través de pantallas, pero en los que suele faltar el texto coherente y extenso?
Soy un defensor y admirador de la lectura. Pero reconozco que estamos en un mundo que parece nuevo porque hemos variado lo que circula por nuestro cerebro, aunque en lo básico nos movamos dentro de unos parámetros universales y perennes. En el mundo que nos ha tocado vivir estamos asfixiados por eso que denominamos la sociedad tecnológica, que implica una inmediatez y rapidez de información.
Imagínese cómo tuvo que ser la Edad Media en este sentido, en la que apenas existían focos de información e intercambio de noticias. Pero en el fondo somos iguales desde el punto de vista de la naturaleza. Hay que reflexionar acerca del mundo tecnológico en el que se hallan sumidos los niños y los jóvenes e intentar buscar unas soluciones porque ello puede conducir a una deformación, e incluso a una degeneración mental. Los fogonazos de información que acaban asfixiándonos, no dejan nada en el cerebro, o dejan lesiones muy sutiles. La alternativa a esta situación es difícil.

¿Qué ha aprendido de su experiencia lectora?
En mi larga vida la lectura ha sido una actividad fundamental. Frente a esos fogonazos de informaciones que recibimos diariamente de los medios de comunicación, la lectura permite estirar en el tiempo la reflexión, provocando el futuro de la información que recibimos de los libros. Cuando se lee no sólo se está dialogando sino que se está proyectando futuro, se está pensando en una posible respuesta a la pregunta que el lector se hace a sí mismo de esa información que ha leído. Mientras lee un libro, el lector enriquece su presensibilidad y está abriéndose al tiempo. Somos seres temporales, no sólo fruta del tiempo. Pero nuestro tiempo es madurez, desarrollo, futuro, continuidad y diálogo.

Además la lectura supone un diálogo del lector con el libro.
La filosofía surgió a partir del diálogo, sobre todo el gran bloque de filosófico que nace precisamente con los Diálogos de Platón. El diálogo es la proyección de una pregunta en el tiempo de quien recibe el mensaje y que responde. Somos lenguaje y sensibilidad, pero somos en el tiempo. Las imágenes que vemos en la televisión, en muchos casos tan destructoras, inducen al olvido porque cuajan el tiempo e inciden en el cerebro, sin que ni siquiera nos dejen reflexionar sobre ellas ya que inmediatamente son reemplazadas por otras que tampoco tendremos tiempo de asimilar. Los instantes han de ser coherentes, tiene que haber sinapsis. El pensador norteamericano Neil Postmann, muy crítico con la influencia de la cultura audiovisual, escribió dos libros cuyos títulos ya decían mucho: La infancia perdida por la omnipresencia de los medios audiovisuales y Divertirse hasta morir. Hay que recuperar la infancia.

¿Cuál es el papel de los profesores para educar en la lectura?
Si los profesores son lectores bien formados tienen que darse cuenta de la trascendencia de la lectura. Yo he sido profesor de Secundaria y también he enseñado gramática alemana a los emigrantes españoles de los años sesenta, así que puedo garantizar que los autores clásicos son una fuente inagotable de diversión, de entretenimiento, de reflexión y sabiduría. Hay que iniciar a los jóvenes en la lectura. Abrir y saber comunicar es un don, un prodigio. Por eso he sido feliz enseñando.


Autor
Jaime Fernández
Revista de los trabajadores de la enseñanza CCOO
Emilio Lledó (Sevilla, 1927) es filósofo y académico de la RAE. Tras licenciarse en filosofía, se marchó a Alemania en 1952, país en el que residió catorce años. Allí fue profesor en la Universidad de Heidelberg, teniendo como maestros a Hans-Georg Gadamer y Karl Löwith. Tras ejercer de catedrático de Filosofía en Secundaria, obtuvo la cátedra universitaria que empezó desempeñando en la Universidad de La Laguna, luego en Barcelona y en la UNED. Es autor de numerosos libros, entre los que destacan Filosofía y lenguaje (1970), El epicureísmo (1984), Silencio de la escritura (1991), por el que obtuvo el Premio Nacional de Ensayo, El surco del tiempo: Meditaciones sobre el mito platónico de la escritura y la memoria (1992), Ser quien eres. Ensayos para una educación democrática (2000) y Elogio de la infelicidad (2005).

2 comentarios:

  1. Muy buen artículo. Gracias, desde en "En Red Prácticas Educativas".

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  2. En un mundo lleno de libros sobraban las pistolas... Como siempre, muy educativo. Gracias!

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