
En los telediarios del pasado lunes escuché que el fracaso escolar alcanza sus índices máximos en los dos archipiélagos españoles, Baleares y Canarias, y en Andalucía.
Si les digo que me sorprende esta noticia les mentiría. No me sorprende en absoluto. Y creo que este dato no es achacable al profesorado, tanto en Primaria como en Secundaria, donde conozco magníficos docentes que se vuelcan en su labor. Más bien es un asunto de profundidad social, de padres más que de profesores, de hijos más que de alumnos, de educación básica, en casa, desde los inicios de la vida.
Los alumnos son esponjas que aprenden de los mayores; si en casa hay interés por el estudio, por la lectura, por la cultura en general, los chicos lo ven y su primera reacción es la de imitar lo que tienen a su alrededor. Si los padres se preocupan por sus hijos, no sólo para abastecerlos de todas esas cosas superfluas como el móvil, la Play Station, la televisión sin control, el uso indiscriminado de Internet, sino para encauzarlos en la senda de la cultura como es debido, a buen seguro el fracaso escolar no alcanzaría esas cotas vergonzosas que nos pone en los primeros puestos, en cuanto a bajo rendimiento de nuestros alumnos.
También creo que parte de la culpa de que los escolares de hoy no sepan tanto como los de hace cuarenta años la tiene el Gobierno. No éste sino, en general, todos los gobiernos que ha tenido España desde el principio de la Democracia, incluso algo antes, donde los planes de estudio se han ido modificando en función del gusto y manera del ministro de turno. LODE, Logse, y un sinfín de modalidades han conseguido que un alumno de hoy, a los catorce años, no sepa cuál es la capital de Noruega ni dónde se ubica el lago Titicaca, por citar algo.
Se ha dado prioridad a las asignaturas denominadas "marías", en perjuicio de las básicas: matemáticas, lengua, física y química, etcétera. La Geografía se ha reducido a la propia de cada Comunidad Autónoma y no pocos padres creen que el colegio y los institutos son los únicos responsables de la educación integral de sus hijos. La prueba más evidente se percibe cuando se convocan reuniones de padres de alumnos en los centros educativos; sólo acude una minoría y ésa es, precisamente, la de los padres cuyos hijos no precisan de ayuda porque sus notas son buenas. Siempre o casi siempre faltan los padres de los estudiantes que rinden menos.
Se echa en falta que se infunda a los alumnos el amor por el estudio, que se les enseñe a estudiar, a leer; que se les convenza de que todo lo que aprendan será, sólo, de y para ellos. Con el panorama descrito, no es de extrañar que Canarias sea una de las comunidades con mayor índice de fracaso escolar. ¿Qué propone la consejería de Educación?
Fuente http://www.laopinion.es/secciones/noticia.jsp?pRef=2009052100_5_220676__Firmas-Fracaso-escolar
Recuperado el 22 de mayo de 2009
PEDRO MARRERO SICILIA
Si bien concuerdo en términos generales con lo expresado en el artículo, lo cierto es que la escuela y los docentes estamos también involucrados en el tema.
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