miércoles, 12 de noviembre de 2014

La identidad y la posmodernidad.


¿Qué sentido le podemos otorgar a “nuestra identidad”? ¿Cómo afecta la posmodernidad a las identidades locales? ¿Cómo afecta a la cultura? Estas reflexiones nos pueden ayudar al momento de encontrar un rumbo a las Escuelas

Que entendemos por identidad cultural.
Dar una repuesta correcta a este interrogante, significa emprender un arduo proceso; el tema de la identidad es rico y complejo.

Los individuos están inmersos en una realidad social, su desarrollo personal no puede disociarse del intercambio con ella, su personalidad se va forjando en su participación, en las creencias, actitudes, comportamientos de los grupos a los que pertenece. Esa realidad colectiva consiste en un modo de sentir, comprender y actuar en el mundo y en formas de vida compartidas, que se expresan en instituciones, comportamientos regulados; en suma en lo que entendemos por una cultura. El problema de identidad de los pueblos remite a su cultura.

Para los antropólogos, la cultura es, en primer lugar, un todo integrado, una totalidad en la que se encuentran orgánicamente articuladas diferentes dimensiones de la vida social que hacen posible la identificación, la comunicación y la interacción entre los individuos.

Santillan Güemes, en su obra "Culturas, creación del pueblo", define a la cultura como el cultivo de una forma integral de vida, es decir, aparece como el medio creado por la humanidad para entablar su diálogo con el universo.

Este nuevo fenómeno de carácter internacional: la globalización planetaria, tiene efectos opuestos, como los de homogeneización y fragmentación cultural; estos efectos han derrumbado las identidades tradicionales. A través de los mecanismos de: desterritorialización y la deshistorialización.

Debemos comprender que el proceso de globalización, al impulsar el movimiento de desterritorialización hacia fuera de las fronteras nacionales, acelera las condiciones de movilidad y "desencaje". El proceso de mundialización de la cultura engendra, por lo tanto nuevos referentes identitarios.

La globalización impacta en los procesos de identificación de la gente porque pone delante de ella a otros individuos que actúan como modelos para asemejarse o diferenciarse. Es decir que, "…las nuevas sensibilidades y estilo de vida, la crisis de los sentidos, valores y creencias instituidos, el creciente privativo, neonarcisismo y hedonismo, en fin, las transformaciones culturales de la sociedad contemporánea, plantean la acción política cuestiones cruciales que afectan tanto su dimensión ética como institucional, entre ellas, la necesidad de reconstruir la identidades colectivas."
La identidad no está dada de antemano: se construyen, sea prenden, evolucionan. No es algo que nace de una vez y para siempre.

A primera vista, un grupo se manifiesta por el simple hecho de que sus miembros poseen en común unos símbolos, un territorio, una historia, etc. Sin embargo, de cerca, la noción de identidad se vuelve más problemática; de hecho, la identidad connota una esencia, lo cual implica invariabilidad, homogeneidad, permanencia. Ahora, todos saben que las identidades cambian, nacen y desaparecen. Por ello, cuando se produce alguna modificación en la identidad de un pueblo, éste entra en crisis hasta que se vuelven a acomodar las nuevas estructuras, es decir, hasta que los individuos acepten y adopten como propios los nuevos cambios.

Por identidad de un pueblo podemos entender lo que un sujeto se representa cuando se reconoce o reconoce a otra persona como miembro de ese pueblo. Se trata de una representación intersubjetiva, compartida por una mayoría de los miembros de un pueblo, que constituirían un sí mismo colectivo.

Las identidades son diferentes y desiguales, porque sus artífices, las instancias que las construyen, disfrutan de distintas posiciones de poder y legitimidad. Concretamente, las identidades se expresan en un campo de luchas y conflictos en el que prevalecen las líneas de fuerza diseñadas por la lógica de la máquina de la sociedad.

El problema de la identidad ha sido quizás el problema esencial de nuestra cultura. La identidad es considerada como la faceta más importante de ciertas luchas tanto pacíficas como violentas. Ha estado presente ante el fenómeno de la modernidad y lo está ante la posmodernidad.

La modernidad se caracteriza principalmente por la crítica, la racionalidad y la utopía; se conforma un "proyecto humano" a partir de una manera de ver la realidad y de actuar dentro de ella. Al sentido utilitario de los objetos en la modernidad se le agrega ahora el sentido transitorio de los mismos en la posmodernidad. Nunca como ahora se han descartado las cosas con tanta rapidez a causa de lo precario de su duración. Mientras más rápidamente se descartan unos objetos y más rápida su sustitución por las nuevas cosas, mayor es la dependencia de los mismos. Las cosas se convierten en "mercancías". Se descree de valores, virtudes e instituciones como la familia, el trabajo; y se valoriza la seducción, la simpatía, la espontaneidad. Junto con su gran atractivo, su velocidad, su animación y el incesante movimiento de gente, se vive la desintegración y la soledad. Como dice María Cristina Reigadas en su libro "Entre la norma y la forma Cultura política hoy", el trastocamiento y multiplicación de mundos diferentes, precarios, contingentes, fragmentados, nos coloca ante la dificultad de incluir y elaborar la presencia y posicionamiento del otro bajo los modos habituales y propios de la modernidad. Y, por lo tanto, de elaborar y sostener, a partir del encuentro con el otro, nuestra propia identidad.

Cuando los ritmos de cambio se aceleran, es muy difícil establecer posiciones de identidad. Las identidades constituidas se deshacen: la crisis de alteridad es crisis de identidad, afirma María Cristina Reigadas.

El orden económico mundial exige homogeneizar patrones de consumo, y esto no se logra tan sólo mediante agresivas políticas económicas ni mediante propagandas publicitarias centradas en la oferta de los permanentemente renovados productos. Lo que se difunde es, ante todo, un modelo cultural que genere actitudes y motivaciones orientadas a adoptar nuevos estilos y formas de vida, más allá e independientemente de las formas concretas que unos y otros asuman; lo que se difunde es una suerte de "a priori" del consumo incesante y cambiante, que instala al ciudadano en el rol eminente, de consumidor. De este modo, el deseo de comunidad y de participación se encarna en las comunidades interpretativas de consumidores que les dan identidades compartidas.
"Nos vamos alejando de la época en que las identidades se definían por esencias ahistóricas: ahora se configuran más bien en el consumo, depende de lo que uno posee o es capaz de llegar a apropiarse. Las transformaciones constantes en las tecnologías de producción, en el diseño de los objetos, en la comunicación, vuelven inestable a las identidades fijadas en repertorios de bienes exclusivos de una comunidad étnica o nacional."

Es decir, la globalización de la economía está definiendo una identidad más vinculada con los bienes a los que se accede que con el lugar donde se ha nacido.


Extraído de
Los medios
Autor: Verónica Cecilia Pralong

miércoles, 5 de noviembre de 2014

Responsabilidad social


¿Qué significa la “responsabilidad social? ¿Cómo actúan las personas socialmente responsables? ¿Qué repercusiones tiene esto en las escuelas? ¿Para qué la Educación Emocional? ¿Qué rol juega el diálogo?

¿Qué es la Responsabilidad Social? El término responsabilidad procede del latín “responsum”, que significa responder por algo a alguien, ser hábil para ejecutar y decidir correctamente una determinada actividad. La responsabilidad supone estar capacitada/o y ser libre de elegir. De acuerdo con la definición que ofrece la RealAcademia Española (RAE) en términos de Derecho, se trata de la “capacidad existente en todo sujeto activo de derecho para reconocer y aceptar las consecuencias de un hecho realizado libremente”. Estamos de acuerdo con Giner en que la Responsabilidad Social implica reconocer y asumir el compromiso por el bienestar de un grupo o las personas que pertenecen a ese grupo (comunidad, escuela, grupos de jóvenes deportistas, personas con algún tipo de discapacidad, etc.). Interpretando las palabras de dicha autora, el sentimiento de responsabilidad social nace cuando nos hacemos conscientes de la posibilidad y del deber de colaborar activamente en la vida de la comunidad: cambiamos la forma de valorar el interés personal y desarrollamos relaciones que afirman nuestra interdependencia. La Responsabilidad Social permite mantener relaciones recíprocas entre los miembros de un colectivo, lo cual les facilita alcanzar metas que individualmente hubiesen sido muy difíciles de lograr.

Es significativo destacar que en el proceso de socialización que vivimos los seres humanos durante toda la vida y que posee una importancia clave durante los períodos de
pre-adolescencia y adolescencia, uno de los factores principales es la Educación.

Existen diversos agentes de socialización que influyen de una manera u otra en el proceso, dependiendo de las circunstancias del sujeto: la familia, el grupo de pares, los medios de comunicación, etc. Cabe subrayar que estos últimos poseen un papel determinante en la construcción social de la realidad; ofrecen una visión del mundo, un mapa de la realidad que resulta de capital importancia en la conducta de las personas.

¿Qué hacen las personas socialmente responsables? Parafraseando a Giner:
-Actúan colaborando de forma constructiva y confiable con una causa social, dedicando tiempo, esfuerzo y recursos.
-Ayudan al grupo o a sus componentes individuales a utilizar sus talentos para conseguir un objetivo común que les beneficie y les proporcione un mayor bienestar.
-Reevalúan de dónde se deriva su sentido de identidad y se identifican con algo que trasciende a ellas, superando la caridad o el paternalismo.
-Se sienten socialmente responsables hacia el entorno, sus recursos y necesidades.

Desarrollar esta actitud implica asumir un determinado estilo de convivir en nuestra sociedad, donde las soluciones creativas a los problemas surgen del diálogo, el respeto mutuo, la justicia, la solidaridad, la cooperación, nuevas formas de interactuar, producir y, en definitiva, vivir.

Como vemos en el texto de Rosales Lassús, para lograr que estas actitudes se desarrollen debemos conseguir establecer un vínculo entre las instituciones educativas
–ya sea escolares o universitarias– y las sociedades o comunidades que las albergan.

Supone para los y las docentes realizar un esfuerzo para que el alumnado aprenda a mirar hacia su entorno próximo y a dialogar con él. Esto implica romper con la tradición de la Escuela –usamos mayúsculas conscientemente, al concebir el concepto como algo personalizado–, entendida ésta como el espacio que monopoliza el saber y lo transmite de manera vertical. Resulta paradójico, nos cuenta el autor que acabamos de nombrar, cómo estudiantes de sociología no son capaces de conversar, escuchar o mantener un vínculo con las personas. Eso les frustra y se refugian entonces en los libros y en la teoría, pues éstos les proporcionan muchas más certezas que los seres humanos de carne y hueso. “Y es que mirar a otros seres humanos y dialogar con ellos (…) es todo un aprendizaje; un aprendizaje muy particular que no se encuentra en libros ni puede memorizarse” (Rosales Lassús), sino que ha de ser necesariamente puesto en práctica.

La Responsabilidad Social lleva implícita la educación en valores, es decir: coeducación, educación para la paz, educación medio ambiental, educación intercultural, educación inclusiva, educación para la ciudadanía, aprendizaje cooperativo, etc. Todo ello interrelacionado.

En un estudio realizado por Gutiérrez, Escartí y Pascual, se ha comprobado que Conducta Prosocial, Empatía y Percepción de eficacia predicen positivamente la Responsabilidad Personal y Social de los escolares, mientras que la Agresividad ha evidenciado relaciones negativas con la Responsabilidad Social.

En esta publicación se destaca la teoría cognitiva -social, la cual describe una visión agente de la conducta humana subrayando que las creencias de autoeficacia - autorregulatoria son claves para entender la competencia emocional de las personas y el éxito en las relaciones interpersonales (Bandura). Las creencias de un individuo sobre su autoeficacia favorecen la conexión social, la amistad, la cooperación y la conducta prosocial. A través de una muestra formada por adolescentes, Bandura también concluyó que la autoeficacia autorregulatoria se encontraba directamente relacionada con la conducta antisocial, de tal forma que, a menos autoeficacia, mayor agresividad y mayor conducta antisocial.

El modelo de responsabilidad personal y social de Hellison destaca el constructo de responsabilidad como un recurso fundamental en el ámbito del desarrollo positivo. Tiene como objetivo principal facilitar que niños/as y jóvenes en riesgo de exclusión social tengan la oportunidad de desarrollar sus capacidades personales y sociales y su responsabilidad en cualquier área de la vida. El programa entiende la responsabilidad como cargo u obligación moral respecto a uno mismo y a los demás y presenta cinco niveles de responsabilidad:
1) Respeto por los derechos y sentimientos de los demás, que incluye comportamientos de empatía y autocontrol;
2) Participación y esfuerzo;
3) Autonomía;
4) Ayuda a los demás y
5) Transferencia [aplicando los comportamientos de responsabilidad aprendidos en el programa a otros contextos.

Nos parece oportuno también mencionar en este apartado a Freire, con su educación liberadora, y a Habermas, con su democracia deliberativa. Dichos autores abogan por la confianza en el diálogo (acción comunicativa) como medio para coordinar la acción transformadora y para conocer mejor qué características poseen aquellos procesos comunicativos que posibilitan que las personas se entiendan entre sí y puedan compartir objetivos comunes. Se trata de dar voz a todos los grupos sociales en condiciones de igualdad y evitar así cualquier fuente de discriminación (de lo contrario se estaría confiando demasiado en la capacidad de educadores, administradores y políticos para actuar neutralmente, desprendiéndose de sus propias creencias). Por otro lado, implica sentar las bases de la deliberación racional para acordar cooperativamente cualquier decisión educativa. Siguiendo a Ayuste, Freire combina el lenguaje de la crítica a la función reproductora y legitimadora de las desigualdades sociales de la educación con el lenguaje de la posibilidad de contribuir a transformar la realidad social y confía en la capacidad de las personas para resistirse y oponerse a los procesos de dominación y extensión cultural:

Para Habermas el proceso emancipatorio de la sociedad consiste en que los sistemas sean progresivamente más permeables a las proposiciones comunicativas del mundo de la vida, para Freire, el poder de los sujetos se halla en su capacidad para liberarse de aquellos factores de opresión que limitan su capacidad para pensar críticamente mediante un proceso educativo basado en el diálogo entre iguales.

A continuación recogemos algunas de las características y condiciones que ha de reunir una situación ideal de habla:

Características y condiciones necesarias para producir una situación ideal de habla

          Los sujetos hacen uso del conocimiento para alcanzar acuerdos que convenza n a todas las personas implicadas (racionalidad y acción comunicativas).
          El lenguaje como medio para lograr el entendimiento ha de producir emisiones en las que se puedan reconocer las intenciones de las personas que las expresan (actos de habla ilocucionarios).
          Los participantes en una conversación han de poder fundamentar sus posiciones
(teoría de la argumentación).
          Las explicaciones, interpretaciones u opiniones de los hablantes han de estar vinculadas a pretensiones de validez (inteligibilidad, verdad, rectitud normativa y veracidad).
          Todos los participantes han de contar con las mismas oportunidades de desempeñar el rol de emisor y de receptor (intercambiabilidad universal de roles dialógicos).
          La coordinación de la acción emana de los acuerdos previos entre los participantes.



Extraído de:
UNIVERSIDAD DE VALLADOLID
Facultad de Educación de Segovia
TRABAJO DE FIN DE MÁSTER INVESTIGACIÓN EN CIENCIAS SOCIALES.
EDUCACIÓN, COMUNICACIÓN AUDIOVISUAL, ECONOMÍA Y EMPRESA
INTELIGENCIA EMOCIONAL Y RESPONSABILIDAD SOCIAL EN EDUCACIÓN PRIMARIA
Autora: Verónica Sancho Arranz
Tutora: María del Carmen Garrido Hornos
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