jueves, 27 de febrero de 2014

Consecuencias del acoso escolar


¿Cuáles son las consecuencias del acoso escolar? ¿Qué efectos se producen sobre el acosado? ¿Y sobre el acosador? ¿Qué concusiones podemos sacar sobre el problema? ¿Qué acciones llevar a cabo? ¿Cómo prevenirlo? ¿Qué hacer para evitar el bullying?


Los niños víctimas de acoso escolar presentan, en general, bajo rendimiento escolar, su autoestima decrece a tal grado que llegan a aceptar las diversas formas de acoso aún siendo conscientes de que los están sometiendo a altos niveles de agresión física y psicológica. Esta es la situación de estudiantes que son rechazados por sus compañeros en las actividades escolares y que son víctimas de acciones crueles, frecuentes por parte de los mismos, sin que ni en su colegio ni en su familia se detecte dicha situación. La vida de estos niños se hace más difícil cuando también son víctimas de reproches por parte de sus padres y de sus profesores debido a su bajo rendimiento académico.

Los efectos negativos del acoso escolar son bien reconocidos a nivel mundial. La agresión constante efectuada por pares en la escuela genera problemas de salud y de bienestar, con efectos duraderos. También se ha encontrado que el comportamiento de intimidación está asociado con el aumento de síntomas psicosomáticos; los intimidadores tienden a ser infelices en la escuela; los estudiantes intimidados se sienten solos, teniendo todos ellos un mayor número de síntomas psicológicos y psicosomáticos.

En un estudio realizado en Chile en el cual participaron 8131 estudiantes de educación media, 47% de ellos reportaron haber sido matoneados en el último mes y de éstos el 30% reportaron sentimientos de tristeza y desesperanza durante dos o más semanas en el último año. Los estudiantes de séptimo y octavo reportaron más probabilidad de matoneo que los de noveno, pero los de noveno reportaron más altos niveles de soledad, dificultades para dormir y pensamientos suicidas que los estudiantes de séptimo y octavo grado. Los hombres tienen más probabilidades que las niñas de reportar acoso escolar, pero las mujeres tienen más probabilidad que los muchachos de reportar síntomas de depresión, como sentimientos de tristeza y desesperanza, soledad, dificultades con el sueño y pensamientos suicidas.

Estudios, como el realizado por Rigby, indican también que la tendencia a victimizar a otros o a otras en la escuela, predice con certeza la conducta antisocial y violenta del adulto. Así, los agresores también necesitan ayuda para el desarrollo de su autoestima, de su autoconfianza y la internalización de límites en sus comportamientos.

Los estudiantes que son víctimas de acoso escolar se encierran cada vez más en sí mismos y se deprimen llegando a presentar altos niveles de rechazo a la escuela (por temor a los compañeros, al trabajo escolar o a algún profesor), sin que en general sean detectadas las causas de su rechazo a la escuela e incluso llegando a ser víctima de violencia intrafamiliar por esta actitud. Así mismo, en múltiples ocasiones, el acoso escolar puede conllevar a conductas de agresividad y de violencia. Maidel indica que un niño víctima de acoso escolar puede, como consecuencia, manifestar ansiedad, tristeza, estrés, miedo, apatía, angustia, rabia reprimida, dolores de cabeza o estómago, disturbios del sueño, pérdida del apetito o aislamiento, y que muchas de estas consecuencias persisten por el resto de la vida.

Otros estudios muestran contundentemente que las víctimas de acoso exhiben profundo malestar psicológico, del cual la tendencia suicida es una manifestación. Muestran que, en general, los adolescentes que están más expuestos a este tipo de conductas presentan más síntomas depresivos que quienes no son víctimas de las mismas.

La actitud intimidatoria decrece con la edad pero es posible que cuando el niño o niña ha crecido ya se le haya hecho un daño irreparable en su personalidad y ya no tenga reverso, dándole trabajo adicional al sector salud desde la escuela, en la cual se están aumentando significativamente los problemas de estrés que ya la sociedad en sí genera, debido a los retos que les impone desempeñarse en ella con competencia.

Estrategias para prevenir y evitar el acoso escolar
En las dos situaciones, tanto de víctima como de acosador, el niño necesita ayuda y debe ser apoyado por sus profesores y sus padres para superar el problema, que en ambos casos conlleva a comportamientos sociales que terminan afectando su nivel de desarrollo individual y social. Es recomendable mejorar los procesos de comunicación entre el niño y sus padres, entre el niño y sus profesores y entre la escuela y los padres, pues son estos procesos de comunicación los que permiten orientar el desarrollo social del niño, posibilitándolo para analizar y evaluar elementos positivos y negativos de sus relaciones con los compañeros de escuela y de su entorno extraescolar. Se debe tener en cuenta que la importancia de los amigos aumenta con la edad, dejando en segundo orden a los padres.

La escuela puede identificar las situaciones de acoso a través de la programación de actividades académicas, recreativas y de integración en los descansos. No se trata de hacer grandes estudios nacionales. Se trata de que los directivos y docentes de cada establecimiento educativo estudien e identifiquen las situaciones de acoso, para que así puedan tomar medidas y establecer normas de convivencia que, en todo caso, deben ser explicitas, cambiantes y propias del entorno y las características de cada establecimiento educativo. Asimismo, se deben implementar actividades en las cuales el respeto por el otro, la colaboración y la construcción conjunta de saberes conlleve a la apropiación de una serie de conocimientos que permitan el bienestar, el desarrollo de competencias académicas y sociales y la capacidad de los alumnos de proyectarse hacia el futuro.

Una escuela de calidad no solo debe preocuparse porque sus estudiantes obtengan buenos resultados en las pruebas nacionales e internacionales, sino que debe posibilitar los procesos de desarrollo individual y social integral del niño. Este tipo de escuelas propone y desarrolla procesos integrales de formación en cada una de sus actividades, generando espacios de comunicación entre estudiantes, padres de familia y profesores, y la posibilidad de identificar comportamientos que se constituyen en situaciones de acoso escolar, determinando el papel que los estudiantes desempeñan en cada una de ellas. Por ejemplo, en el desarrollo de trabajos en grupo se puede determinar si uno o más niños son víctimas de exclusión en la escuela; así mismo, la observación del comportamiento de los estudiantes en los descansos escolares es fundamental en la determinación de su papel en el fenómeno de acoso escolar: acosador, acosado, indiferente o motivador.

Una estrecha relación entre la escuela y la familia del alumno, tendiente a posibilitar la construcción de un ambiente escolar apto para el desarrollo de competencias académicas, conlleva a la obtención de mejores niveles de logro en áreas como la matemática y el lenguaje, el ambiente familiar en el que el niño cuenta con el apoyo de sus padres en las actividades escolares no solo favorece el rendimiento académico de los alumnos, sino que también presentan una menor participación en el porcentaje de niños víctimas de acoso físico, verbal y social. Los niños que cuentan con un buen apoyo de los padres también tienen un menor nivel de participación en el porcentaje de niños que actúan como acosadores.
Padres que hablan con sus hijos sobre las actividades escolares al final del día. sobre qué le agradó al niño y qué no, son padres que determinaran con facilidad el rol que el niño está ejerciendo en la escuela, y que podrán establecer relaciones constructivas con la escuela para el desarrollo integral del niño como un ser que contribuye positivamente a la sociedad.

Por otra parte, la violencia intrafamiliar genera condiciones para que el niño sea víctima de acoso escolar. Estudiantes que tienen dificultades en los procesos de comunicación con sus padres y que sienten rechazo y falta de amor de algunos de los miembros de su hogar, se asocian con mayores situaciones de victimización en la escuela. Estos resultados se obtienen al analizar estadísticamente la base de datos utilizada en los estudios de Cepeda et al.

"Es importante que el niño sepa que los padres no toleran una actitud agresiva con sus compañeros de estudio, desde la guardería, hay que dejarle ver al niño que no puede pegar, ni insultar, ni herir los sentimientos de otro niño" (Sánchez J.). "Enseñarles a compadecer al otro es crucial y hay que recompensar siempre la amabilidad y las buenas acciones. También es eficaz registrar al niño agresivo en actividades de equipo, como deportes". En todo caso, el niño debe tener claro que cuenta con el apoyo de sus padres.

Para evitar que el niño sea víctima de cyberbullyíng, a los padres, educadores y demás miembros de las comunidades educativas les corresponde la tarea de concientizarlos en cuanto a las consecuencias de sus actos, reales o virtuales, generando posibilidades de discusión sobre el tema, estando alerta ante cualquier situación que pueda indicar la práctica de esta conducta, vigilando las practicas de los adolescentes frente a la tecnología, y estableciendo explícitamente por parte de los responsables de las mismas que estas prácticas no son aceptadas socialmente.

Conclusiones
El acoso escolar se ha vuelto una práctica frecuente en las escuelas de todo el mundo. Afecta, además del desarrollo escolar del estudiante, su salud física y mental, disminuyendo su rendimiento escolar e incrementando la presencia y la intensidad de enfermedades físicas y mentales como ansiedad, depresión y adicción a las drogas. El acoso se está convirtiendo en un problema de salud pública que puede llevar incluso al suicidio.

No hay suficientes políticas públicas que prevengan el acoso escolar. Los docentes y directivos de la educación no están preparados para identificar, prevenir y solucionar las situaciones de acoso a que se ven enfrentados los estudiantes de todas las edades y de todos los grados en las escuelas tanto estatales como privadas, lo que permite que este problema crezca cada día. Lo peor es que, en múltiples ocasiones, c uando un padre se queja ante la autoridad competente en la escuela, no solamente no se le presta atención, sino que se incrementa el rechazo hacia su hijo. Por otra parte, la gran mayoría de los padres no están preparados para enfrentar este problema, no están alerta ante el comportamiento de sus hijos, si están más callados que de costumbre, si están deprimidos, etc.., por lo tanto cuando se detecta que un niño es victimario o víctima de acoso, casi siempre es demasiado tarde.

Es necesario que se desarrollen estrategias a nivel de las escuelas y de los medios de comunicación que permitan identificar los síntomas del acoso escolar para que se blinde a los niños y niñas, con el fin de que estas situaciones no lleguen a afectar su vida futura. Asimismo, como se concluye en diversos estudios, se deben desarrollar acciones para que se minimicen las situaciones de acoso en las aulas y en los espacios comunes, volviéndolos lugares y ambientes seguros para el sano desarrollo emocional, social e intelectual de todos los estudiantes.


Autores
EDILBERTO CEPEDA-CUERVO Profesor Asociado. Departamento de Estadística. Universidad Nacional de Colombia
GLORIA CAICEDO SÁNCHEZ Asesora. Viceministerio de Educación Preescolar. Básica y Media. Ministerio de Educación de Colombia
En Revisto Iberoamericana de Educación n." 61/3- 15/03/13
Organización de Estados Iberoamericanos poro la Educación la Ciencia y la Cultura


miércoles, 12 de febrero de 2014

Bullying contra maestros


El fenómeno del “Bullying” o acoso escolar es relativamente novedoso en la literatura docente, aunque siempre los alumnos fueron víctimas de diversos tipos de violencia ¿Son los alumnos los únicos afectados por la violencia en la escuela? ¿La sufren también los docentes? El siguiente artículo se ocupa del tema.


El presente artículo fue elaborado para demostrar la existencia del bullying contra maestros en instituciones de enseñanza privada en México. El bullying es un fenómeno conocido y muy estudiado en el ámbito escolar pero enfocado principalmente a estudiantes, por lo que en este trabajo comprobó que así como los alumnos viven este fenómeno los profesores lo experimentan y es por múltiples espectadores, como por parte de los alumnos, otros profesores, padres de familia y superiores.

El cuestionario aplicado se enfocó a evaluar factores que van desde la existencia o presencia del bullying en las instituciones en las que laboran los profesores, hasta cuál es el tipo de agresión más frecuente que se lleva a cabo, la cual se dividió en física, psicológica y a propiedad privada, siendo la violencia física la más frecuente. Se evaluó también el tipo de agresor siendo las opciones por parte de los superiores, alumnos, otros profesores y padres de familia. Asimismo se preguntó que rol es en el que ellos participan más, siendo testigos de caso de violencia, ser víctimas o perpetradores; después debían indicar la frecuencia con la que se suscitan este tipo de eventos.

Los resultados comprueban la hipótesis sobre la existencia del fenómeno del bullying en la vida de los maestros a quienes se les aplicó el cuestionario, donde en todos los niveles escolares (jardín de niños, primaria, secundaria, preparatoria y licenciatura) se presenta ésta problemática, donde se hace con mayor frecuencia e intensidad es en los niveles de secundaria y bachillerato, licenciatura es el nivel en el que menos se presentan tales situaciones.

El agresor que consideran los maestros ser más frecuente son los alumnos, seguidos de colegas y padres de familia. El tipo de violencia principalmente es la verbal o a daño a propiedad privada, consideran que la violencia física no es un fenómeno recurrente.

Se concluye que el bullying es un fenómeno que se presenta frecuentemente y afecta en diferentes niveles la vida de las personas que lo experimentan.

Marco de referencia
El problema del bullying que sufren los maestros es un tema que probablemente se esté subestimando, ya que la recolección de datos y las investigaciones se ven limitadas por diferentes factores, como son: los estudiantes, formas de victimización y la perspectiva que tienen los directores de la situación. Adicionalmente, la mayoría de las investigaciones que se han realizado hasta la fecha sobre el tema, se han centrado en las agresiones por parte de los maestros; excluyendo en cierta medida aquellas generadas por otros perpetradores, como lo son padres y colegas. Otro elemento que contribuye a limitar el conocimiento de la problemática se refiere a la observación de sólo algunas de las formas de agresión, como amenazas y violencia física, olvidando así muchos más métodos de victimización. En cuanto a la perspectiva por parte de los directores, se ve limitada ya que ellos tienen un gran interés por presentar su escuela libre de conflictos; adicionalmente, los maestros no reportan los incidentes de victimización por temor a represalias. (APA, 2012).

A partir de la Encuesta Nacional de Violencia hacia Maestros en Estados Unidos, se observó que a lo largo de los últimos dos años la mitad de los maestros encuestados habían experimentado alguna forma de victimización o violencia. Las agresiones reportadas con mayor frecuencia fueron, en el siguiente orden, acoso, delitos hacia propiedad privada y, por último, violencia física. Asimismo, se encontró que los estudiantes eran los perpetradores más comunes, sin embargo no eran los únicos, ya que un gran número de agresiones eran también llevadas a cabo por maestros y padres. Adicionalmente, se observaron ciertas tendencias en las agresiones hacia maestros en cuanto a su género, raza, y entorno comunitario, las cuales demuestran cómo es que las experiencias de cada maestro varían (APA, 2012).

De aquellos maestros que especificaron su género en la Encuesta Nacional de Violencia hacia Maestros en Estados Unidos, 3 de cada 4 eran víctimas de bullying, reportando haber sido agredidos por lo menos en una ocasión durante los últimos dos años. En los hombres se reportan tasas más altas de amenazas verbales, victimización a través del Internet, gestos o señas obscenas, robo y daños a propiedad privada y violencia física. Por otro lado, las mujeres presentaron una tasa más elevada de intimidación por parte de sus agresores (APA, 2012). Olweus indica que las mujeres utilizan formas de maltrato más indirectas como la difamación, el rumor, la manipulación de relaciones de amistad, entre otras; por esta razón el bullying contra las mujeres es menos visible que entre los hombres y tiene un mayor efecto a nivel psicológico que físico. Estas diferencias podrían explicarse a partir de las dinámicas de los roles de género, es decir, por lo general los hombres se encuentran expuestos a situaciones de mayor riesgo físico, como intervenir en peleas o altercados, además que su condición física permite tener un mayor contacto; mientras que en el caso de las mujeres es más probable que sean intimidadas verbalmente o sufran de victimización psicológica. Estas situaciones se deben a los roles que cada uno desempeña (APA, 2012).

Los resultados de la Encuesta Nacional de Violencia hacia Maestros en Estados Unidos indican que los maestros son víctimas de bullying por parte de varios individuos, ya que no son sólo los estudiantes quienes demuestran estas agresiones, a pesar de ser quienes lo hacen con mayor frecuencia; sino que padres, superiores y colegas son partícipes también dentro de este fenómeno. Adicionalmente, los maestros reportaron que el tipo de agresión era más severa por parte de colegas, superiores y padres, mientras que estas ofensas fueron menores al ser realizadas por los estudiantes. Este patrón podría reflejar una dinámica de poder, siendo los adultos quienes creen tener una mayor justificación y efectividad al utilizar estas estrategias, las cuales pueden ser vistas como amenazas e influencias para manipular a los maestros y obligarlos a hacer lo que los perpetradores desean (APA, 2012).

Según la APA (2012) la violencia y el tipo de agresión se encuentran relacionados con variables como los maestros, el salón de clases, la escuela y la comunidad. Para prevenir el desarrollo de agresiones y violencia por parte de estudiantes se proponen los siguientes puntos:

1. El área administrativa, padres, maestros y estudiantes deben reconocer que la violencia escolar es una problemática que los involucra a todos y de la cual todos deben ser responsables. La violencia y agresiones que se viven en comunidades alrededor de las escuelas deben ser abordadas para prevenir su propagación hacia los salones y pasillos de las escuelas.

2. Es esencial contratar maestros que se encuentren preparados para afrontar la violencia y los comportamientos antisociales que se den dentro de las escuelas, al adentrarse en su profesión es necesario también motivarlos para que continúen desarrollándose como personas y maestros.

3. Las actitudes y comportamientos de los maestros dentro del salón de clases son variables que pueden incidir en la agresión en el salón, la cual, a su vez, predice otras agresiones hacia maestros. Por lo tanto, se busca fomentar programas de preparación para maestros pensando en la importancia de proveerlos con el conocimiento, las habilidades de manejo dentro del salón, y la confianza para establecer ambientes participativos dentro del aula. Asimismo, estos programas de preparación deben reforzar los comportamientos y habilidades de maestros principiantes, con el fin de responder de manera cálida y con confianza en sus habilidades para una intervención efectiva.

4. La relación entre estudiantes y maestros tiene una gran influencia en el rendimiento tanto académico como conductual, ya que el comportamiento de los alumnos influencia el comportamiento de los maestros y viceversa, con la existencia de relaciones conflictivas se genera un ambiente de hostilidad en el que se genera con mayor facilidad la violencia. Por lo que se propone que los maestros generen un clima adecuado para que las relaciones que se generen sean las adecuadas que facilite o inhiba la violencia hacia maestros.



Extraído de
Bullying contra maestros
Autores
O’Hea, A. y Vite, J.
Universidad Iberoamericana, México

miércoles, 5 de febrero de 2014

Formas de acoso escolar



El acoso escolar o bullying, ha estado presente siempre, y en estos tiempos ha adquirido mayor visibilidad ¿Cuántas formas de acoso se registran? ¿Qué consecuencias traen? Es necesario conocer sobre el tema, y reforzar la vigilancia.


Las acciones de acoso pueden clasificarse en físicas y psicológicas. El acoso físico se presenta cuando el niño es golpeado, en general en la cabeza o cuando se le tira del cabello o se imitan sus gestos. También pueden manifestarse en forma indirecta a través del destrozo de materiales personales o de pequeños hurtos.

La intimidación que, generalmente, se ejerce mediante amenazas de violencia, asignación de apodos o sobrenombres, exigencia de dinero o de bienes materiales, utilización de lenguaje sexualmente ofensivo, ridiculización y humillación, forman parte del acoso sicológico. Este tipo de acoso se manifiesta también a través de la exclusión y el aislamiento en las actividades escolares como trabajo en grupo, actividades recreativas y/o deportivas o, por ejemplo, no invitándoles a las fiestas que se organizan. También forman parte del acoso sicológico la expansión de rumores tendientes a generar malestar a los estudiantes acosados.

Los estudios muestran que los adolescentes que son acosadores o víctimas tienen una experiencia social y un bienestar emocional reducido y participan en comportamientos de riesgo para la salud, en general, reportan mayores tasas de consumo de alcohol y drogas, de peleas y de porte de armas, que los estudiantes que no son víctimas. Asimismo, los estudiantes que son víctimas de acoso escolar a menudo experimentan una mala adaptación social y emocional, baja autoestima, y mayores niveles de soledad, ansiedad, depresión e ideas suicidas, que los que no participan en la intimidación.

Una forma de acoso psicológico se da a través de los medios tecnológicos: El cyberbullying. En esta sección nos basaremos en el artículo de Maidel para describir el uso de las tecnologías para agredir. maltratar, intimidar o amedrentar a estudiantes por parte de sus compañeros y para alertar sobre los riesgos físicos y psicológicos a que están expuestas las víctimas. Dos de las características del cyberbullying que lo hace muy agresivo es la posibilidad del anonimato y el hecho de actuar sobre espacios escolares y extraescolares. Este tipo de acoso se da, por ejemplo, a través de las redes sociales, emails, mensajes de texto en los celulares, sitios web personales, comunidades virtuales, entre otros, y en ese sentido se extienden al entorno extraescolar.

Consecuencias del acoso escolar
Los niños víctimas de acoso escolar presentan, en general, bajo rendimiento escolar, su autoestima decrece a tal grado que llegan a aceptar las diversas formas de acoso aún siendo conscientes de que los están sometiendo a altos niveles de agresión física y psicológica. Esta es la situación de estudiantes que son rechazados por sus compañeros en las actividades escolares y que son víctimas de acciones crueles, frecuentes por parte de los mismos, sin que ni en su colegio ni en su familia se detecte dicha situación. La vida de estos niños se hace más difícil cuando también son víctimas de reproches por parte de sus padres y de sus profesores debido a su bajo rendimiento académico.

Los efectos negativos del acoso escolar son bien reconocidos a nivel mundial. La agresión constante efectuada por pares en la escuela genera problemas de salud y de bienestar, con efectos duraderos. También se ha encontrado que el comportamiento de intimidación está asociado con el aumento de síntomas psicosomáticos; los intimidadores tienden a ser infelices en la escuela; los estudiantes intimidados se sienten solos, teniendo todos ellos un mayor número de síntomas psicológicos y psicosomáticos.

En un estudio realizado en Chile en el cual participaron 8131 estudiantes de educación media, 47% de ellos reportaron haber sido matoneados en el último mes y de éstos el 30% reportaron sentimientos de tristeza y desesperanza durante dos o más semanas en el último año. Los estudiantes de séptimo y octavo reportaron más probabilidad de matoneo que los de noveno, pero los de noveno reportaron más altos niveles de soledad, dificultades para dormir y pensamientos suicidas que los estudiantes de séptimo y octavo grado. Los hombres tienen más probabilidades que las niñas de reportar acoso escolar, pero las mujeres tienen más probabilidad que los muchachos de reportar síntomas de depresión, como sentimientos de tristeza y desesperanza, soledad, dificultades con el sueño y pensamientos suicidas.

Estudios, como el realizado por Rigby, indican también que la tendencia a victimizar a otros o a otras en la escuela, predice con certeza la conducta antisocial y violenta del adulto. Así, los agresores también necesitan ayuda para el desarrollo de su autoestima, de su autoconfianza y la internalización de límites en sus comportamientos.

Los estudiantes que son víctimas de acoso escolar se encierran cada vez más en sí mismos y se deprimen llegando a presentar altos niveles de rechazo a la escuela (por temor a los compañeros, al trabajo escolar o a algún profesor), sin que en general sean detectadas las causas de su rechazo a la escuela e incluso llegando a ser víctima de violencia intrafamiliar por esta actitud. Así mismo, en múltiples ocasiones, el acoso escolar puede conllevar a conductas de agresividad y de violencia. Maidel indica que un niño víctima de acoso escolar puede, como consecuencia, manifestar ansiedad, tristeza, estrés, miedo, apatía, angustia, rabia reprimida, dolores de cabeza o estómago, disturbios del sueño, pérdida del apetito o aislamiento, y que muchas de estas consecuencias persisten por el resto de la vida.

Otros estudios muestran contundentemente que las víctimas de acoso exhiben profundo malestar psicológico, del cual la tendencia suicida es una manifestación. Muestran que, en general, los adolescentes que están más expuestos a este tipo de conductas presentan más síntomas depresivos que quienes no son víctimas de las mismas.

La actitud intimidatoria decrece con la edad pero es posible que cuando el niño o niña ha crecido ya se le haya hecho un daño irreparable en su personalidad y ya no tenga reverso, dándole trabajo adicional al sector salud desde la escuela, en la cual se están aumentando significativamente los problemas de estrés que ya la sociedad en sí genera, debido a los retos que les impone desempeñarse en ella con competencia.



Autores
EDILBERTO CEPEDA-CUERVO Profesor Asociado. Departamento de Estadística. Universidad Nacional de Colombia
GLORIA CAICEDO SÁNCHEZ Asesora. Viceministerio de Educación Preescolar. Básica y Media. Ministerio de Educación de Colombia
En Revisto Iberoamericana de Educación n." 61/3- 15/03/13
Organización de Estados Iberoamericanos poro la Educación la Ciencia y la Cultura

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