viernes, 4 de mayo de 2012

Pistas para entrar en las redes sociales sin caer en ellas

Las redes sociales en Internet han llegado para quedarse, por lo menos por un buen tiempo ¿Qué actitud tomar frente a ellas? ¿Pueden convertirse en un aliado del docente? ¿Qué prevenciones tomar? ¿Qué oportunidades brindan? El siguiente artículo reflexiona sobre el tema.



Después de la emergencia de la blogosfera, las redes sociales virtuales se presentan como uno de los fenómenos más revulsivos de la cada vez más digitalizada sociedad en la que vivimos. Millones de personas en todo el mundo, una gran mayoría de ellas menores de edad, expanden, desdoblan y comparten sus identidades en estos espacios digitales donde todos los aspectos de la vida se proyectan en nuevos escenarios de convivencia, y donde la educación puede y tiene que encontrar un nuevo laboratorio para desarrollarse.

Desde hace dos o tres años hemos asistido a un incesante y vertiginoso crecimiento de una modalidad de interacción digital que se materializa en las llamadas redes sociales. Se trata de algo más que una moda que sin duda marca una etapa en la evolución de Internet. Hoy resulta habitual que alguien pueda compartir con sus amigos las fotos del verano desde su cuenta de Facebook, que los adolescentes se mantengan al tanto de los movimientos de sus conocidos por lo que publican en sus páginas de Tuenti, o que redes como Linkedin sirvan como espacio para establecer y desarrollar contactos profesionales. Cuando menos los ajenos a este tipo de redes, e incluso a Internet, ven cada vez menos extraño que en la Web puedan ocurrir este tipo de cosas, aunque sólo sea por lo que transciende de ellas a través de los medios de comunicación convencionales, y aunque suela llegarnos con una imagen marcada por el sensacionalismo, lo anecdótico o lo temible.

Evitar tecnofobias y tecnofilias
Pero si bien estamos ante una nueva fase de Internet, ésta no deja de ser un paso más en la penetración en la sociedad de lo que desde el principio constituye el ciberespacio: una red de redes. Su esencia es precisamente la posibilidad de interconectar cualquier ordenador y conjunto de ordenadores y dispositivos a través del mismo código informático: el HTTP (Hipertext Transfer Protocol). De modo que una red social digital no es más -ni menos que una estructura digital que habilita a los usuarios que deciden pertenecer a ella para compartir la información que estimen oportuna con los usuarios que estimen adecuados. Para ello cuentan con una amplísima variedad de aplicaciones, herramientas y recursos que les sirven para comunicar, conocer, compartir o jugar…, como la vida misma. Evitar las posibles perversiones que puedan generarse en esas estructuras y que puedan afectar negativamente a nuestros menores, como en el resto de los espacios donde convivimos, depende más de una actitud consciente y responsable cultivada en los espacios de interacción presencial y de educación integral y activa que de un control exacerbado o represivo.

De hecho, las redes sociales son anteriores a Internet, funcionan desde que el hombre es hombre, y cuando se hacen virtuales no dejan de circunscribirse al ámbito humano. Considerar lo contrario, tanto por un excesivo temor a los posibles peligros de la Red, como por un eufórica admiración hacia las maravillas de la digitalización supondría dar un peso desmesurado a lo que aporta la tecnología a nuestras vidas y caer, por tanto, en las redes del determinismo tecnológico. Internet es una extensión de nuestra percepción de la realidad y de nuestra interacción con ella. Amplía, sofistica y transforma a ambas, pero nuestra capacidad de asimilar tanta energía e información no cambia, y nuestro tiempo sigue siendo el mismo. El sociólogo Félix Requena Santos, investigador de redes sociales tradicionales y autor de Redes sociales y sociedad civil, diferencia entre lazos virtuales y reales, considerando débiles a los primeros, y sólidos a los segundos. Alguien puede tener miles de “amigos” en su red, pero por mucho que se esfuerce sólo podrá mantener lazos fuertes con apenas unas pocas decenas de ellos. Además, los criterios para que los lazos puedan fortalecerse son los mismos que rigen en las relaciones presenciales: en el mundo virtual la amistad está igualmente estructurada y también prima en ella la identificación, de manera que se hace más propicia con aquellos con quiénes nos sentimos más parecidos. Es cierto que Internet favorece el avance del anonimato y la proliferación de identidades múltiples, lo que puede propiciar la acción de nuevas y viejas formas de esquizofrenia, adicción, manipulación y oportunismo abusivo, así como una desorientadora saturación de información. Pero también puede servir para elevar al consciente colectivo realidades que hasta ahora no solían desvelar los medios de comunicación tradicionales, realidades como conflictos olvidados y no resueltos o reivindicaciones políticas o sociales silenciadas por el pensamiento único. Por otra parte, según un estudio de Ocio Network, más del 60% de los encuestados reconoce que Internet se ha convertido en un medio de ayuda en sus relaciones sociales.

Un escenario más para la educación
Las tecnologías tampoco cambian la esencia de enseñar y aprender, pero pueden ayudar a introducir nuevas metodologías y entornos estimulantes para la educación. Facebook o Tuenti son algo más que un entretenimiento banal y postmoderno, y también son algo menos que un coladero para comportamientos degenerados. Para empezar es muy valioso lo que ya se ha avanzado con plataformas virtuales que no son otra cosa que redes sociales dirigidas a la formación online o al apoyo de las clases presenciales. Además de los blogs, valiosísimos como herramientas didácticas, llevo más de cinco años utilizando Moodle como herramienta de apoyo docente para mantenerme en contacto con mis alumnos, y puedo decir que es hoy un instrumento básico con el que consigo acercarme un poco más a los códigos que ellos comparten en otras redes más informales para expresarse, entablar relaciones y, claro está, para aprender. También tengo que reconocer que el acercamiento podría ser aún mayor si la estrategia se focalizara en esas otras redes.

De cualquier modo, lo que ofrecen las redes sociales populares es un ambiente favorable para conectar la educación formal con el aprendizaje informal y cotidiano. Como explica el profesor Juan José de Haro en su blog, estas redes permiten: reunir en el mismo “lugar” a profesores, alumnos, recursos y actividades docentes; aumentar el sentimiento de comunidad educativa; mejorar el ambiente de trabajo al permitir al alumno crear sus propios objetos de interés, así como los propios del trabajo que requiere la educación; aumentar la fluidez y la sencillez de la comunicación entre profesores y alumnos; incrementar la eficacia del uso práctico de las tecnologías digitales; facilitar la coordinación y trabajo de diversos grupos de aprendizaje mediante la creación de equipos de trabajo; y desarrollar el aprendizaje del comportamiento social básico de los alumnos.

Todo ello facilita un impulso indudable para la creatividad y la colaboración, claves para la generación y la apertura del conocimiento que ha demostrado el trabajo en red de iniciativas como la famosa Wikipedia, la red de webs de información alternativa Indymedia o el software libre como Linux y las licencias de reproducción Creative Commons. La colaboración es la esencia de la Red de redes y de la Web, que tiene como horizonte la llamada Web Semántica, algo así como un ciberespacio con sentido propio y basado en el lenguaje natural, en el que la privacidad de los usuarios no estaría reñida con la transparencia de los contenidos. En el camino hacia este ciberparaíso terrenal también podemos destacar herramientas colaborativas como Del.icious, una red social para compartir enlaces a sitios web y etiquetarlos mediante comentarios orientativos de los usuarios.

Si la creación colectiva es tan viable y valiosa para extender el conocimiento, también puede ofrecer líneas de desarrollo interesantísimas para la educación a través de las redes sociales. Quizás no sea tan viable hacerlo en espacios tan abiertos, inciertos y llenos de interferencias como Facebook o Tuenti, además de que podría suponer una invasión fallida de territorios demasiado personales de los alumnos, pero tenemos otras opciones aparte del ya mencionado Moodle. Ning ofrece redes sociales de forma gratuita que pueden ser cerradas al exterior. Además, para los grupos educativos de menores de edad permite eliminar la publicidad de Google. Por otro lado, Eigg es una red creada específicamente para la educación que, igual que Moodle, necesita un servidor propio, lo que, hace más complicada su configuración. Por último, Mi cueva se dirige a los más pequeños y garantiza la máxima privacidad gracias a que sus 20.000 usuarios registrados han pasado un control previo telefónico.

En definitiva, el de las redes sociales es un fenómeno que por sus crecientes dimensiones y los episodios escabrosos que se hayan podido dar en ellas, justifica una gran dosis de respeto y atención, pero no tanto de miedo. Son mucho más significativas las luces que ofrece su exploración. Además, si bien las tecnologías digitales, en general, y las redes sociales, en particular, nos presentan un nuevo desafío para tomar conciencia de la realidad, no hay que olvidar que, por mucho impacto que tenga en nuestras vidas, la tecnología es sólo una herramienta y no un fin en sí misma.


Autor
José Gª Madariaga
Miembro de Aire Comunicación
Profesor de periodismo y tecnologías digitales de la Universidad Rey Juan Carlos
Extraído de
Padres y madres de alumnos y alumnas



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