martes, 28 de septiembre de 2010

El tren del fin del mundo


Los siguientes textos son obra de Miguel A Santos Guerra, con su gran poder de comunicación nos llama la atención hacia las necesidades de los niños ¿Qué es lo importante? ¿Los adultos estamos cumpliendo?

Miguel Ángel Santos Guerra
Doctor en Ciencias de la Educación.
Diplomado en Psicología.
Catedrático de Didáctica y Organización Escolar.
Autor y Director de libros, colecciones, revistas y publicaciones de libros sobre educación.
Miembro de la Comisión Asesora para la evaluación del sistema educativo de la
Junta de Andalucía.


Tren Del Fin Del Mundo



EL TREN DEL FIN DEL MUNDO
L recuerdo con una nitidez inusual. Un hecho concreto, minúsculo, pero muy significativo. Hace ya de esto muchos años. Tendría yo entonces cinco o seis. Viajaba en un tren expreso nocturno La Coruña-Madrid en compañía de mi padre. Era pleno invierno. Por lo que oía decir hacía muchísimo frío. Se había averiado la calefacción del tren. Recuerdo aquella sensación como algo maravilloso. Mi padre me tapó con una manta, me colocó tendido en el asiento de aquel compartimento, me arropó y con el traqueteo del tren como nana, me fui quedando dormido. Mientras lo hacía podía escuchar las expresiones relativas al intenso frío, al frío insoportable. Sentí, además del calor, la seguridad de estar protegido por alguien que evitaría cualquier peligro, cualquier amenaza. Podía dormir tranquilo. Alguien, para mí todopoderoso, velaba mi sueño en el asiento de enfrente. Qué paz, qué seguridad, qué calor privilegiado en medio de aquel ambiente gélido, en medio de tantos peligros nocturnos.

En la hermosa ciudad argentina de Ushuaia, la más austral de la tierra, circula un tren maravilloso que se llama “El tren del fin del mundo”. En la ciudad de Jujuy, también argentina, funciona otro tren que, por la altura a la que circula, se llama “El tren de las nubes”. Aquel correo La Coruña-Madrid era para mí el tren del fin del mundo, era también el tren de las nubes. En aquel tren podía ir hasta donde fuera. Yo me sentía a salvo, a gusto y feliz.

Los niños de hoy tienen muchas más cosas que los de nuestra generación. Lo podemos comprobar en estos días navideños. Muchos niños de hoy tienen de todo. Y sería terrible que les faltara lo esencial. Las muestras cercanas y constantes que conlleva la presencia amorosa de los seres queridos. Esa presencia que entraña protección, seguridad y afecto. La presión del trabajo del padre y de la madre, el ajetreo de las ocupaciones, la prisa y las exigencias de la vida social, las demandas prematuras y obsesivas de formación, dejan poco tiempo para compartir con los hijos y las hijas. Nos afanamos por su bien, decimos, pero les hacemos daño con la ausencia y la falta de contacto.

Ellos y ellas no quieren muchos ceros en la cuenta corriente, quieren el círculo emocional de un abrazo sentido y prolongado. Ellas y ellos no necesitan muchos metros cuadrados de casa, lo que precisan es el refugio estrecho de la ternura. He leído con detenimiento el libro de Ferrucci “La fuerza de la bondad”. La tesis que sostiene el autor en el libro es que “las personas bondadosas viven más tiempo, tienen más éxito en sus vidas y son más felices que el resto. En otras palabras -dice- están destinadas a vivir de una manera mucho más interesante y satisfactoria que quienes carecen de esta cualidad”. Las personas bondadosas, por pura lógica, hacen también más felices a los demás.

Cuenta el autor, en uno de los capítulos del libro, titulado “Calor humano” que una amiga suya llamada Dorotea oye llorar a la niña pequeña de sus vecinos. En la habitación contigua a la suya. Los padres la acuestan sola en la oscuridad. La niña llora durante largo rato, mientras los padres ven la televisión. El llanto desesperado de la niña expresa angustia y soledad. Dorotea piensa que si habla con los padres quizás contribuya a empeorar la situación. Decide cantar para que la niña se duerma. Al igual que ella oye a la niña llorar, ésta puede oírla a ella. Cada noche, cuando los padres acuestan a la niña, Dorotea le canta unas dulces nanas, le habla a través de los delgados tabiques, la tranquiliza y consuela. La pequeña escucha la voz invisible pero amiga, deja de llorar y se duerme plácidamente. El calor de la voz de la extraña la ha salvado de su gélida soledad.

En el tren de la vida hace frío porque el sistema de calefacción que son las relaciones humanas no funciona, porque el contacto entre las personas (“carnefacción”, me gusta decir) permanece averiado por el egoísmo, la intemperancia, la crueldad, los intereses, la envidia, el rencor o la indiferencia.

Las ventanas del tren están abiertas haciendo posible que penetre en los compartimentos el frío de un ambiente dominado por el individualismo exacerbado, la competitivad cruel y la obsesión por la eficacia. Por la dureza y la crueldad. ¿Dónde se ha ido la ternura, el sosiego, el calor humano? Los niños viajan, a veces solos, a veces mal acompañados por padres y madres que mantienen una entretenida tertulia con amigos tomando una cerveza en la cafetería del tren, que leen ensimismados, que duermen agotados por el extenuante trabajo o que contemplan distraídos el paisaje a través de la ventanilla. Excelente oportunidad la de estos días de frío y de compras para pensar en lo que necesitan y en lo que les damos a nuestros niños.

Aplastados por montañas de juguetes los niños y las niñas se sienten solos y oprimidos, cada vez más alejados de la caricia. Saturados de cosas, deslumbrados por las luces, entretenidos con la televisión pero ateridos por el frío de la soledad y del abandono. La ternura no es sólo un quehacer de estas fechas, sino de cada día, de siempre. “Toujours”, dicen los franceses, que es la forma más hermosa de decir siempre. En una fábula de Esopo el viento y el sol hacen una apuesta para ver quién consigue que un viajero se desnude antes. El viento empieza a soplar, pero el viajero no se desnuda. El viento sopla más fuerte. El viajero no sólo no se despoja de sus ropas sino que se arrebuja en ellas. El viento se pone a soplar con todas sus fuerzas, como un huracán, como un tornado. En lugar de desnudarse el viajero se abriga más. Es el turno del sol, que aparece y comienza a brillar. El viento cesa. Hace calor. Cada vez más calor. El viajero comienza a sudar y se desnuda. Ha ganado el sol, no por medio de la fuerza sino del calor.

Creo que el termómetro moral de una sociedad es el trato que dispensa a los niños. Nunca podré explicarme casos como el de la niña del alféizar. Es una terrible metáfora de nuestra sociedad. Ocurrió en Santander hace unas semanas. Los bomberos rescataron de una ventana situada en el segundo piso de un edificio a una niña que estaba sentada en el alféizar con las persianas bajadas a sus espaldas. Cualquier movimiento hacia adelante hubiera ocasionado su muerte. ¿Por qué estaba allí sola, expuesta al frío, al borde del abismo? ¿Quién la había dejado allí?

Una sociedad que tiene colocados a sus niños en el alféizar de las ventanas es una sociedad indigna y cruel. El tren en el que viajan niños solos y abandonados es un tren que circula hacia la tristeza, la desesperanza y la destrucción. Maldita la hora en que llamamos a los niños para hacer este viaje. El tren de la felicidad infantil se construye con cuatro “tes”: t de ternura, t de tiempo, t de tranquilidad, y t de tutela. Bendito tren en el que viajan los niños acompañados hacia la madurez y la libertad. El tren de las nubes de la felicidad. El tren del fin del mundo. Hasta allí de lejos se puede viajar en él.

lunes, 20 de septiembre de 2010

Tenemos que fortalecer la Escuela y a toda la gente que trabaja allí.

La Escuela es el LUGAR (con mayúsculas) donde los chicos muestran lo que les pasa.

Los chicos sufren y los grandes estamos llenos de incertidumbre y de miedos. Nos estamos volviendo paranoicos.
La paranoia es un estado de locura, de desorden del espíritu. Es una enfermedad que se caracteriza por sufrir delirios de persecución (delirar = desvariar).
¿Cómo rescatamos valores para disminuir los daños en nuestras vidas?.... Construyendo lazos sociales sólidos.
Esta construcción implica que la persona, hombre, mujer, chico o grande, significa «algo para alguien». Lo subjetivo y lo social se construyen juntos.
Avancemos con el tema inhibición.
Creo que estará de acuerdo, estimado lector, que la «Inmediatez» se instaló entre nosotros. Todo debe ser ya. El que no se apura pierde. El que tarda es un retardado. Para «pertenecer» hay que apurarse, hay que subirse rápido porque nos dejan abajo. Para ser (ser humano) hay que tener. Y para tener hay que consumir. Entonces corremos hacia lo que nos ordenan, seducen, manipulan y convencen que debemos tener. Es probable, que si pudiésemos detenernos a pensar un poco en lo que necesitamos, muchos de los bienes materiales que nos matamos por conseguir, no son necesarios.
La cuestión es «avivarnos» (lo opuesto a matarnos) y pensar si valen la pena los costos que pagamos para satisfacer las necesidades que nos inventaron. Darnos cuenta que el consumir nos consume.
Entonces, esta inmediatez inhibe.
Cuando nos apuran nos inhibimos. Necesitamos tiempo para procesar necesidades, para elegir, para dar respuestas, para tomar decisiones.
Uno de los valores importantes que quedó inhibido es la AUTORIDAD. Los padres y los docentes se fueron inhibiendo ante las demandas y transgresiones de sus hijos y alumnos.
Otra causa de la perversa inmediatez a la que estamos sometidos, es el uso de la medicación. Todo se medica. La medicación inhibe.
Los chicos que no atienden, los inquietos, los asustados, los que participan con preguntas que los adultos no se bancan responder. Las crisis vitales por las que los adultos transitamos, duelos por diferentes cambios, alguna sintomatología orgánica que está avisando que algo hay que cambiar en el ritmo de vida, todo... se medica todo.
No se resuelve la problemática, se la tapa con medicación para adaptarnos a lo que se nos impone.
Las personas no se deprimen de la misma manera, cada uno tiene una historia diferente, pero la droga es la misma para todos.
Los alcoholistas dicen que toman para deshinibirse. -» ¡Cómo me la levanté!»  -»¿Estabas en pedo?». «Borracho mal, no!...alegre nomás»
¿Qué tiene inhibido? ¿El miedo a encarar?...¿La alegría?...¿Cómo es estar borracho bien?..
-»Che! Encarala sobrio» -» ¡Ni loco!»
Este ejemplo de diálogo se repite a montones con los chicos bebedores. Les cuesta mucho darse cuenta (tomar consciencia) que tienen miedo, inseguridad, vergüenza.
Los sentimientos normales de inhibición ante situaciones desconocidas, como son los primeros abordajes en la sexualidad adolescente son vividos como enfermedad y la enfermedad del alcoholismo es vivida como normalidad.
En la inmediatez del encuentro, hay que medicarse rápidamente y el alcohol es lo que más se tiene a mano. Los lazos sociales son tan débiles que ya el grupo de pares, la barrita de amigos, no es contenedora. Todavía sirve para acompañarse, pero no alcanza.
No importa que duela (dicen los que se cortan o tatúan), no importa la resaca, no importa cuando alguna consigna familiar o escolar es transgredida, no importa.
Y los adultos que inhibieron su autoridad, tampoco tienen consciencia de que la autoridad contiene, la autoridad protege.



Autora

Irene Sofia Rojek

http://www.elchubut.com.ar/

lunes, 13 de septiembre de 2010

Aprender a pensar


ENSEÑANDO A PENSAR

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Sir Ernest Rutherford, presidente de la Sociedad Real Británica y Premio Nobel de Química en 1908, contaba la siguiente anécdota:

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Hace algún tiempo, recibí la llamada de un colega. Estaba a punto de poner un cero a un estudiante por la respuesta que había dado en un problema de física, pese a que este afirmaba con rotundidad que su respuesta era absolutamente acertada. Profesores y estudiantes acordaron pedir arbitraje de alguien imparcial y fui elegido yo.

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Leí la pregunta del examen y decía: "demuestre cómo es posible determinar la altura de un edificio con la ayuda de un barómetro". El estudiante había respondido: "lleva el barómetro a la azotea del edificio y átale una cuerda muy larga. Descuélgalo hasta la base del edificio, marca y mide. La longitud de la cuerda es igual a la longitud del edificio".

 

 




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Realmente, el estudiante había planteado un serio problema con la resolución del ejercicio, porque había respondido a la Pregunta correcta y completamente. Por otro lado, si se le concedía la máxima puntuación, podría alterar el promedio de su año de estudios, obtener una nota mas alta y así certificar su alto nivel en física; pero la respuesta no confirmaba que el estudiante tuviera ese nivel.

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Sugerí que se le diera al alumno otra oportunidad. Le concedí seis minutos para que me respondiera la misma pregunta pero esta vez con la advertencia de que en la respuesta debía demostrar sus conocimientos de física. Habían pasado cinco minutos y el estudiante no había escrito nada. Le pregunte si deseaba marcharse, pero me contestó que tenía muchas respuestas al problema. Su dificultad era elegir la mejor de todas.

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Me excusé por interrumpirle y le rogué que continuara. En el minuto que le quedaba escribió la siguiente respuesta: "coge el barómetro y lánzalo al suelo desde la azotea del edificio, calcula el tiempo de caída con un cronometro. Después se aplica la formula Altura = 0,5 por A por T2. Y así obtenemos la altura del edificio". En este punto le pregunté a mi colega si el estudiante se podía retirar. Le dio la nota mas alta. Tras abandonar el despacho, me reencontré con el estudiante y le pedí que me contara sus otras respuestas a la pregunta.

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"Bueno", respondió, "hay muchas maneras, por ejemplo, coges el barómetro en un día soleado y mides la altura del barómetro y la longitud de su sombra. Si medimos a continuación la longitud de la sombra del edificio y aplicamos una simple proporción, obtendremos también la altura del edificio".

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"Perfecto", le dije, "¿y de otra manera?" "Si", contestó,"éste es un procedimiento muy básico para medir un edificio, pero también sirve. En este método, coges el barómetro y te sitúas en las escaleras del edificio en la planta baja. Según subes las escaleras, vas marcando la altura del barómetro y cuentas el numero de marcas hasta la azotea. Multiplicas al final la altura del barómetro por el numero de marcas que has hecho y ya tienes la altura. Este es un método muy directo.

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Por supuesto, si lo que quiere es un procedimiento mas sofisticado, puede atar el barómetro a una cuerda y moverlo como si fuera un péndulo. Si calculamos que cuando el barómetro esta a la altura de la azotea la gravedad es cero y si tenemos en cuenta la medida de la aceleración de la gravedad al descender el barómetro en trayectoria circular al pasar por la perpendicular del edificio, de la diferencia de estos valores, y aplicando una sencilla formula trigonométrica, podríamos calcular, sin duda, la altura del edificio. En este mismo estilo de sistema, atas el barómetro a una cuerda y lo descuelgas desde la azotea a la calle. Usándolo como un péndulo puedes calcular la altura midiendo su periodo de precesión.

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En fin , concluyó, existen otras muchas maneras. Probablemente, la mejor sea coger el barómetro y golpear con el la puerta de la casa del conserje. Cuando abra, decirle: señor conserje, aquí tengo un bonito barómetro, Si usted me dice la altura de este edificio, se lo regalo. En este momento de la conversación, le pregunté si no conocía la respuesta convencional al problema (la diferencia depresión marcada por un barómetro en dos lugares diferentes nos proporciona la diferencia de altura entre ambos lugares) evidentemente, dijo que la conocía, pero que durante sus estudios, sus profesores habían intentado enseñarle a pensar.

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El estudiante se llamaba Niels Bohr, físico danés, premio Nobel de Física en 1922, mas conocido por ser el primero en proponer el modelo de átomo con protones y neutrones y los electrones que lo rodeaban. Fue fundamentalmente un innovador de la teoría cuántica. Al margen del personaje, lo divertido y curioso de la anécdota, lo esencial de esta historia es que… LE HABÍAN ENSEÑADO A PENSAR.

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... Espero que les haya gustado. Por cierto, para los escépticos, esta historia es absolutamente verídica...

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La solución a un problema nunca es una sola.... aprendan a buscar la mejor manera de resolver, y anímense a ver las cosas desde muchos puntos de vista y aprenderán que uno mas uno, ¡no siempre es dos! 

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Si los docentes de hoy se dedicaran a eso: enseñar a pensar a sus educandos y a que éstos lo hagan por sí mismos, nuestra sociedad sería muy diferente. Debe ser el principal objetivo, enseñar a los alumnos a pensar, a dudar, a desarrollar un pensamiento crítico y a resolver problemas. En última instancia toda la vida no es sino una sucesión de problema a resolver. y para ello es imprescindible haber aprendido a pensar. Un riesgo que existe hoy entre los chicos es que sean personas instruidas pero no hombres cultos. Saber de memoria los versos de un poeta significa ser instruido, entenderlos y meditarlos es ser culto. "En la escuela, a menudo... lo único que se aprende es a ser alumno ..." la tarea de las instituciones de educación, pero principalmente de los Padres de Familia, es que sus hijos aprendan a pensar.

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La UNESCO acuñó en 1985 una medalla para conmemorar el centenario del nacimiento de Niels Bohr En el anverso lleva el perfil del ilustre científico repetido seis veces, y en el reverso un dibujo del espectro del átomo de hidrógeno con los electrones girando en torno al núcleo, ejecutado por el propio Bohr, junto con la fórmula "E2-E1=hy2" que expresa el comportamiento cuántico en el hidrógeno. En el centro de la medalla a la derecha figura la inscripción en latín "Contraria sunt complementa " (Los opuestos son complementarios), el principio de la complementariedad que Bohr formuló a partir de la física cuántica.

Se desconoce el Autor Imágenes: tomadas de la Web Realización y Composición: EdnA

 

sábado, 11 de septiembre de 2010

Finlandia escuelas de las que aprender todo

Los alumnos están al tope del rendimiento y no conocen la repitencia ni la desigualdad. Los docentes cuentan con autonomía y prestigio enormes.

Finlandia es el fenómeno mundial de la educación de la última década. En las pruebas PISA de la OCDE, que miden los aprendizajes de los alumnos de 15 años, es el país que logra los mejores resultados del mundo, destacándose en Ciencias y Compresión Lectora. Además, es el país con mayor igualdad en sus resultados entre las escuelas y donde el nivel socioeconómico menos impacto tiene en los aprendizajes.


Sus logros son excepcionales y rompen varios mitos. En primer lugar, el mito de que la calidad y la igualdad son incompatibles. Finlandia demuestra exactamente lo contrario: se aprende más cuanto mayor énfasis se pone en la igualdad. Por ejemplo, Finlandia no separa a los alumnos según rendimientos en aulas o escuelas especiales. La diversidad es condición de mayor complejidad en los aprendizajes.



El otro mito que derrumba Finlandia es el de las reformas pro mercado como atajos hacia la calidad. Finlandia evitó que las pruebas de calidad sean públicas, para que no haya rankings de escuelas y competencia entre ellas; no aplicó sistemas de incentivos de pago por resultados, evaluación externa de los docentes, o flexibilización laboral. Más aún, casi todo el sistema educativo finlandés es público y gratuito; las escuelas privadas son escasas.



En cambio, sus logros se basan en prestigiar la docencia. Sus docentes tienen una formación universitaria de seis años (que incluye una maestría) y se trata de la profesión más buscada del país, aun sin tener sueldos excepcionales. Alcanzar el título de docente es un logro que muestra una extrema disposición de compromiso y capacidad, por eso es tan prestigiosa su función social. Esos docentes con amplia formación tienen una inmensa autonomía: definen buena parte del currículum, eligen los libros de texto para sus alumnos y tienen plena capacidad (y recursos) para organizar la enseñanza. Tan es así que Finlandia decidió eliminar el sistema de inspección escolar, ya que resultaba innecesario con tan buena calidad docente.



Otro pilar educativo finlandés es la noción de justicia. El sistema se apoya en la idea central de que cada escuela es responsable de evitar el fracaso. El mayor énfasis lo ponen en primer grado, donde hay mucho apoyo individualizado. La repitencia es un fenómeno desconocido, todos logran los aprendizajes fundamentales.



Al conocer personalmente el sistema educativo finlandés en un viaje reciente, estas políticas me causaron un gran impacto. Pero nada se comprende sin añadir el contexto.


Socialmente se trata de un país excepcional, donde prima en la gente el valor de la igualdad. Se pagan con orgullo muchos impuestos y no existen desigualdades importantes: Finlandia es una sociedad extraordinariamente justa.



Las lecciones para la Argentina no pueden pensarse en experimentos simplificados de "copiar y pegar". Un gran aprendizaje es que las políticas de formación docente muestran ser el verdadero motor de todo cambio educativo profundo. Más aún: Finlandia evidencia que la principal política educativa es la lucha contra las desigualdades sociales.



La educación argentina sólo podrá mejorar si todos entendemos que es intolerable el nivel actual de desigualdad. Mientras tanto, la educación pública (gran beneficiaria de la redistribución por vía impositiva) espera que nuestra sociedad despierte.


 


Autor


Por Axel Rivas


Fuente


www.clarin.com

jueves, 2 de septiembre de 2010

Violencia silenciosa y silenciada en la escuela

Todo lo que hay que saber sobre cómo los jóvenes se ven involucrados en casos de violencia, tanto física como psíquica. El maltrato sexual y el rol de los padres.
Si en esta época no es sencillo hablar de la convivencia, en general, mucho más enmarañado se hace intentar hacerlo de la violencia. Esto es así, porque el fenómeno, al que consideramos una peligrosa enfermedad social, abarca aspectos biológicos, psicológicos, sociales, culturales, económicos y políticos, y su complejidad y velocidad de contagio hacen que se desarrolle allí donde el hombre y su cultura le hacen un lugar. Luego, mientras no se le apliquen los remedios correspondientes, continuará atacando y reproduciéndose en familias, escuelas y cualquier otro espacio de encuentro.

OTRO CLIMA SOCIAL.
La escuela debe ser vista como una comunidad de convivencia en la que se congregan alumnos, docentes, familias y la propia comunidad externa; pero, actualmente, uno de los aspectos que se ha transformado es el clima de convivencia que se desarrolla en los distintos ámbitos de la escuela.
Las instituciones educativas sufren el impacto que provocan los aprendizajes violentos adquiridos en la familia, el barrio y a través de los medios de comunicación. Estos se traducen en comportamientos indisciplinados y violentos que dejan poco lugar al aprendizaje de las competencias básicas. Solamente cuando existe buen entendimiento entre los valores educativos que propone la escuela, los que desarrolla la familia y los que están presentes en el sentir de la sociedad, los alumnos encuentran coherentes las normas y se genera un clima de relaciones, en el que los docentes pueden enseñar y los alumnos aprender.
Unos de los aspectos más importantes a tener en cuenta en los niños, y que contribuye al desarrollo cognitivo y social y al grado de efectividad con que actuamos luego como adultos, es el de las relaciones entre los alumnos. El mejor indicador en la niñez de la adaptación en la vida adulta no son las notas escolares, sino la capacidad con la que el niño se relaciona con otros niños. Aquellos alumnos que, generalmente, no son aceptados por otros compañeros, que son identificados como agresivos o destructores, que son incapaces de sostener una relación estrecha con sus compañeros, corren serios riesgos.
La violencia interpersonal puede hacerse presente de muchas maneras, unas más explícitas que otras y, por ello, unas más fáciles de reconocer que otras. Puede surgir en las relaciones que se dan entre docentes y alumnos, a partir de conflictos que no son afrontados de una manera positiva, es decir, sin buscar el aprendizaje y la superación.
Lo mismo puede suceder entre familias y docentes, que llegan a sentirse como competidores en una tarea que, se supone, busca el desarrollo armonioso de niños y adolescentes.

NATURALIZAR, OCULTAR, NEGAR.
Una de las formas de violencia más desafiantes, quizá, sea la que sucede dentro del grupo de los alumnos, quienes consiguen mantener sus relaciones en un círculo cerrado al que los adultos nos resulta difícil acceder. Este círculo puede caracterizarse por malos tratos, amenazas, abusos y acosos, que deterioran las relaciones y, en definitiva, producen efectos destructivos para la convivencia, en general, y para algunos chicos, en particular. Se crea un entramado de relaciones de agresividad injustificada y procesos de victimización, que pueden llegar a ser realmente un infierno para la víctima y un entrenamiento en crueldad para los agresores.
Así, el aula, los patios de recreo, los pasillos, los baños y los alrededores de los establecimientos educativos, son el escenario de incidentes en los que hay agresores, víctimas y testigos, que en alguna medida quedan marcados, poniéndose en riesgo su adecuado desarrollo personal y social.

MIEDO EN LA ESCUELA.
Si uno pregunta a los niños de hoy "¿a qué tienes miedo en el colegio?", uno de cada cuatro dice: "A mis compañeros".
En otros tiempos, el miedo se tenía a algunos docentes; hoy ya no son una amenaza. El lugar del profesional de la educación ha cambiado o, al menos, su rol de autoridad. Existen educadores que aún abusan del poder, pero también los hay que son víctimas y sufren por ello. Y esto se convierte en un grave problema de concepción de autoridad y de posibilidad del docente para intervenir de manera conveniente.
Los profesores dicen que ellos no han sido preparados para identificar y enfrentar estos nuevos climas escolares, y tienen razón. Por esto es importante la formación, pero no sólo de los docentes, sino también de las familias, de los alumnos y de toda persona que esté involucrada en cualquier ámbito de la educación.
La preocupación por investigar la violencia que se produce en la esfera escolar, radica en la urgencia de hacerla visible, ya que las características actuales de la sociedad, en general, y la familia, en particular, junto a las dificultades que parece encontrar actualmente la misma escuela para gestionar la convivencia, hacen que las agresiones, y más aún las de acoso (bullying), tengan consecuencias impredecibles en los niños y los adolescentes.
Muchos alumnos violentos no son conscientes del sufrimiento que pueden llegar a producir. La experiencia con chicos muestra que muchos de ellos no tienen la preparación emocional suficiente para darse cuenta del daño que están haciendo. De lo que sí son conscientes es de la gratificación que pueden llegar a sentir, del placer que experimentan dominando a un compañero, ver cómo su burla, el hostigarlo, tiene un impacto en la vida del otro. Cuando uno les pregunta por qué actúan así, argumentan siempre como primera excusa que es un juego o que el otro provoca la situación con sus actitudes, pero, finalmente, reconocen que sienten cierto placer al poder dominarlo.
La violencia persistente, el acoso escolar, tiene las mismas características que otro tipo de hostigamiento: el psicológico en el ámbito del trabajo (mobbing), donde jóvenes y adultos pueden ejercer la violencia a través de palabras, gestos, actos y hasta escritos, atentando "contra la personalidad, la dignidad o la integridad física o psíquica de un individuo, con el fin de poner en peligro su empleo o de degradar el clima de trabajo" (Hirigoyen).
Poco denunciado, necesita ser más difundido para perder esa invisibilidad que le otorga su desconocimiento y así dejar de ser el crimen perfecto.
Las repercusiones en la salud de los adolescentes que sufren procesos de acoso en la escuela, según informes europeos e investigaciones realizadas desde el Observatorio de la Convivencia Escolar (UCA) muestran que, como respuesta a la violencia en el ámbito escolar, tanto víctimas como agresores pueden sufrir daño físico grave; aunque las mayores consecuencias están relacionadas con la salud mental, fundamentalmente, aparecen depresión, trauma y baja autoestima que les impiden mantener buenas relaciones con sus compañeros, ya que con frecuencia tienden a adoptar comportamientos de alto riesgo para afrontar la ansiedad ante este tipo de situaciones.
Entre los comportamientos de riesgo se puede señalar el abuso de sustancias, las inasistencias reiteradas, la deserción escolar e, incluso, la autolesión (suicidio, intento de suicidio) o reacciones violentas imprevisibles en un niño, que, cansado de ser abusado por algún compañero, puede acceder con facilidad a algún tipo de arma.
En relación con los agresores, algunos autores sostienen que las conductas de acoso escolar (burlarse, golpear, intimidar, extorsionar, quitar pertenencias a sus compañeros, entre otras) realizadas en la adolescencia, pueden repetirse en la vida adulta y ser la antesala de la delincuencia.

PONIENDO CIFRAS ALA VIOLENCIA.
Según una encuesta nacional realizada por el Observatorio de la Convivencia Escolar de la Universidad Católica Argentina, de más de 6 mil alumnos entre 10 y 18 años, casi 1 de cada 4 manifestó tenerle "miedo" a alguno de sus compañeros y 1 de cada 3, entre los 12 y 15 años.
El bullying, este fenómeno de acoso entre compañeros que ocurre en el interior de las escuelas, se produce casi siempre a espaldas de los adultos, porque quienes lo sufren rara vez lo manifiestan o lo hacen cuando la agresión ya lleva largo tiempo.
La violencia verbal directa (insultos, burlas) se da en todas las edades, pero, a medida que van creciendo, se transforma en más indirecta (murmuración, calumnias). Entre los más chicos, la violencia es más física directa (golpes) pero en la adolescencia se incrementa el esconder, romper o robar los útiles u otras pertenencias, actos que difícilmente son percibidos por los adultos.
Un chico que tiene miedo a ir al colegio (Síndrome del Domingo por la Tarde), que se levanta angustiado por temor a encontrarse en el pasillo, o en el aula a un violento que lo amenaza, lo extorsiona, se ríe de él o lo insulta injustificadamente, sin ninguna duda necesita de adultos muy atentos y comprometidos con su seguridad.

VIOLENCIA SEXUAL ENTRE COMPAÑEROS.
Si bien no es un tipo de agresión al que se le haya prestado atención desde la investigación, los pocos estudios realizados indican que esta violencia se puede manifestar desde las simples molestias al abuso sexual; desde insultos y miradas obscenas, comentarios sexuales, envío de mensajes pornográficos, hasta el tocamiento y el ataque físico abusivo.
La diversidad de formas y niveles de gravedad, sumada a una cultura machista que naturaliza muchas de estas conductas, dificulta su conceptuación.
Los resultados de uno de los pocos estudios realizados por la experta española Rosario Ortega indican que 69,4% de los alumnos manifestó haber recibido violencia sexual por parte de sus compañeros, mientras que 52,9% afirmó haber agredido sexualmente a sus compañeros.
Los datos relativos a la violencia sexual en las parejas jóvenes (dating violence) son similares, pero el porcentaje de reconocimiento de parte del agresor varón es muy bajo, por lo que los investigadores consideran que hombres y mujeres tienden a interpretar el mismo hecho de forma diferente. Esta diferencia entre agresores y víctimas, puede ser debido a que los hombres interpretan el rechazo de las mujeres a mantener relaciones sexuales como vago, ambiguo o fingido, lo que lleva a pensar que su agresión no fue un abuso o una violación, sino un acto de seducción.
Como en el acoso escolar, las víctimas sienten vergüenza y miedo de denunciar y, en la mayoría de los casos, creen que aun revelando lo sucedido, los hechos serán malinterpretados, quedando exonerado el agresor y como única culpable la víctima.

NUEVAS FORMAS DE ACOSO.
¿El padecimiento de algunos chicos empieza al entrar en la escuela y finaliza a la hora de salida? La realidad nos está indicando que no. Las víctimas hoy son atacadas cara a cara dentro de la escuela y también fuera de ella.
Un adolescente puede acosar a otro de muchas maneras y una de ellas es el acoso grafopsicológico, es decir, a través de pintadas y grafitis descalificadores dirigidos hacia un compañero de clase y que se realizan en sitios públicos, fuera del colegio, para que tengan más repercusión.
Otras de las formas de hostigar a un compañero fuera de la escuela, es a través de las nuevas tecnologías que hoy están a disposición de los chicos.
Los adolescentes no sólo se sienten tremendamente atraídos por todo lo relacionado con las nuevas tecnologías, sino que, además, las manejan muy bien. Así es que los jóvenes con una personalidad agresora también se valen de esos medios -además de los tradicionales- para abusar de sus compañeros y también de sus docentes.
El maltrato y formas de violencia indirecta mediante SMS, correos electrónicos anónimos, páginas web difamatorias o aquellas que alojan videos (como YouTube) son cada vez más habituales y se han convertido en una de las armas preferidas por los abusadores a la hora de burlarse, atemorizar o, en definitiva, buscar la forma de dañar a sus compañeros.
Básicamente, este tipo de violencia -que puede acarrear graves consecuencias en la formación de la identidad y personalidad de los agredidos- consiste en esperar o generar situaciones dentro del ámbito escolar, para registrarlas mediante fotos en la cámara del celular o en video y poder exhibirlas después como trofeo. El efecto en las víctimas varía.
En algunas es mínimo, el ataque les resulta indiferente. En otras es traumático, dejan de ir al colegio y, si los ataques aumentan intentan cambiar de escuela, sufren depresiones y, lamentablemente, también conocemos casos de suicidio.
Por otro lado, se calcula que 50% de los padres sabe que sus hijos tienen acceso a internet, pero sólo 20% ha establecido normas para asegurarse de que hagan un buen uso de este recurso, mientras que 40% reconoce que no establece ninguna regla. El dato más preocupante es, sin dudas, que 80% de los padres desconoce lo que hace su hijo mientras navega por la red.
En definitiva, la labor de proteger a nuestros niños y adolescentes en su desarrollo implica limitar pero también permitir el acceso autónomo a fuentes informativas. Los padres y docentes debemos acompañar críticamente, pero sin pretender controlarlo todo; probablemente sea ésta la alternativa más inteligente a la hora de tratar temas tan desafiantes.
Es importante que los niños y adolescentes perciban que lo que les estamos ofreciendo es cuidado y no vigilancia, prevención y no represión, preocupación y no control.

PARA CONVIVIR, MEJOR PREVENIR.
Los hechos graves de violencia entre alumnos que conocemos no surgieron de la nada. Muchas veces, pequeños indicadores advierten cómo el clima social se enferma, pero no siempre estamos atentos o capacitados para reconocerlos.
De lo que sí estamos convencidos, es de que, cuando el entramado social, la red de relaciones interpersonales está fundada en el respeto, la solidaridad y la conciencia de normas consensuadas de convivencia, es más difícil que los conflictos escalen a conductas violentas. Es por esto que aquellas instituciones que priorizan el clima de relaciones, planifican la convivencia que necesitan y logran una escuela emocionalmente inteligente, disminuyen o evitan la aparición de abusos y malos tratos. Frente a la terapia, la reeducación o la sanción, la prevención seguirá siendo más eficiente, conveniente, sencilla y económica.


Autor
Alejandro Castro Santander
Fuente
http://www.elsolonline.com/
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