viernes, 29 de octubre de 2010

Personas desagradables

El racismo es la cara de un monstruo que ha flagelado la humanidad en los últimos siglos. Sigue vivo, y es necesario que nos defendamos de él con todas nuestras armas. Aquí publico un texto de Miguel A Santos Guerra, que con maestría se refiere al tema.

Pienso que las reacciones racistas son un signo de torpeza más que de maldad. Se producen con reiteración en los campos de fútbol cuando se insulta a un jugador de raza negra que falla un penalti, en los procesos de contratación cuando se prefiere a un blanco simplemente por el color de la piel, cuando se niega la entrada a un “sudaca” (si se añade “de mierda” resulta más convincente) en una discoteca. Las actitudes racistas carecen de lógica, no sólo de bondad. Nacen de un fundamentalismo racial carente de rigor y de sentido. Despreciar a una persona por el color de la piel es irracional. Debajo de las actitudes despectivas sólo existe torpeza y rencor. Pretende quien desprecia sentirse superior apoyándose en la supuesta inferioridad del otro. ¿En qué es inferior?, ¿por qué es peor? La respuesta sólo contiene prejuicios o, lo que es peor, absurdos argumentos fundados en la imbecilidad.



Personas Desagradables

Resultan patéticas las personas que miran a las demás por encima del hombro, considerándolas de inferior categoría. Porque no hay categorías inferiores cuando de personas se trata. Es inaceptable que se identifique por la raza a quien ha cometido un delito cuando el autor es de raza negra. Nadie vio un titular, por ejemplo, en el que se dijera: El presidente del Banco Banesto, de raza blanca, se embolsa cantidades multimillonarias. Afortunadamente, la movilidad social, los medios de comunicación, los avances científicos, las lecturas selectas, la apertura de las mentes, los viajes de trabajo o de turismo, el conocimiento de otras culturas hacen que nos sintamos ciudadanos del mundo, superando el parroquialismo que no nos deja ver más allá de nuestras narices.

Son las personas estrechas de miras, las cortas de razonamiento, quienes se muestran más intolerantes. Las cerriles. El tiempo ofrece contundentes y a la vez dulces venganzas. ¿No ha sido un triunfo de la sensatez y de la justicia el ver a un negro presidir el país que lo ha mantenido encarcelado durante muchísimos años?, ¿no es un éxito que un profesor de raza negra enseñe a un grupo de alumnos y alumnas blancos?, ¿no resulta espléndido que un médico de raza negra opere y salve la vida a un blanco en un quirófano?

Contaré una historia, una pequeña historia, de esas que hacen avanzar algunos milímetros en lo que Marina y De la Válgoma llaman “la lucha por la dignidad”. El 1 de octubre de 1998, en un vuelo trasatlántico de la British Airways, una dama se sienta al lado de un hombre negro. La mujer pide a la azafata que la cambie de sitio porque no podía permanecer sentada al lado de una persona tan desagradable. - Nadie debe ser obligado a viajar al lado de una persona indeseable, exige la señora con aire despectivo. La azafata argumenta que el vuelo está completo, pero que irá a revisar en primera clase por si encuentra un asiento libre. Los pasajeros de los asientos cercanos observan la escena con disgusto. La señora protestaba airadamente y, de forma poco justa, iba a disponer de un lugar privilegiado. Ella se sentía feliz porque la solución le evitaba estar al lado de una persona desagradable y porque, de realizarse el cambio, podría viajar cómodamente el resto del viaje. Minutos más tarde regresa la azafata e informa a la señora con una sonrisa cargada de ironía: - Discúlpeme, señora. Efectivamente el vuelo está lleno pero, afortunadamente, encontré un lugar vacío en primera clase. Claro que para poder realizar este tipo de cambio tuve que pedir autorización al capitán. Él me indicó que no se podía obligar a nadie a viajar al lado de una persona tan desagradable. La señora, con cara de triunfo, intenta salir de su asiento para dirigirse a primera clase, pero la azafata se vuelve hacia el hombre de raza negra y le dice: - Señor, ¿sería tan amable de acompañarme a su nuevo asiento? Los pasajeros ovacionaron la acción de la azafata. Ese año, ella y el capitán fueron premiados y gracias a esa actitud la empresa British Airways se dio cuenta de lo importante que era la capacitación de su personal en el área de atención al cliente e hizo cambios de inmediato.

Una significativa historia que sitúa a la persona que desprecia en el lugar humillante en el que, con una actitud abusiva y ridícula, se ha colocado. El racista hace una valoración poco fundada en beneficio suyo y en detrimento de la víctima, al objeto de justificar una sumisión, una segregación o una agresión. En cualquier caso, una injusticia. La relación causal entre las características biológicas concebidas como rasgos faciales y los tipos de personalidad o los comportamientos culturales o sociales, no tiene fundamento alguno. La superioridad inherente a ciertas razas carece de fundamento científico. Al margen de toda evidencia se cultiva el odio racial. Bajo las actitudes racistas no existen más que falacias y creencias basadas en convicciones hostiles. Es muy certera, a mi juicio, la siguiente afirmación: mientras menos inteligente es el blanco, más estúpido le parece el negro.


Autor:
Miguel Ángel Santos Guerra
Doctor en Ciencias de la Educación.
Diplomado en Psicología.
Catedrático de Didáctica y Organización Escolar.
Autor y Director de libros, colecciones, revistas y publicaciones de libros sobre educación.
Miembro de la Comisión Asesora para la evaluación del sistema educativo de la
Junta de Andalucía.

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