miércoles, 25 de agosto de 2010

Los medios son las nuevas escuelas

Silvia Bacher: "Los medios son las nuevas escuelas"...

"Para enseñar latín a Pedro hay que saber latín, pero también hay que saber Pedro". Con este proverbio jesuita empieza el libro de Silvia Bacher, profesora de Letras, periodista especializada en educación, directora de múltiples proyectos sobre comunicación, infancia y juventud para organismos como Unesco y Unicef, y autora de Tatuados por los medios, un título que sintetiza un estado de cosas que hace ya unos años se instaló en la escuela. Porque hoy "saber Pedro" implica conocer las nuevas tecnologías y entender que Pedro no llega al aula solo: llega con todas las pantallas que ha mirado.


–Hoy, los medios son las nuevas escuelas –dice Bacher–. Si bien la escuela sigue dejando una marca muy fuerte en aquellos que asisten, a la otra escuela, la de los medios, asisten todos. Con el gran riesgo de que los nuevos "maestros", es decir los guionistas y los gerentes de programación, no tienen formación ni conciencia de su responsabilidad.


El 25 por ciento de los jóvenes latinoamericanos no va a la escuela formal –no es el caso de los niños, que tienen una asistencia del 98%– y el 50% no alcanza los niveles de rendimiento considerados "imprescindibles". Pero todos ellos –los que van y los que no, los buenos y los malos estudiantes– asisten puntualmente a la escuela de los medios. Y esa escuela crece: según diversos estudios, el 95 por ciento de los niños y jóvenes que viven en ciudades latinoamericanas accede de modo habitual a internet, el 83 por ciento tiene celular y el 67 por ciento se entretiene con videojuegos. Además, todos miran un promedio de cuatro horas diarias de televisión.


–Todos los chicos están expuestos a las pantallas, y lo hacen cada vez más tiempo y cada vez más solos y cada vez ante más pantallas –asegura Bacher–. Ya no se trata sólo del televisor sino también de los celulares, internet, los cíber, los videojuegos. Y lo que se termina armando son escuelas, que quizá no son constructivas ni los ayuden en el desarrollo de su autonomía, pero siguen siendo escuelas.


–¿Qué enseñan estas nuevas escuelas?


Tal como están planeadas, construyen modelos a los que casi nadie puede acceder y, en consecuencia, someten a los chicos a un grado alto de violencia simbólica y material. Hay una propaganda que se veía hasta hace un tiempo en la que a un chico lo llamaban por su nombre cuando se apagaba la luz, y cuando se encendía lo llamaban "Dumbo". ¿Qué valores se impulsan? Se enseña a no mirar, a no reconocer.


–¿Por qué la escuela tradicional no puede presentar batalla?


Porque no es la institución sólida que solía ser. Hoy no se sabe para qué hay que educarse, no se sabe cómo.


–Usted dice que ni chicos ni padres saben muy bien para qué hay que ir a la escuela.


¿Y los docentes? La mayoría de ellos tampoco sabe. La sociedad entera perdió el sentido de la educación. Y frente a este desconcierto, el mercado se presenta con certezas: el sentido de su existencia es vender. En ese escenario, la educación, que por un lado parece un bien endiosado y reconocido por todos, queda vacía y desconcertada.


–¿En qué situaciones se nota este desconcierto?


Por ejemplo: se cree que informatizar significa llenar las escuelas de computadoras. Éstas no garantizan innovación pedagógica, ni calidad educativa ni pensamiento crítico, y ni siquiera inclusión. A pesar de esto, los organismos de crédito internacional, apoyados por funcionarios locales, consideran que es urgente llenar las aulas de computadoras. Pero nadie responde a la pregunta "para qué". ¿Para qué querés computadoras? "Para que los chicos las usen", te contestan. ¿Y para qué querés que las usen? ¡Y ahí no hay respuesta! Mientras tanto, no se forma a los docentes. Sólo se los mansilla diciéndoles: "Ustedes son migrantes digitales, no saben nada, son incapaces, los que saben son los chicos…".


–¿De dónde llega este discurso? ¿De las escuelas, de los medios, de las familias…?


De todas partes. En el mundo entero se ha construido un discurso muy perverso y muy ligado a la década de los 90, donde lo valioso es lo nuevo que, al ser novedoso, entretiene.


–De ahí que se les pida a los docentes que sean entretenidos.


Claro, y eso tiene que ver con una estética mediática y de tiempos cortos. Los medios se han ocupado durante mucho tiempo de mostrar a la escuela como un lugar obsoleto y de mostrar a los docentes como gente incapaz de producir una transformación. Porque internet enseña que A es B, pero no pregunta qué pasaría si A no fuera B. Para eso están los maestros.


El libro de Bacher cuenta historias. Entre ellas, la de una maestra que teme hacer el ridículo cuando enseña tecnología; la de otra docente que se abruma cuando le dicen "usá videos en clase, usá la tele, usá la computadora", y ella sólo tiene en su casa un aparato VCR; la de una escuela que recibió una partida de computadoras y, al no saber qué hacer con ellas, las puso bajo llave para que no se rompan, y la de un maestro de escuela "informatizada" que, para captar la señal del teléfono celular, debía subirse al último escalón del tobogán del patio del recreo.


–No alcanza con tener computadoras –explica Bacher–. Por encima de las máquinas, hay que encontrar el sentido a la educación. Vos ves que muchos adultos mayores dicen: "Yo uso la tecnología porque mis nietos o mis hijos viven afuera". Ahí hay un sentido, un para qué. Cuando el docente perdió la ruta de para qué está al frente del aula, cuando no sabe u olvidó o no se lo formó para que recupere ese deseo de usar todos los medios a su alcance para hacerse preguntas, ahí está el problema. Y ese problema se magnifica con el ingreso de las pantallas, los celulares que te graban en clase, el copy-paste en las pruebas...


–Bueno, el copy-paste es la versión actualizada de copiarse. Eso siempre estuvo.


Exacto. Es un problema de ética. Y vuelvo a lo mismo: si uno sabe para qué estudia y cuál es el valor de formarse, no tiene sentido hacer un copy-paste. No es un tema de tecnología sino de pensar por dónde va el compromiso. Y hoy la escuela de los medios instaló que no hay compromiso. Hace un tiempo había una propaganda de una casa de comida rápida que decía: "Es tan barato que vas a sentir que nos robaste". ¿Qué están diciendo? ¿Qué hablan del copy-paste, cuando esta otra "escuela" da estos mensajes?


No es el único mensaje que dan "los medios". En el último año, según analiza Bacher en su libro, la institución educativa llegó a la televisión de la mano de títulos catástrofe como: "Expulsan a dos alumnos por humillar a un docente", "Le queman en clase el pelo a una profesora, lo filman y lo suben a internet", "Adolescentes usurparon el colegio", "Armas en la escuela" y "Cuatro nenes de jardín acusan de abuso a un profesor". Pero Bacher todavía espera los otros títulos: los que hablen del problema mayor; de docentes, pantallas y toboganes.

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