sábado, 30 de mayo de 2009

Fracaso escolar

Un artículo aparecido en un periódico digital “laopinion.es” de Tenerife (España) me pareció oportuno reproducirlo con las preguntas ¿No es acaso una realidad que se reproduce en muchas partes? Más allá de las diferencias producto de otro grado de desarrollo económico ¿No pude ser escrito en otros lugares? El escrito dice:

En los telediarios del pasado lunes escuché que el fracaso escolar alcanza sus índices máximos en los dos archipiélagos españoles, Baleares y Canarias, y en Andalucía.

Si les digo que me sorprende esta noticia les mentiría. No me sorprende en absoluto. Y creo que este dato no es achacable al profesorado, tanto en Primaria como en Secundaria, donde conozco magníficos docentes que se vuelcan en su labor. Más bien es un asunto de profundidad social, de padres más que de profesores, de hijos más que de alumnos, de educación básica, en casa, desde los inicios de la vida.

Los alumnos son esponjas que aprenden de los mayores; si en casa hay interés por el estudio, por la lectura, por la cultura en general, los chicos lo ven y su primera reacción es la de imitar lo que tienen a su alrededor. Si los padres se preocupan por sus hijos, no sólo para abastecerlos de todas esas cosas superfluas como el móvil, la Play Station, la televisión sin control, el uso indiscriminado de Internet, sino para encauzarlos en la senda de la cultura como es debido, a buen seguro el fracaso escolar no alcanzaría esas cotas vergonzosas que nos pone en los primeros puestos, en cuanto a bajo rendimiento de nuestros alumnos.

También creo que parte de la culpa de que los escolares de hoy no sepan tanto como los de hace cuarenta años la tiene el Gobierno. No éste sino, en general, todos los gobiernos que ha tenido España desde el principio de la Democracia, incluso algo antes, donde los planes de estudio se han ido modificando en función del gusto y manera del ministro de turno. LODE, Logse, y un sinfín de modalidades han conseguido que un alumno de hoy, a los catorce años, no sepa cuál es la capital de Noruega ni dónde se ubica el lago Titicaca, por citar algo.

Se ha dado prioridad a las asignaturas denominadas "marías", en perjuicio de las básicas: matemáticas, lengua, física y química, etcétera. La Geografía se ha reducido a la propia de cada Comunidad Autónoma y no pocos padres creen que el colegio y los institutos son los únicos responsables de la educación integral de sus hijos. La prueba más evidente se percibe cuando se convocan reuniones de padres de alumnos en los centros educativos; sólo acude una minoría y ésa es, precisamente, la de los padres cuyos hijos no precisan de ayuda porque sus notas son buenas. Siempre o casi siempre faltan los padres de los estudiantes que rinden menos.

Se echa en falta que se infunda a los alumnos el amor por el estudio, que se les enseñe a estudiar, a leer; que se les convenza de que todo lo que aprendan será, sólo, de y para ellos. Con el panorama descrito, no es de extrañar que Canarias sea una de las comunidades con mayor índice de fracaso escolar. ¿Qué propone la consejería de Educación?


Fuente http://www.laopinion.es/secciones/noticia.jsp?pRef=2009052100_5_220676__Firmas-Fracaso-escolar
Recuperado el 22 de mayo de 2009
PEDRO MARRERO SICILIA

Si bien concuerdo en términos generales con lo expresado en el artículo, lo cierto es que la escuela y los docentes estamos también involucrados en el tema.

domingo, 24 de mayo de 2009

Entre los muros segunda parte

Encontré en la red varios comentarios sobre la película que me parecen interesantes para compartir:

Declaraciones del director
Entre los muros cuenta la historia de un grupo de alumnos y François, su profesor de francés –el propio François Bégadeau coguionista del film-, quien se ve en problemas cuando se produce una situación compleja con unas alumnas y a raíz de esto, un compañero de ellas –que intenta defenderlas- actúa de manera agresiva por lo cual queda totalmente expuesto. A través de este microcosmos, Cantet intentó reflejar de la manera más justa posible a la sociedad francesa actual, y lo hizo eligiendo a estos 25 alumnos y a este profesor en particular, no a otros, “porque sino se cae en la generalidad” agregó.
Toda la película ocurre en el interior de esta escuela. “Intenté dar una impresión carcelaria, porque creo que es lo que sienten la mayoría de estos chicos al entrar cada día a la institución”, dijo Cantet en la conferencia. “Más allá de los alumnos y de los profesores, nadie más sabe que sucede exactamente en la escuela” agregó. Esto se ve reflejado en el personaje de la madre de este chico que entra en problemas, que desconocía totalmente la situación de su hijo. Contó también que el rodaje duró 5 semanas y que utilizó 3 cámaras para grabar las escenas en el aula, filmando de corrido y hablando con los chicos –que desconocían del guión- y perfeccionando la escena hasta lograr su objetivo en cada una.
Hablando de los adolescentes en nivel escolar, expresó que “están estigmatizados, se los considera idiotas, incapaces de concentrarse… es muy fácil decirlo, pero al escucharlos bien nos damos cuenta de que están más insertos en la sociedad que lo que pensamos”. Y aclaró para finalizar el tema: “la escuela prepara a los alumnos a ser buenos actores”.
"Ellos fueron muy aplaudidos en el escenario –al recibir la palma de Oro- y también después, pero no se los aplaude en la vida", dijo Cantet. Su película es de esas que al salir de la sala deja al espectador con ganas de discutir sobre los temas tratados: la educación, la adolescencia, las instituciones, la discriminación, etc.


Dijo http://espectadores.wordpress.com/2009/04/24/entre-los-muros/#comment-31640
Ganador de la Palma de Oro del Festival de Cannes en 2008, el largometraje se inspira en el libro que el profesor de Lengua, François Bégaudeau, escribió a partir de su experiencia con sus propios alumnos, y está protagonizado por el mismo docente y sus estudiantes. En parte por eso, la cámara rara vez sale del aula; en contadas ocasiones se asoma al patio del recreo, a los pasillos, al comedor, a la sala de maestros y a la oficina del director.
El aula se transforma entonces en el marco de una realidad que va mucho más allá del enfrentamiento generacional y de autoridad en general establecido entre un docente con cierta trayectoria y un alumnado adolescente. Dicho de otra manera, los conflictos que enfrenta el protagonista poco tienen que ver con las dificultades que sortea John Keating/Robin Williams en la academia de élite donde transcurre La sociedad de los poetas muertos.
Tampoco existe punto de comparación entre Bégaudeau y la Louanne Johnson que Michelle Pfeifeer interpreta en Mentes peligrosas. A diferencia de su bella y finalmente exitosa colega made in Hollywood, el profesor francés es de carne y hueso, comprometido con su profesión pero, por razones que lo exceden, incapaz de “rescatar” a sus alumnos del contexto que los condena.
Entre los muros juega con la idea de un interior que aparenta ser limitado, arbitrario, disciplinado (especie de submundo o universo paralelo) y que sin embargo se consolida en tanto caja de resonancia de lo que sucede allá afuera, en el seno de una sociedad signada por limitaciones, arbitrariedades y sanciones funcionales a un sistema en crisis.

Dijo http://www.mycine.com.ar/2009/04/critica-entre-los-muros.html
La película Entre los muros, pronto toma una posición muy clara: no quiere salir de entre los muros de la clase. Apenas vemos algunas sesiones del profesorado, alguna escena del patio, y desde luego, no tiene interés en salir fuera del colegio, no queremos ver la vida de los alumnos en sus casas, porque eso es otra historia, sólo sabremos de su familia y entorno aquello que sucede dentro del colegio.Resulta tan perfectamente creíble la historia gracias al gran trabajo del reparto, de guión y de dirección. No hay un gran final feliz ni un final artificialmente dramático. Verdaderamente meritorio.


Aún siendo una ficción, el filme asume el rol de documento social e incita a tomar conciencia, a través de las fallas en el sistema educativo, del estado actual de la sociedad francesa con sus muros construidos a base de prejuicios y desigualdad. Estos mismos muros que continúan quitándole la oportunidad de ver la luz a los principios fundamentales de libertad en una democracia.Adriana Schmorak Leijnse


Terra Magazine:
Naief Yehya Nueva York, Estados Unidos

Terra Magazine: ¿Podría explicar como alcanza el naturalismo en su filme?, ¿Cuál es el equilibrio entre improvisación y la planeación?
Laurent Cantet: No puedo responder con toda certeza, ya no recuerdo exactamente qué nació de la improvisación y qué salió del trabajo con los estudiantes, qué fue lo que yo pedí y qué surgió durante la filmación a través de la libertad que dábamos a los actores para usar lo que yo quería que dijeran dentro de sus participaciones improvisadas. Lo que sí es cierto es que trabajamos durante todo el año escolar que precedió a la filmación, todas las semanas entre cuatro y cinco horas con el equipo de alumnos. Esto es lo que a menudo hago cuando trabajo con actores que no son profesionales, pero aquí fuimos un paso más allá ya que tomamos el riesgo de improvisar durante la filmación. El guión se escribió en paralelo con esos talleres de improvisación. Cada vez que filmábamos comenzábamos con una discusión muy larga acerca de los elementos del guión que me interesaba escuchar. Determinábamos así la trayectoria que yo quería dar a cada secuencia. Luego, ya en la clase yo daba ciertos puntos de referencia a cada uno de los actores, para señalar en qué quería que se enfocaran, aún sin saber exactamente qué se diría. Entonces, François Bégaudeau, el autor del libro en que está basado el guión, y actor principal, iba a su escritorio y comenzaba la lección. Los alumnos empleaban los puntos que yo había dado así como sus experiencias personales. Teníamos tres cámaras rodando todo el tiempo, una sobre François y dos sobre los alumnos, para tratar de capturar las emociones, la energía y sutilezas que provocaban las discusiones. La primera toma era improvisación total, en la segunda toma pedía a los estudiantes que cambiaran ciertos elementos de sus participaciones, que retomaran algún pasaje, que cambiaran de orden lo que decían, que añadieran o quitaran algo de lo que habían dicho y así reconstruíamos la escena. De esa manera los jóvenes ya estaban actuando desde la segunda toma, y lo hacían con naturalidad ya que asumían su papel como actores. A veces hacíamos siete u ocho tomas para cada secuencia. Lo que me sorprendió es que durante la edición nos dimos cuenta que podíamos mezclar las tomas, la improvisada y las más trabajadas, y todas tenían la misma energía, precisión o verdad.
TM: Eligió una interesante mezcla étnica para los estudiantes. Es un panorama muy revelador de la sociedad francesa.
LC: Elegimos trabajar en el barrio parisino del 20º arrondisement, donde hay gente muy diversa en todos sentidos: en lo étnico, social, racial y cultural. Eso me interesaba mucho. Yo pienso que esto le da al filme una imagen muy justa de la sociedad urbana francesa de hoy.
TM: Su propuesta se centra exclusivamente en el interior del salón de clase y no mira hacia la calle. ¿Por qué?
LC: Para mí, la puesta en escena consiste en encontrar un dispositivo fílmico, en este caso elegí no salir de los muros de la escuela, hacer de ese edificio cerrado una especie de caja de resonancia en el que las paredes hicieran que el mundo exterior reverberara en el interior. También es una forma de responder a una percepción reaccionaria de la escuela, en la cual mucha cierta gente quisiera que ésta fuera un espacio protegido de las turbulencias del mundo, aislado del exterior, lo cual es imposible. Yo creo que los alumnos vienen a clases con la influencia de sus problemas, de su vida, de la calle y de una cultura que no es necesariamente la misma que tiene la escuela. Para transmitir algo se necesita establecer una vía de comunicación y no podemos esperar que ésta sea tan desequilibrada como algunos profesores quisieran. No podemos compartir la lengua de Molière, Racine y Proust con los alumnos si no queremos escuchar su lengua, su manera de hablar, sus preocupaciones y su relación con el mundo. Yo quería mostrar el salón de clase como un espacio en el que se aprende la democracia, donde se aprende a escuchar y a tomar en consideración los argumentos de los otros.
TM: "Cuál es el objetivo de mezclar improvisación y actuación?
LC: Primeramente a mí me interesa escuchar a la gente implicada en la historia que estoy contando, quiero aprovechar esa experiencia en el universo que describo y eso es muy importante para nutrir al filme. Pero yo no soy documentalista, no sabría como hacer un documental. Me gusta escribir, contar y construir historias a partir de los elementos que capturo de la realidad. Al escribir un guión uno puede sintetizar en una secuencia de cinco minutos una variedad de elementos que podrían haber sucedido, y al situarlos de determinada forma entre el inicio y el final del año escolar, éstos pueden adquirir un sentido determinado. Además, con estos alumnos pudimos crear personajes, es decir que no son ellos mismos quienes se presentan ante la cámara, como sucede en un documental, y de esa manera cuentan con una especie de protección a su identidad, la cual les permite que sean más sinceros y naturales ya que no hablan de sí mismos sino de su personaje, aunque éste tenga experiencias y una vida muy semejante a la suya.
TM: "Cómo se compara su propia experiencia como profesor con lo que vemos en la pantalla?
LC: Hace ya muchos años que no doy clases pero yo lo hacía en un pequeño colegio rural, en una ciudad muy pequeña cuya población era lo que podríamos llamar de clase media provinciana, por lo que no tuve la experiencia de la diversidad que se muestra aquí.
TM: "Cómo eligió a los profesores?
LC: Los profesores también son maestros reales de la escuela en que trabajamos todo el año que se involucraron en el proyecto y crearon sus personajes. Una quincena de maestros aceptaron participar y seguimos en mismo proceso con ellos que con los estudiantes. Su experiencia alimentó al filme de una manera muy vital. Lo padres fueron el tercer grupo que hice participar, así que se trata de auténticos padres de familia que tienen la oportunidad de reflejar sus propios puntos de vista, sus aspiraciones y esperanzas para sus hijos.
TM: "Qué lugar ocupará el filme en el actual debate por la educación en Francia?
LC: El filme será tan sólo una pequeña piedra en un debate más viejo que yo, que divide al cuerpo docente y a la sociedad francesa, y que se ha vuelto una especie de deporte nacional. Lo que sí parece es que el filme ha vuelto a lanzar el interés por discutir el tema públicamente. Este es un debate muy ideológico que no me interesa tanto, porque es simplemente una confrontación entre aquellos que creen que la escuela es un espacio que también debe enseñar lo que es la ciudadanía y otros que creen que la escuela es un lugar donde el alumno debe aprender cosas al ser aislado del resto de su experiencia humana. Lo que yo quería realmente mostrar es lo que podría pasar en un salón de clases con 25 alumnos y un profesor de francés. No quiero sacar conclusiones yo mismo, sino mostrar una serie de momentos en un año escolar y dejar que la ideología eventualmente alcance a la narrativa, que es lo que ya está pasando.


Dice Mauricio Faliero:
La dialéctica es el tema de Entre los muros, la nueva y formidable película del francés Laurent Cantet. Pero no porque el film transcurra entre las paredes de un aula y con un profesor de lengua, sino porque desde su fondo y forma invita al debate, y no sólo de los temas que aborda sino de cómo esos personajes los afrontan, así como también apela a un lenguaje narrativo documental, a no actores que son alumnos y profesores en la vida real, para construir una ficción novedosa dentro de un subgénero tan trillado como el de alumnos y maestros. Precisamente, esas divergencias con el modelo habitual son producidas por la dialéctica. Es decir, por el diálogo que establece Cantet con los materiales que utiliza, y por la forma en que se los da al espectador para que éste, a su vez, elabore un nuevo diálogo con el film. Esta multiplicidad de voces en constante intercambio de ideas es la misma que ocurre dentro de un aula con los chicos.
Un ejemplo clave se da con la resolución de uno de los tantos incidentes que François Marin (François Bégaudeau), el profesor, sostiene con sus alumnos. Y que es fundamental también para la película porque desencadena otros eventos. Una discusión se va de cauce y el docente les dirá a dos chicas que determinada actitud las hace quedar como "zorras". Esto provoca un fuerte enfrentamiento, y lo interesante pasa por ver cómo los alumnos se aferran a lo dicho por el profesor para atacarlo –entienden que "zorra" es igual a "puta"–, mientras que François recurrirá a sus conocimientos lingüísticos para refutar el argumento del alumnado. En esa secuencia la dialéctica nos permitirá encontrar, de paso, la línea autoral que une a Entre los muros con las anteriores películas de Cantet: una línea que explora el poder y cómo se lo ejerce. Porque el profesor no evita ser arrogante –de hecho, los alumnos lo habían acusado de ello– a la hora de sostener su argumentación.
Bien se pregunta el cineasta durante toda la película: ¿qué otra cosa que una forma de la administración del poder es el sistema educativo? Es que hay una institución, y personas que responden a ella intentando por todos los medios construir a otros seres dentro de los límites que el propio sistema plantea. Por el otro lado tenemos a los alumnos que, obligados a participar, finalmente se resisten por una simple conducta humana de autodeterminación. Esa fricción es la que Cantet registra con una cámara que se planta en una justificadísima utilización del primer plano. Estos no son los muros de una cárcel, pero el sentido es el mismo. El clima del film, a pesar de cierta ligereza y de su atmósfera por momentos distendida, es opresivo, restrictivo. Y la forma es consecuente con el fondo porque la cámara nunca se aleja del colegio; porque no le interesa mostrar la vida de esos personajes más allá de esas paredes. Pero no porque no importe "lo demás". Al contrario, cada alumno es un universo muy propio al que uno adivina en sus problemas cotidianos. Sino porque en la película la realidad externa, el afuera, ingresa sólo a través de los mecanismos administrativos de la propia institución: una charla con los padres, una junta directiva.
Entre los muros simula ser un documental, pero es una ficción. También parece ser sumamente espontánea, pero lo cierto es que Cantet trabajó con esos alumnos durante varios meses, siempre sobre la base del libro escrito por el propio Bégaudeau, docente en la vida real aunque con grandes cualidades para la actuación. Y sin embargo lo que termina generando el estilo del film es precisamente su procedimiento narrativo, propio del documental. Se podría decir que Entre los muros es un documental sobre el rodaje de una película que habla de una clase en una escuela. Siguiendo los diálogos y las discusiones dentro del aula, la cámara se mueve tratando de captar gestos, movimientos, acciones, cosas por fuera del eje de la situación. En una ficción pensada y racionalizada, la inclusión de planos de corta duración, aparentemente elegidos al azar, agrega espontaneidad y un interesante ritmo interno a las escenas.
La forma toda de este film redondea su concepto general: no hay acusaciones, ni dedos señaladores, ni demonizaciones. Y si uno lee cierto pesimismo en él, es porque nos dice que posiblemente estos docentes fueron antes esos chicos, que hoy traducen su disconformismo en su profesión. Si uno deja pasar la arrogancia de los docentes y se siente molesto ante la irreverencia de los chicos tal vez pueda descubrir cómo ha crecido, a qué lugar llegó. Precisamente, la falta de acusaciones y de voces en mayúscula es otro logro significativo de Cantet, sobre todo si tenemos en cuenta el panorama que enfrentaba: un colegio secundario en Francia es igual a una clase repleta de árabes, senegaleses, chinos, marroquíes, israelíes. El director, que por lo demás tal vez sea el autor de cine social más interesante de la actualidad, no se deja atosigar por la multiplicidad de voces e inteligentemente, cuando surge un comentario político en su film, deja que sea de los propios chicos. Así, las diferencias raciales y religiosas aparecen a través de una discusión sobre fútbol, un tatuaje o una pertenencia cultural. En ese contexto los docentes no tienen nada interesante para agregar. En cierta forma quieren comprender, pero a la vez se sienten alejados, impotentes ante un mundo que se les presenta inabarcable. Cantet usa el subgénero de profesores y alumnos, pero esquiva sabiamente las "voces autorizadas", las "enseñanzas de vida" y los adultos piolas encaminando a adolescentes descarriados. Lo documental permite leer –otra vez la dialéctica– la superficie de los géneros para reelaborarla.
En definitiva, a través de los tira y afloje de alumnos y profesores, pero también entre docentes y docentes y entre estos y los directivos, se impone una realidad: no hay romanticismo posible en la docencia. Cantet no dice que no lo haya habido alguna vez, pero con sus recursos administrativos, con sus rutinas, con sus frustraciones, enseñar se revela decididamente como un trabajo más. Cuando la educación deja de parecerse a una instrucción universal humana para convertirse en un recurso utilitario para conseguir un puesto en una oficina, o en una fábrica, ya no hay romanticismo posible en la imagen del profesor. ¿Y qué clase de profesional puede gestar a su vez un profesional frustrado? Pero no, no confundamos; una cosa son las lecturas que uno hace de una película y otra las conclusiones cerradas. Entre los muros habla de todo esto, pero no dice qué está bien y qué está mal. Despliega, en cambio, un estado de las cosas. Como bien lo dice desde su propia forma: se trata tan sólo de poner la cámara –el ojo– y registrar –observar–; luego, decodificar. Claro, la dialéctica.

domingo, 17 de mayo de 2009

Educación en la Convivencia

Creo que uno de los retos más importantes que debemos asumir los docentes es el de la "Convivencia democrática". Ciertamente debemos asumir que hay que cambiar, para ello debemos reflexionar con los otros, y luego actuar para modificar la realidad que nos aflije.
Convivencia escolar
Las aulas hoy en día son el reflejo de la sociedad en la que vivimos. Los retos, las ilusiones, los acuerdos y los conflictos son el día a día. Sin embargo, la convivencia basada en valores de igualdad, respeto y solidaridad hacen de la escuela un magnífico espacio para aprender y crecer. La mediación de conflictos basada en la educación entre iguales es una cuestión básica, al igual que la educación para la paz a la hora de resolver los mismos.

Ciudadanía, derechos y deberes, comunicación, diversión, aburrimiento, entendimiento, respeto, diversidad, negociación, acuerdos, disputas, relaciones afectivas, problemas, soluciones, participación… convivencia es todo lo que quieras crear en el aula, creemos la nueva convivencia, la convivencia de los derechos y deberes, la convivencia de tod@s para tod@s. Debemos sumarnos a la escuela de ciudadanía, a la convivencia.

Las aulas hoy en día son el reflejo de la sociedad en la que vivimos; los retos, las ilusiones, los acuerdos y los conflictos son el día a día. Sin embargo, la convivencia basada en valores de igualdad, respeto y solidaridad hacen de la escuela un magnífico espacio para aprender y crecer. La mediación de conflictos basada en la educación entre iguales es una cuestión básica, al igual que la educación para la paz a la hora de resolver los mismos.

Convivencia no es sinónimo de conflictividad, sino de crecimiento y enriquecimiento personal y social para con los demás. La convivencia en los centros escolares tiende a identificarse, a menudo, con uno sólo de sus elementos constitutivos: la disciplina y el conflicto.

Están implicados, en su ejercicio, los niños y niñas y adolescentes que se educan en los centros escolares, y por tanto, que aprenden, que se relacionan entre sí y con sus profesores y profesoras, y que lo hacen conforme a unas normas coherentes consensuadas con el sistema democrático en que la escuela se inserta. La convivencia se convierte, así, no sólo en la aplicación al ámbito escolar del conjunto de valores, normas y comportamientos propios de un sistema democrático sino, y sobre todo, en la ocasión y el momento del aprendizaje de la propia democracia. Vale decir, de la aceptación y obligatoriedad de las normas, de la relación que se establece entre esas normas que regulan los comportamientos y los valores que las sustentan, y por ello, del significado de las transgresiones de esas normas, de la responsabilidad individual y colectiva en los hechos y la legitimidad de la imposición de castigos proporcionados a aquellas transgresiones. En definitiva, del equilibrio entre los derechos y los deberes de las personas. En una sociedad, como la nuestra, que se hace cada vez más compleja, esta tarea de "aprender a convivir", constituye un objetivo prioritario para todos y todas.


(Basado en folleto de la FETE-UGT)

lunes, 11 de mayo de 2009

Entre los muros

Hace unos días fui al cine y vi la película “Entre los muros”, dirigida por Lauarent Cantet ganadora de la Palma de Oro del Festival de Cannes. Me resultó interesante, sus dos horas de duración me parecieron menos. El argumento se desarrolla en una escuela secundaria francesa, con mayoría de alumnos de familias inmigrantes.

Soy docente, trabajo en la ciudad de Villa Mercedes (unos 100000 habitantes), provincia de San Luis. Argentina. Me resulta oportuna la comparación, tanto de los contextos en que se desarrollan las prácticas docentes como las propias actividades de enseñanza. La escuela de “Entre los muros” está situada en el “primer mundo”, en una megaciudad, y, en el caso del personaje principal, usa didácticas activas, que permite la participación de los alumnos.

Es de destacar que en la escuela de la película, se trabaja con un buen grado de colegialidad, hay reuniones periódicas entre los docentes del curso con la presencia del director, reuniones con los tutores y con los alumnos. Es parte de la tarea docente el trabajo “fuera del aula”. En mi país esas actividades no son reconocidas y lo que se hace depende de la buena voluntad de los participantes.

Se mostró cierta “vigilancia del cuerpo”, como los llamados de atención sobre el uso de gorros, forma de ingresar al curso, entre otras cuestiones. Vi además que el cuerpo de profesores parecía comprometido con su tarea, siendo el principal objetivo la integración de los inmigrantes a la sociedad francesa.

Otro aspecto que surge es el tratamiento de la obligatoriedad de la escuela secundaria, ante posibles falta de adaptación de algún alumno. En estos casos lo resuelven con un cambio de colegio de los alumnos.

La película muestra muchas escenas de la actividad áulica. Las acciones se desarrollan en la clase de Francés, cuyo profesor es el actor principal, con imágenes de sectores del aula. Como docente estoy entrenado y acostumbrado a ver el aula en su totalidad, por lo que no pude percibir el ambiente escolar que predominaba en las clases de francés, que son parte del argumento central de la película.

Sintetizando, me parece una película recomendable, y si ya la viste, no dejes de comentar este post.

viernes, 8 de mayo de 2009

¿Qué influye más en el rendimiento escolar: lo que eres, o lo que haces?

Acabo de encontrar en la revista digital Magisnet, un artículo sobre un tema que resulta muy importante para los docentes, sobre la familia de los alumnos, donde se plantea la disjuntiva si lo más importante es el nivel socioculural, o lo que hacen las familias por el rendimiento escolar de sus hijos. Creo que la mayoría opinamos que lo valioso es lo que hacen.

El compromiso de los padres es más importante que su nivel de estudios

En el discurso público prima la teoría de que los factores que las familias no pueden cambiar son los que más influyen en el rendimiento educativo. Pero estos factores no actúan “mágicamente”, sino a través de comportamientos modificables.

Lo habrán oído una y mil veces, la mayor parte de las veces basados en los datos del Informe PISA: lo que más influye en el rendimiento de un alumno es el nivel socioeconómico y cultural de su familia. Así, el mismísimo presidente Zapatero justificó los mediocres resultados de España en PISA 2006 con el bajo nivel educativo de la población española adulta.PISA llama índice socioeconómico y cultural del alumno (ISEC) a un número que agrupa el nivel educativo de los padres, además de su estatus laboral (que determina el nivel de renta familiar), las posesiones culturales del hogar y otros factores.

Este índice, construido con variables estructurales –es decir, aquellas que la familia puede modificar muy difícilmente–, es lo que más influye en el rendimiento de los alumnos según PISA.Lo que habrán oído muchas menos veces es que todos esos factores agrupados sólo son capaces de explicar el 12% –esta cifra se obtiene a través de un complejo modelo matemático– de la variación del rendimiento de los alumnos españoles.

Es decir, que PISA no sabe qué factores –porque no los mide– pueden explicar el 88% de la variación del rendimiento. Factores que pueden ir desde la calidad del profesorado a la inteligencia del alumno, pasando por las horas de estudio, el compromiso de los padres, etc.España como ejemploEspaña es un ejemplo de cómo conseguir que los hijos de padres con pocos estudios obtengan éxito académico y consigan altas tasas de titulación. Por ejemplo, el 20% de los nacidos en 1945 –los datos son del Censo 2001, elaborado por el INE– obtuvieron un título de enseñanza Secundaria superior; esta cifra era ya del 42% entre los nacidos en 1960, quince años después; y entre los nacidos en 1975 ya titulaban en Secundaria superior el 60%.

Es decir, al menos dos tercios de los titulados a principios de los 90 tenían padres con un nivel de estudios inferior.Sin embargo, la situación actual es muy distinta: a pesar de que el nivel de estudios de los padres crece sin parar –según el estudio Los padres ante la educación general de sus hijos, elaborado por Víctor Pérez Díaz, Juan Carlos Rodríguez y Juan Jesús Fernández para Funcas–, los resultados escolares no mejoran. Entre 2000 y 2008 el porcentaje de los padres entrevistados con al menos Secundaria superior subió 14 puntos, mientras que el número de suspensos sigue siendo el mismo.Pero no se queda ahí el estudio. A través de un análisis matemático intenta encontrar qué factores son los que más influyen en el rendimiento –medido por el número de suspensos en ESO– de los alumnos.

Sus conclusiones son claras: lo que más influye en el rendimiento son unos perfiles de alumnos y padres, que esconden una serie de valores y comportamientos que pesan más que el nivel de estudios.Naturalmente, estos perfiles “buenos” están más presentes en familias con estudios, y viceversa, pero parece evidente que una familia con valores positivos hacia el estudio, aunque con menor nivel educativo, consigue que sus hijos tengan mejor rendimiento que una familia con más estudios pero más despreocupada. Por ejemplo, los padres que ven más de dos horas de TV al día tienen hijos con más suspensos de media que los padres que ven menos TV.

Lo importante de este estudio es el mensaje: contra el discurso determinista, donde todo parece inevitable, lo cierto es que existen valores y comportamientos que pueden compensar las desigualdades de origen. Aún más: desde los poderes públicos, una serie de mensajes –incluso de campañas– positivos, de responsabilización de los padres en la Educación (como se están haciendo en muchos otros campos) podría dar mejores resultados que las excusas políticas habituales.

Lo que más influye

Variables estructurales
Son las más citadas en el discurso político y en la literatura científica especializada desde los años 60, sobre todo el nivel de estudios de los padres. Sin embargo, este factor no actúa “mágicamente”, sino a través de una serie de comportamientos, fruto de una serie de valores, que están más presentes en los padres con estudios que en los padres sin estudios. –

Genética
Algunos autores –y así lo remarca el estudio de Funcas– consideran que una parte significativa de la responsabilidad de que los padres y los alumnos estudien más años tiene una causa común: la herencia genética.–

Valores y actitudes
Sin embargo, el nivel de estudios de los padres por sí solo no basta: ha de materializarse en una serie de actitudes que ayuden y apoyen a los hijos en los estudios. Naturalmente, estos valores están más presentes en familias con más nivel educativo.
Pero la buena noticia es que pueden estar presentes –de hecho, lo están– en muchas familias donde padres tienen un nivel educativo menor. –

Perfiles
En realidad lo que el estudio apunta es que hay una serie de perfiles, tanto de padres como de alumnos, que están relacionados con mejores rendimientos educativos. El que los padres vean o no más televisión o que escogieran el centro por ser el que más a mano pillaba puede ser anecdótico, pero está marcando un perfil que le da poca importancia a la Educación.

Fuente
http://www.magisnet.com/noticia.asp?ref=4989

jueves, 7 de mayo de 2009

PREGUNTAS, EN VEZ DE RESPUESTAS

Muchos y variados son los factores que inciden en el aprendizaje de los adolescentes. Las cuestiones y preguntas para orientar la reflexión y los estudios que podrían ser llevados a cabo se sitúan en los diferentes entornos en los que niños, niñas y adolescentes realizan las distintas experiencias que influyen en el desarrollo de su capacidad para aprender. Un primer listado de interrogaciones podría consistir en:

¿Qué pautas de crianza posibilitan y fomentan la capacidad de aprender de forma responsable y crítica?

¿Qué valores promueve la sociedad mediática y qué influencia tienen en la predisposición del alumnado para aprender?

¿Cómo configura la sociedad mediática y la superproducción de información visual las formas de aprender de los más jóvenes?

¿Qué debería tener la escuela en cuenta para conectar con los intereses y capacidades de niños, niñas y adolescentes y llevarlos más allá de la experiencia dada?

¿Hasta qué punto los contenidos del currículum y la forma de ponerlos en práctica propician el pensamiento de orden superior en un mundo mediado por la imagen?

¿Hasta qué punto los centros escolares ofrecen un porqué apasionante a los alumnos, como alternativa a la obligación y al deber o a la hipotética esperanza de un mañana incierto?

¿Cómo se forma al profesorado y hasta qué punto se le prepara para afrontar la complejidad de su tarea en el mundo actual?

¿Promueven la organización de los centros una cultura de colaboración, desarrollo personal y social y aprendizaje en equipo?

Mientras que no comencemos a dar respuesta a estas preguntas, y el debate educativo deje de centrarse en el número de horas que ganan o pierden las materias escolares, o las formas de agrupar a los alumnos, vendrán nuevas pruebas PISA y nuestros alumnos, que no son precisamente tontos, continuarán sin encontrar las respuestas adecuadas, no porque sean incapaces de aprenderlas, sino porque no comprenden las preguntas. Preguntas que son contradictorias con las formas de enseñanza que se les ofrecen en la actualidad en los centros de enseñanza primaria o secundaria.


Extraído de
Re2006.pdf
Número extraordinario PISA
http://www.revistaeducacion.mec.es/
Aprender a los 15 años: factores que influyen en este proceso
Juana Mª Sancho Gil
Universidad de Barcelona
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