miércoles, 7 de enero de 2009

Patrones didácticos y pedagógicos para consolidar la Educación

Me parece interesante este artículo, ya que si bien fue escrito pensando en México, puede aplicarse perfectamente a Argentina, y supongo que en muchos otros contextos. Sólo me queda una pequeña observación cuando se refiere a “procesos de enseñanza aprendizaje”.

La educación en México durante mucho tiempo ha sido sólo una práctica rutinaria que se ejecuta en el aula escolar que en ocasiones representa pérdida de tiempo y objetivos, donde los protagonistas actúan en virtud de sus necesidades; el docente por completar una jornada de trabajo y el alumno por cumplir y lograr una calificación.

Las aulas escolares han dejado de ser el campo de cosecha de conocimientos, de aprendizajes significativos, de interacción, análisis, crítica, observación, trabajo en equipo, creatividad e innovación respecto a la estructuración y aplicación correcta del lenguaje, de la identificación mediante fórmulas matemáticas de medidas, formas, de construcción de la identidad individual enraizada en la ética y valores humanos, de manipulación e integración de los distintos componentes que edifican nuestro sistema ambiental, por convertirse en aulas que escenifican batallas actitudinales de alumnos que expresan apatía, distracción, irresponsabilidad, estrés, rebeldía, extrema pasividad, detonantes de barreras que impiden el preñamiento cognitivo de los distintos contenidos temáticos escolares que propicien crecimiento intelectual por una parte y por la otra, la actitud docente poco relevante expresa en disertación poco aterrizada, confusa, inadaptada, maltrato psicológico con calificativos que trauman al alumno, inconformidad laboral, en fin; pobre en la constitución del conocimiento.

Dichas manifestaciones aunque un poco aterradoras, son el resultado de escenarios que se han forjado a través de la historia de la educación donde el binomio alumno-maestro protagonistas del proceso enseñanza-aprendizaje, se encuentra en procesos distintos de formación.

Primero nos referiremos al alumno, quien en sus distintas fases de formación escolar va integrando su haber intelectual a partir de contextos estructurales en los que su actitud se ve controlada y orientada a objetivos quizá fuera de su propia necesidad, por ejemplo: en el proceso preescolar el niño se forma bajo esquemas de juegos, diversión, fantasía, imaginación, arte, exploración, experimentación, expresión, psico-motricidad y creatividad, sin embargo este progreso humano se frustra ante el arribo del nivel primario cuyo panorama se conforma de contrastes pedagógicos y didácticos, que desfiguran los objetivos de los planes de estudios, que aunque carecen de retroalimentación tornan la educación del alumno en disciplina, responsabilidad, autoritarismo —como sinónimo de militarización— e ignorancia de quienes ejecutan el proceso educativo. Me refiero a directivos, profesores, padres de familias, quienes dejan entrever el desconocimiento total de los planes y programas de estudios que edifican la educación, que en vez de concebir a la educación como un proceso integral, la convierten en un capricho educativo.

Esta acción del aparato conformador del alumno, sólo produce resentimiento, complejo de culpa, miedo, apatía, convierte el aula escolar en un lugar de no lugar; es decir están en cuerpo, pero no en mente, lo cual representa una pérdida de tiempo. Cuando se habla de educación integral debe entenderse a ésta como una estructura generadora de compromiso individual que permita, tanto a maestros como a alumnos, lograr objetivos y procesos de vida, de aprendizajes para resolver problemas que faciliten el acceso a cualquier escenario o contexto social. Dichos procesos deben implicar también a las autoridades y padres de familias para triangular la mejora educativa nacional y no convertirlo en lamentaciones generales donde se tire la piedra, pero se esconda la mano.

Con todo esto… ¿Queremos que los niños se interesen por la ciencia? No se puede edificar el hambre por la ciencia en el alumno cuando en nuestras escuelas, desde primer grado de primaria hasta el nivel universitario se le reprime del juego o de nuevas formas de aprender, ejemplo; el alumno en la época de los setentas y ochentas aprendía bajo el método mecánico de la memorización, resúmenes, cuestionarios, exposiciones, exámenes, periódico mural, proyección de acetatos y una que otra obra, lo cual dejó como legado en esas generaciones, la disciplina del cumplimiento para pasar la materia u obtener una calificación como acto de aprendizaje, aunque hay que reconocer que muchos estudiantes lograron comprender muy bien la temática y se les hacia fácil explicar, pero la mayoría recaía en la repetición memorística sin comprender. La desventaja para estas generaciones pudo haber sido la escasez en la diversidad de material bibliográfico, didáctico o tecnológico que les facilitara el arribo a los tópicos escolares.

Sin embargo hoy, las nuevas generaciones se enfrentan no a la escasez de materiales bibliográficos, sino al qué hacer con tanta diversidad y tecnología y no poder vincularla con el aprendizaje significativo. El alumno de ahora puede aprenderla mediante todo un bagaje de métodos que se ofertan en nuestros días, métodos y técnicas visuales, auditivas, táctiles, kinestésicas, digitales hasta virtuales, pero esto no está funcionando debido a que la innovación tecnológica implica conocer y dominar los facilitadores del aprendizaje y eso, sitúa al maestro y al alumno, en una situación embarazosa, para muestra un botón: el programa de computo y pizarrones digitales de las escuelas de educación básica que muchos maestros no saben utilizar, al igual que los equipos de cómputo.

El crecimiento escolar, que se utiliza comúnmente en las aulas, representa más un proceso disciplinar que integral, donde la mayoría de los profesores fomentan patrones como la asistencia, la cual es vigilada y controlada por el pase de lista, el examen como determinante del nivel de conocimiento, que no determina en su totalidad si el alumno aprendió o si el maestro enseñó, regaños con calificativos mal fundados por no hacer las tareas, exigencias de tópicos que desconoce, cuadro de honor para compararlo y subestimar a los demás.

En este análisis, es también menester abordar al protagonista áulico; el docente, quien tiene una participación preponderante en el proceso educativo y que además emplea herramientas o técnicas que quizá esté desfasando el mismo.

Para indagar esta labor partiremos de elementos sustanciales de la docencia como los son la pedagogía y la didáctica, para contrastarlas con algunas referencias o escenarios de la historia y del presente.

Existen múltiples definiciones de Pedagogía, dentro de las que destacan que dicho concepto viene del griego antiguo y quería decir literalmente —guía del niño— (precisamente de país, niño y agoghe, guía, orientación, conducción). En un principio esta guía no se entendía en un sentido intelectual o moral, sino más bien material, práctico. En efecto, el pedagogo (paidagogos), como sabemos, por lo general era el esclavo que acompañaba a los muchachitos a la escuela.

Esta costumbre pasó de Grecia a Roma y el término pedagogo adquirió cada vez más el significado general de maestro y/o preceptor, en sentido restringido y en sentido lato.

Consecuentemente pedagogía, equivalía al arte de enseñar, sea que se enseñe una disciplina, sea que se enseñe un comportamiento mental o práctico, o bien que se eduque la personalidad en su conjunto.

Posteriormente surgieron otros enfoques que conceptualizan a la pedagogía como un conjunto de productos teóricos cuyo referente es la educación y se caracteriza por la constante búsqueda de la racionalidad. No obstante, tampoco existe una definición de pedagogía que pueda considerarse definitiva, pues su estatuto epistemológico ha estado y sigue estando en debate.

Por otro lado la que pretende identificarla como un conjunto de constructos teóricos que si bien están apoyados en razones objetivamente suficientes no pueden considerarse cerrados y definitivos para efectos del quehacer educativo, deben generar alternativas que permitan la consolidación de criterios que mejoren el aprendizaje.

Sin embargo, el problema comienza en esta vertiente; cuando el aprendizaje, no se genera de una manera integral, bajo procesos naturales en los que el alumno vaya desarrollando y creando sus propias formas de trabajo a partir del estímulo docente, sino que, al contrario, éste se forme bajo las prácticas de experimentación docente.

El proceso enseñanza-aprendizaje recae en protagonismos docentes mal fundados, poco éticos, que en ocasiones no son más que la réplica de la enseñanza adquirida durante su formación y en muchos de los casos repetitivas o mejoradas pero en sentido negativo, haciendo creer esto al maestro, como un verdadero ejemplo a seguir por haber recibido tan buena educación, cuando en realidad es sólo el desquite de lo que recibieron.

Ahora, es de reconocerse, que muchos de los que imparten conocimientos en las trincheras escolares, están trasformando los procesos de formación, a partir de la experiencia vivida como estudiantes lo cual les ha permitido identificar problemáticas, mejorarlas y contribuir positivamente en el crecimiento de la aldea global.

Por lo que respecta a la función docente de ser guía del alumno, en nuestras escuelas no existe labor de acompañamiento que genere la confianza del alumno hacia el maestro para realizar preguntas o externar formas de pensar; es un paradigma difícil de aperturar.

La verdad, se le da vueltas y más vueltas y, al final, si analizamos con profundidad se tiene que reconocer que siempre se toca con las manos, que cuando se le enseña algo a alguien siguiendo uno u otro método y teniendo en la mira estos o aquellos fines, inevitablemente siempre se termina por cambiar en alguna medida su manera de pensar y de actuar, por tanto, de educarlo (poco o mucho, para bien o para mal, no importa), porque el proceso educativo no tiene en sí, ni medidas fijas ni propósitos morales o de otro tipo: la buena educación y la mala educación son entonces dos vertientes de la misma montaña.

El arte pedagógico es algo que debe poseer el docente o el educador, sea éste un padre o un adulto que tiene influencia sobre el joven, o sea un docente o instructor profesional. Este arte se puede mejorar mediante la experiencia en él. Por tanto, la pedagogía debe limitar su esfera de competencia en el ámbito de la instrucción. En suma a —hacer escuela—. Lo demás, la formación, que es fruto de diversas influencias ambientales desde el punto de vista científico es problema psicosociológico y desde el punto de vista de su realización es problema político.

Por su parte la didáctica, desde el campo docente, debe ubicar al alumno como centro del fenómeno educativo, haciendo que todo concurra a su servicio: maestros, textos, aulas y métodos. A estos preceptos se debe la creación de la escuela popular, en la que todos tienen acceso a la educación, hombres y mujeres, pobres y ricos, párvulos y adultos, superdotados y atípicos, por lo que no podría quedar exenta de abordar en este trabajo.

Juan Amós Comenios, padre de la Didáctica Magna, afirmaba que, en realidad, el método de enseñar fue hasta ahora tan indeterminado que cualquiera se atrevió a decir: Yo educaré a este jovencito en tantos y tantos años de este o de otro modo le instruiré, etc. Nos parece que este método debe ser: si el arte de esta plantación espiritual puede establecerse sobre fundamentos espirituales, puede establecerse sobre fundamentos tan firmes que se emplee de un modo seguro sin que pueda fallar.

También argüía que al seguir las huellas de la naturaleza hallaremos que fácilmente puede instruirse a la juventud y menciona diez fundamentos de ello, que son y deben ser fundamentales para la educación:

1) Se comienza temprano antes de la corrupción de la inteligencia.

2) Se actúa con la debida preparación de los espíritus.

3) Se procede de lo general a lo particular.

4) Y de lo más fácil a lo más difícil

5) Si no se carga con exceso a ninguno de los que han de aprender.

6) Y se procede despacio en todo.

7) Y no se obliga al entendimiento a nada que no le convenga por su edad o por razón del método.

8) Y se enseña todo por los sentidos actuales.

9) Y para el uso presente.

10) Y siempre por un solo y mismo método.

De esta manera todo se irá consiguiendo suave y gratamente. Comenios aporta enormes riquezas en este apartado que quizá muchos autores critiquen, pero que para la mayoría de los docentes en todos sus niveles, debería ser el credo que rija este quehacer desde el lado humano; aunque en la actualidad el buen trato no es tan funcional, debido a que pareciera que genéticamente el alumno heredara el masoquismo escolar de los años setentas y ochentas; es decir; que sólo trabaja bajo presión.

Por lo tanto es necesario retomar el camino de la educación desde fundamentos pedagógicos y didácticos equilibrados, que propicien y potencien el arte de enseñar desde la idea de que, a quien se está formado es al hombre desde su propia naturaleza y entorno, por lo que se debe respetar su esencia.

El deseo de aprender es la voluntad que no puede ser obligada. El deseo de aprender puede encenderse en los alumnos y ser fomentado por los padres, los preceptores, la escuela, las cosas mismas, el método y los gobernantes. En una palabra: si tratan a los discípulos con amor y los enseñan a ser responsables de sus propios actos, fácilmente robarán su corazón.

Autor ENRIQUE VIDAL VIDAL
Universidad Tecnológica de Tabasco y Universidad del Valle, México

Extraído de
http://www.rieoei.org/jano/2068Vidal.pdf

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